Reflexión de la semana mayor

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La alegría del resucitado solo puede ser para nosotros los cristianos el motivo por el cual vale la pena vivir...

 

 

Por: fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.

Pero esta alegría vivida desde la fe parece estar empañada y no tener sentido hoy para muchos, ya que se entiende que celebramos la resurrección de Jesús como, un consuelo de tontos, es decir como quien celebra la memoria de un muerto diciendo “por siempre vivirá en nuestros corazones cada vez que lo recordemos”. Y para otros esta celebración es un alivio de conciencia de quien quiere creer que Dios esta vivo sin pensar tanto, pero se niega a dar razones de ello porque hay otras cosas más importantes que hacer y en que pensar.

Pues bien, solo quiero recordar tres argumentos fuertes que nos dan testimonio fuerte de la resurrección de Jesús como un acontecimiento real:

  • Lo anunciaron los ángeles: Dios comunica el hecho real a los hombres que vivieron en la época de Jesús como algo cierto. Y ellos invitan a mirar como el sepulcro donde fue puesto esta vacío, es decir no solo tiene que anunciar la Buena Nueva sino convencer a los hombres que sí es verdad (Mt 28,6).
  • El sepulcro vacío: La custodia del sepulcro estaba dada por las autoridades romanas por petición de los judíos (Mt 27,62-66), y de ello es claro el pacto que hay entre judíos y el gobierno romano (Mt 28,11-15). Por tanto no es posible entender el traslado del cuerpo a otro lugar, o un posible robo del cadáver. Y si no fuera así ¿cómo se resucita un muerto sin su cuerpo?
  • Las apariciones de Jesús: Los Apóstoles no estaban esperando su resurrección, y este acontecimiento les tomó desprevenidos; muchos no creen que sea verdad (Mc 16,11-12). Jesús les quita cualquier duda sobre su corporeidad (Lc 24,39-40; Jn 20,20). Tomás mete sus dedos en las llagas de Jesús (Jn 20,24-29). Come con ellos (Lc 24,41-42; Jn 21,11-13; Hch 10,41). Les da instrucciones para su futuro (Mt 28,18-20; Mc 16,15-18; Jn 21,17-19). Delante de los apóstoles realizó la pesca milagrosa (Jn 21,6-11). Les recuerda que así estaba (Lc 24,25-29.44-45). Se apareció a más de quinientas personas (1 Co 15,5-6). Por tanto no se trata de una alucinación colectiva.

La resurrección de Cristo no solo corresponde a la historicidad de haber revivido un cadáver, sino que se descubre la grandeza del mismo hombre que fue crucificado y que todo lo que se había dicho de él es verdad.

Por: fr. Edward Augusto Vélez Aponte, O.P.
Fuente del artículo: frayedward.com