Extraer restos y enterrar vida

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Cada individuo se percibe parte del sistema. Esa parece ser una entrada bien escogida, sin embargo, ¿ese es el mejor modo de comenzar un ensayo teológico?

Por: fr. Fabián Elicio RICO VIRGÜEZ, O.P.

A modo de introducción: el sentir de las víctimas

El teólogo1 comienza afirmando: En el momento indicado cada individuo se percibe parte del sistema. Esa parece ser una entrada bien escogida, sin embargo no deja de surgir el interrogante ¿ese es el mejor modo de comenzar un ensayo de carácter teológico? o mejor, y hasta más directo, ¿una tesis como esa puede ser sostenida por un teólogo?. Podría salir de un sociólogo, un antropólogo o hasta un economista pero ¿de un teólogo?, y con más razón se asombrará el lector al saber que el tema del cual se tratará este ensayo está provocado por unos desmanes a los que están siendo sometidos la naturaleza y un grupo humano en particular.

Esos interrogantes, afanosamente entrometidos por cierto, serán respondidos en la medida en que las palabras se vayan uniendo a la Palabra, o se vayan dibujando a partir de ella, y mientras eso ocurre conviene seguir el ritmo del ensayo.

La tesis puesta al comienzo está escrita en un tono neutro, anodino, a nadie afecta, a nadie cualifica, sus efectos son pacíficos, parece una linterna dirigida al cielo, en medio de una claridad meridiana, iluminando a la nada; sin embargo ella cambia definitivamente al vestirla del ropaje con que están cubiertos los protagonistas de la reflexión: en el momento indicado, la mayoría de las veces doloroso e injusto, cada individuo, personal o colectivo, víctima o victimario, se percibe parte activa, pasiva, estratégica o muda, del sistema que mueve a la sociedad, a la política o a las tendencias capitalistas, socialistas, democráticas, entre otras.

El tema en cuestión va apareciendo, y con él los personajes, la postura y las intenciones; pero, a modo de prólogo joánico - ¡falta más carne! – interesa pues dirigir la mirada hacia un contexto en particular, en donde cada palabra arriba descrita toma su forma. El fenómeno es amplio y más cuando son numerosos los factores que se hacen presentes, especialmente el del dinero, la supereminencia económica y su imposición sobre los valores y realidades humanas fundamentales. 

Piedemonte Llanero: Descripción de su belleza (ambicionada) y la resistencia de sus pueblos.

En medio de la diversidad geográfica que enriquece al país se encuentra una extensa sabana, que de Oriente a Occidente va desde el río Orinoco hasta la Cordillera Oriental y de Sur a Norte desde el río Guaviare hasta el río Arauca, conocida como los Llanos Orientales.2 En esta amplia región se encuentran tres tipos de paisajes: el piedemonte llanero, la llanura de inundación y la altillanura plana y ondulada (Veira, 2005). 

Según lo expuesto por Viera (2005), la región llanera de Piedemonte hace referencia “al terreno ubicado en la base de la vertiente oriental de la Cordillera Oriental (…), es una estrecha franja que tiene un clima típicamente llanero”, rica en biodiversidad, en plantas, aves, insectos y mamíferos, regado por numerosos ríos que descienden a gran velocidad irrigando la llanura naciente, que a su vez, generan gran variedad de hábitats y condiciones favorables de vida.

En ese contexto geográfico de Piedemonte se encuentran los municipios más grandes de la región, esos centros urbanos son conocidos en los entornos culturales como ciudades y pueblos llaneros urbanos de piedemonte, entre ellos, los de mayor extensión, se encuentran Villavicencio y Acacías en el Meta, y Yopal y Aguazul en el Casanare, junto a otro número mayor de pueblos, que se empotran en la misma franja, en los cuales “habita un conglomerado de gentes (…) homogéneo, en cuanto a la visión cultural, poseedores de una misma identidad cultural, (…), en suma, en estas poblaciones la cultura llanera se convierte en su común denominador” (Rivera, 2010, p. 19).

Aunque geográficamente la afirmación “llanero de piedemonte” sea contradictoria con el de “sabana llanera”, y las razones sean fehacientes, por ejemplo: la diferencia de clima, fauna y flora, y donde sus habitantes tienden a ser diferentes según sea su vinculación con los movimientos migratorios; pueden, a pesar de eso, llamárseles “llaneros”, pues “la afirmación se vincula más directamente con la manifestación cultural que con la procedencia u origen de sus habitantes” (Rivera, p. 19).

Notas de pie de página.
[1] Se refiere a la profesión del escritor del ensayo y a la naturaleza del escrito.

[2] Los datos de esta sección son extraídos de la Colección Ecológica del Banco de Occidente, en esta ocasión la que está dedicada a La Orinoquía de Colombia.

Propóngase una imagen con el fin de comprender la ubicación y relación ecosistémica y cultural que hay entre los pueblos del piedemonte llanero, es como si se extendiera una cadena, con eslabones grandes y pequeños, por todo el borde de la Cordillera, lindando con el llano, y cada eslabón estuviera decorado por finas líneas azules, todas ellas entrecruzadas, es decir sus ríos, quebradas y riachuelos, los que regulan el fluir de la  vida por estos pueblos, alimentando al final, el cauce del gran Orinoco.

Durante estos últimos años esa región ha recobrado importancia y las razones son múltiples, podrían destacarse varios factores, entre ellos el económico, el del orden social, el minero-energético y el asunto de las tierras baldías; todos esos fenómenos se hayan unidos a través de hilos visibles e invisibles. En los medios de información se ha dejado ver a los espectadores nacionales e internacionales como una región hostil, y desafortunadamente los argumentos históricos dan fe de ello, pero a medida que ha descendido el conflicto armado los ojos de instituciones estatales, privadas e internacionales han puesto a esta región entre la lista de sus proyectos, y hay que decir de entrada, que muchos de esos proyectos desangran la savia de la región y sus gentes.

Una de esas situaciones que ha llamado la atención de la sociedad colombiana y que ha despertado la sensibilidad de los llaneros es la presencia de la empresa estatal Ecopetrol en la región del Piedemonte Llanero, y las razones son justas, basta con hacer un seguimiento a las notas de prensa nacionales y regionales.

En el diario el Espectador han dedicado un par de páginas en más de una ocasión sobre esta situación; el reportaje del 30 de junio del año en curso reúne las preocupaciones de esta extensa región, y dedica un apartado a lo sucedido en el piedemonte llanero, recogiendo varios titulares de anteriores publicaciones: “Por petróleo Acacías teme quedar sin agua”, “En Cumaral protestaron para proteger humedal”, “Cuarta marcha por explotación petrolera”, “Denuncian contaminación de aguas”. Estos son algunos titulares que han aparecido últimamente en la prensa de la región (Herrera, 2013).

Dos meses después la misma reportera recorrió algunos municipios de esta región llanera donde la explotación petrolera estaría dejando graves impactos ambientales y sociales, en esta ocasión el panorama fue aún más desalentador, sumándole a eso que los afectados directos son los campesinos.¿Con qué se encontraron?: el agua de los ríos se está contaminando, lo mismo ocurre con el agua de los pozos naturales, tanto es que ahora los finqueros deben recibir el agua para su consumo transportada en carrotanques. ¿Cuáles son las razones?: derrames de crudo,  desagües de agua contaminada, caliente y con olores insoportables, rara aparición de algas en los ríos u otros organismos, los peces y el ganado están muriendo, se están afectando los riegos de los cultivos, los olores a nafta y gas quemado a cielo abierto están enfermando a la población, las explosiones exploratorias con sismigel, las evaporaciones químicas y los ruidos de las perforaciones están alterando la solidez de los suelos, la salud de las personas y se están afectando los entornos turísticos y culturales.

Los afectados, las víctimas, los campesinos, los llaneros de piedemonte han dicho: “Agua sí, Petróleo no”, han buscado diferentes medios para hacerlo; desafortunadamente, como los mismos campesinos afirman, esas decisiones las toman las autoridades estatales en un escritorio desde Bogotá, desconociendo sus problemáticas; tal parece que las autoridades regionales han hecho un buen papel en defensa de la región, pero no son escuchadas por las otras autoridades, mientras que la respuesta de la entidad petrolera, en este caso Ecopetrol, se mueve entre lo que permite la ley, y en muchas ocasiones la ley les permite más de lo normal.3 Este es su modus operandi "¿Qué dice Ecopetrol frente a esta problemática ambiental y social?  Para ellos, el asunto no pasa de ser una simple controversia que se puede arreglar con los “políticos regionales”, no le han prestado la mayor importancia” (Rivera, 2013); es decir, “no hay una iniciativa de invertir en políticas medioambientales si no hay un pronunciamiento por parte de la autoridad ambiental. Las empresas que extraen recursos naturales responden al “garrote”" (Garcés, 2013).

Notas de pie de página.
[3] Para ampliar la información al respecto de esta realidad es recomendable visitar las siguientes páginas donde se encontrarán reportajes y documentales 
al respecto: “Comunidades del Meta se oponen a proyecto petrolero en el río Humadea” recuperado de: colectivodeabogados.org; La Agencia Prensa Rural ha
publicado un documental dedicado a esta problemática titulado “Comunidades de Humadea, Castilla La Nueva, Guamal (Meta) se oponen a proyecto petrolero”,
recuperado de: prensarural.org; Ecopetrol, con licencia para explorar municipios en el Meta, recuperado de: eltiempo.com; “La amenaza de Ecopetrol a
municipios del Meta” recuperado de: dinero.com.


Las ciencias a dos bandos: entre la reflexión regional y la estatal urbana.

Hay varias posturas a tomar frente a esa realidad, dependerá mucho del lugar desde donde se vea la cuestión, a sabiendas que lo ideal sería optar por lo justo conviene presentar las otras posibles visiones, las de los polos opuestos, es decir la de “los llaneros” y la de “los empresarios”, cada uno de ellos busca sus argumentos para defenderse. Aunque valga decir que la balanza no guarda equilibrio. Los argumentos de los habitantes de la región tienen su cimiento en su experiencia, en su historia, en su unión con la tierra en la que han crecido y a la cual ven lastimada, no tienen argumentos científicos para corroborar sus afirmaciones, son sus lecturas de los cambios en las aguas, en los pastos, en los animales y en sus cuerpos los que robustecen sus presupuestos, el campo les ha afinado sus sentidos. 

En el otro polo, el de los empresarios petroleros, los argumentos buscan ser bien fundados, ellos están sostenidos en sólidos asesores profesionales, entre los que es posible encontrar prestigiosas firmas de abogados, grandes empresarios, directivos de instituciones ambientales y estatales, colectivos políticos, es decir, el personal que sea necesario, en principio para persuadir los habitantes de las regiones en no ofrecer resistencia, después de eso, las situaciones irán marcando el devenir de sus acciones y de lo que requieran.

La respuesta de los empresarios a los campesinos es: ¡Esos miedos que ustedes tienen son imaginarios colectivos!.

En búsqueda de una conversión creyente: Del pesimismo de la realidad al entusiasmo por el hombre y el medio ambiente nacido del Evangelio.

La afirmación inicial del ensayo estaba escrita en estos términos “En el momento indicado cada individuo se percibe parte del sistema”, la cual fue ampliada luego con el fin de mostrar en qué términos se entendía esa tesis, luego de modo somero, se hizo una presentación de la región del Piedemonte Llanero y la situación a la que se están viendo abocados con la presencia de entes estatales interesados en la explotación de los recursos energéticos, no renovables, obviando las consecuencias negativas ambientales y sociales a las que podrían verse expuestos, y si las contemplan están incluidas como efectos colaterales.4 Esa tesis inicial no quiere decir otra cosa, tomando la voz de los afectados, sino que "nosotros los campesinos, habitantes de provincia, por más que luchemos y manifestemos nuestros derechos, el sistema, con sus leyes e intereses, terminará imponiéndose”; de modo que al final aparece el verdadero significado de esa tesis, con la que inició el teólogo, tremendamente pesimista, pero en realidad es lo que perciben los habitantes de la región.

Ahora, si a pesar de eso la sociedad civil, urbana y rural, en su mayoría, ha manifestado su negativa frente a esa intromisión, la pregunta subsecuente es¿cuál sería una posible reflexión creyente frente a esta problemática? ¿cuál es el aporte de la Iglesia y de la teología?. Las dos ideas que se imponen, son más o menos estas: unos hacen una valoración de la tierra, olvidando lo que hay bajo ella, y los otros, los externos, se fijan en lo que hay oculto en ella, olvidando la vida que se desenvuelve sobre ella.

Hay una figura bíblica que puede iluminar la distinción inmediatamente anterior, son las parábolas del tesoro y de la perla, la del tesoro está expuesta así:

“El reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo, y por la alegría que le da, va vende todo lo que tiene y compra el campo aquel” (Mateo 13, 44).

Haciendo una lectura de ese texto desde la pregunta que nos ocupa, la cuestión radica en dónde se ubica el valor supremo, si en la dignidad de la persona y de la naturaleza, o si más bien ella está circunscrita en el dinero y la riqueza, pues según donde se ubique habrá algo que deba venderse a fin de adquirir “el tesoro” y, según se deja ver la realidad, ya cada una de las partes ubicó su valor supremo. ¿No es esto una actualización contemporánea del robo de la viña de Nabot y su asesinato?. 

Notas de pie de página.
[4] Para comprender la idea de “efectos colaterales” es bastante iluminador leer el artículo de opinión escrito por Fernando Suazo el 29 de Septiembre de 
2009. Recuperado de rebelion.org


La Doctrina Social de la Iglesia ha contemplado este tipo de situaciones, las cuales a su vez no sólo lastiman este conglomerado humano, sino que están presentes en muchos puntos del país y del planeta; acentuando con fuerza los principios y valores que resultan al ser leídos bajo el trasluz del Evangelio, los cuales paradójicamente son los que se ocultan al extraer recursos energéticos. Conviene pues presentar un punto de vista diferente, los discernidos por la Iglesia, frente a la problemática aquí planteada, de modo que puedan hallarse argumentos humanos y creyentes en defensa de la dignidad humana y de la naturaleza.

Entre los numerales 132–135, en el apartado titulado “La persona humana y sus derechos” la Doctrina Social de la Iglesia defiende el respeto de la Dignidad Humana con estas palabras expresas:

Frente a la alteración de los principios fundamentales, como el de la persona por intereses económicos, se afirma “el orden social y su progresivo desarrollo deben en todo momento subordinarse al bien de la persona, ya que el orden real debe someterse al orden personal, y no al contrario” y continúa del siguiente modo con más pautas: “considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida y de los medios necesarios para vivirla dignamente” (DSI 132).

Continua sus afirmaciones con vehemencia, como detallando la realidad señalada y brindando argumentos de defensa a los afectados: “La persona no puede estar finalizada a proyectos de carácter económico, social o político, impuestos por autoridad alguna, ni siquiera en nombre del presunto progreso de la comunidad civil en su conjunto o de otras personas, en el presente o en el futuro” (DSI 133.2), además se responde a la pregunta sobre su autoridad para abordar este tema de este modo: tal afirmación “se funda sobre la visión del hombre como persona, es decir, como sujeto activo y responsable del propio proceso de crecimiento, junto con la comunidad de la que forma parte” (DSI 133.2). 

En defensa de medio ambiente el pensamiento social de la Iglesia se expresa de modo explícito:

“El aspecto de conquista y de explotación de los recursos ha llegado a predominar y a extenderse, y amenaza hoy la misma capacidad de acogida del medio ambiente: el ambiente como “recurso” pone en peligro el ambiente como “casa”. A causa de los poderosos medios de transformación que brinda la civilización tecnológica, a veces parece que el equilibrio hombre—ambiente ha alcanzado un punto crítico” (DSI 461.2)

A este tema, el de la crisis en la relación entre el hombre y el medio ambiente, la reflexión social le ha dedicado una notable amplitud a la que sería menester acercarse, entre los temas allí abordados se encuentran el del ambiente como un bien colectivo (DSI 466 - 471), el uso de las biotecnologías (472 -480), el medio ambiente y la distribución de los bienes (481 - 485), nuevos estilos de vida (486 -487).

Frente a la creciente laxitud de los organismos internacionales, nacionales y regionales en su compromiso con el medio ambiente conviene presentar la invitación que la iglesia les presenta a nivel jurídico: 

“Corresponde a cada Estado, en el ámbito del propio territorio, la función de prevenir el deterioro de la atmósfera y de la biosfera, controlando atentamente, entre otras cosas, los efectos de los nuevos descubrimientos tecnológicos o científicos, y ofreciendo a los propios ciudadanos la garantía de no verse expuestos a agentes contaminantes o a residuos tóxicos” (DSI 468). 

Desde un contexto más cercano, y como aplicando los postulados de la Doctrina Social de la Iglesia, el Episcopado Latinoamericano en la Conferencia de Aparecida presenta una reflexión, propuestas y orientaciones frente al cuidado del medio ambiente, que caen muy bien como pautas de acción frente a las vejaciones en el llano y en el piedemonte. (Dicho apartado se encuentra entre los numerales 470 – 475 de Aparecida).


En ella es presentada “la naturaleza como una herencia gratuita que recibimos para proteger, como espacio precioso de la convivencia humana y como responsabilidad cuidadosa del hombre para bien de todos” sin embargo la naturaleza “se manifiesta muchas veces frágil e indefensa ante los poderes económicos y tecnológicos” de modo que la insistencia consiste en no anteponer “los intereses de grupos económicos  que arrasan irracionalmente las fuentes de vida, en perjuicio de naciones enteras y de la misma humanidad” (Aparecida 471).

Continúa en los numerales siguientes, ampliando su postura sobre el tema de la explotación: 

“la explotación irracional deja una estela de dilapidación y muerte (…) tiene una enorme responsabilidad el actual modelo económico que privilegia (…) el afán por la riqueza por encima de la vida de las personas y los pueblos y del respecto racional de la naturaleza (…) hay que alertar respecto a la industrias extractivas de recursos que producen la eliminación del bosques, la contaminación del agua y convierten las zonas explotadas en inmensos desiertos” (Aparecida 473).

La propuesta del episcopado latinoamericano al poner su acento sobre este tema se sintetiza en las siguientes orientaciones: Evangelizar en el descubrimiento de la creación como don, casa y matriz del planeta e insistir en el cuidado, responsabilidad y estilos de vida nuevos, lo mismo que apoyar pastoralmente los esfuerzos de quienes están desprotegidos en la defensa del medio ambiente y que aun así hacen frente a esas situaciones, y apoyar a los campesinos en su organización para el reclamo de sus justos derechos, lo mismo que promover el desarrollo de modelos alternativos, solidarios, integrales y éticos (Aparecida 474). 

Sin menoscabo de lo anterior: Reflexiones finales 

El teólogo, como ser humano y creyente, está llamado a padecer la realidad del pueblo tal como  la vive y la experimenta y a buscar desde ella los interrogantes y respuestas por el querer de Dios y el actuar del creyente, de modo que llegue a evitar reflexiones desencarnadas e impropias y faltas de solidaridad, de ahí que se justifique el comienzo del ensayo que presenta de modo general la impotencia y desesperanza de los lugareños, campesinos y llaneros que se están viendo despojados de sus derechos, de su tierra y de identidad cultural al mismo tiempo que comprueban cómo se resquebraja el medio ambiente.

Sin esa tesis inicial que no es sino la conclusión de la realidad general en su sentir y dolor, que se va concretando en el sufrimiento del “llanero de piedemonte”, es vano intentar realizar un aporte creyente, teológico; el cual no es estático, ni anestesiado; este intento por iluminar la realidad desde el Evangelio y su apuesta social es el llamado a encontrarle el quiebre a la desesperanza, a descubrir al crucificado entre su lucha y a aspirar con él, hacia un movimiento de resurrección, de resistencia que muestre las falsas ubicaciones del reino, que promueva la defensa de la vida, el ascenso de la dignidad humana y el privilegio del medio ambiente como lugar revelatorio en donde nace, circula y se sostiene el vivir. 

REFERENCIAS

  • CELAM (2007) Aparecida.V Conferencia general del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Bogotá: Centro de Publicaciones Celam.
  • Garcés, A. (2013, 10 de Julio) El “milagro” de Ecopetrol. (OJA, Observatorio de Justicia Ciudadana) Recuperado de: ojaambiental.org.
  • Herrera, N. (2013, 30 de Junio) Orinoquia, entre sueños y pesadillas. El Espectador. Recuperado de: espectador.com.
  • Herrera, N. (2013, 17 de Agosto) Trazas de crudo y sueños de Agua. El Espectador. Recuperado de: espectador.com.
  • Pontificio Consejo de Justicia y Paz. (2005) Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Roma: Librería Editrice Vaticana. Recuperado de: vaticam.va.
  • Rivera Arenas, C. A. (2010) Cultura musical llanera urbana, un imaginario que se construye en las ciudades del piedemonte. (Pensamiento), (Palabra) y Obra, Vol 4. (No 4). 11- 23.
  • Rivera, G (2013, 18 de Septiembre). Ay Ecopetrol. (Conciencia Ambiental). Recuperado de: elpais.com.
  • Veira, S. (Ed). (2005) La Orinoquía de Colombia. Cali:Banco de Occidente. Recuperado de: imeditores.com.