Extraer restos y enterrar vida - 4

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La Doctrina Social de la Iglesia ha contemplado este tipo de situaciones, las cuales a su vez no sólo lastiman este conglomerado humano, sino que están presentes en muchos puntos del país y del planeta; acentuando con fuerza los principios y valores que resultan al ser leídos bajo el trasluz del Evangelio, los cuales paradójicamente son los que se ocultan al extraer recursos energéticos. Conviene pues presentar un punto de vista diferente, los discernidos por la Iglesia, frente a la problemática aquí planteada, de modo que puedan hallarse argumentos humanos y creyentes en defensa de la dignidad humana y de la naturaleza.

Entre los numerales 132–135, en el apartado titulado “La persona humana y sus derechos” la Doctrina Social de la Iglesia defiende el respeto de la Dignidad Humana con estas palabras expresas:

Frente a la alteración de los principios fundamentales, como el de la persona por intereses económicos, se afirma “el orden social y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario” y continúa del siguiente modo con más pautas: “considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente” (DSI 132).

Continua sus afirmaciones con vehemencia, como detallando la realidad señalada y brindando argumentos de defensa a los afectados: “La persona no puede estar finalizada a proyectos de carácter económico, social o político, impuestos por autoridad alguna, ni siquiera en nombre del presunto progreso de la comunidad civil en su conjunto o de otras personas, en el presente o en el futuro” (DSI 133.2), además se responde a la pregunta sobre su autoridad para abordar este tema de este modo: tal afirmación “se funda sobre la visión del hombre como persona, es decir, como sujeto activo y responsable del propio proceso de crecimiento, junto con la comunidad de la que forma parte” (DSI 133.2). 

En defensa de medio ambiente el pensamiento social de la Iglesia se expresa de modo explícito:

“El aspecto de conquista y de explotación de los recursos ha llegado a predominar y a extenderse, y amenaza hoy la misma capacidad de acogida del medio ambiente: el ambiente como “recurso” pone en peligro el ambiente como “casa”. A causa de los poderosos medios de transformación que brinda la civilización tecnológica, a veces parece que el equilibrio hombre—ambiente ha alcanzado un punto crítico” (DSI 461.2)

A este tema, el de la crisis en la relación entre el hombre y el medio ambiente, la reflexión social le ha dedicado una notable amplitud a la que sería menester acercarse, entre los temas allí abordados se encuentran el del ambiente como un bien colectivo (DSI 466 - 471), el uso de las biotecnologías (472 -480), el medio ambiente y la distribución de los bienes (481 - 485), nuevos estilos de vida (486 -487).

Frente a la creciente laxitud de los organismos internacionales, nacionales y regionales en su compromiso con el medio ambiente conviene presentar la invitación que la iglesia les presenta a nivel jurídico: 

“Corresponde a cada Estado, en el ámbito del propio territorio, la función de prevenir el deterioro de la atmósfera y de la biosfera, controlando atentamente, entre otras cosas, los efectos de los nuevos descubrimientos tecnológicos o científicos, y ofreciendo a los propios ciudadanos la garantía de no verse expuestos a agentes contaminantes o a residuos tóxicos” (DSI 468). 

Desde un contexto más cercano, y como aplicando los postulados de la Doctrina Social de la Iglesia, el Episcopado Latinoamericano en la Conferencia de Aparecida presenta una reflexión, propuestas y orientaciones frente al cuidado del medio ambiente, que caen muy bien como pautas de acción frente a las vejaciones en el llano y en el piedemonte. (Dicho apartado se encuentra entre los numerales 470 – 475 de Aparecida).