UN DOMINICO COLOMBIANO EN GRECIA

"Como único fraile predicador en la cuna de la civilización Occidental, crisol del pensamiento filosófico y ámbito en donde la fe cristiana entró en diálogo con el pensamiento y la cultura en la que muchos de nosotros nos movemos..."

La provincia griega fue creada en el Capítulo de Paris de 1228 presidido por el primer sucesor de Santo Domingo, el beato Jordán de Sajonia, convencido de la necesidad  de extender la Orden hacia el Oriente cercano. Él mismo perecerá en el intento cuando al regreso de tierra santa naufraga el barco que lo traía frente a las costas de la actual Líbano.

Los frailes fundaron conventos en distintos lugares del imperio bizantino, fomentando el diálogo teológico con el cristianismo ortodoxo o apoyando la presencia cristiana en medio del Islam después de la caída de Constantinopla y la avasalladora ocupación musulmana de las antiguas provincias cristianas, muchas de ellas citadas en el Nuevo Testamento, evangelizadas por los apóstoles, recorridas por san Pablo en sus viajes, cuna del monaquismo y ámbito pastoral de la mayoría de los Santos Padres de la Iglesia.

En 1594 un obispo de la Orden crea el monasterio de Santa Catalina en Thira, bautizada Santorini por los navegantes venecianos, quienes establecieron en la que fuera escenario de la apocalíptica erupción volcánica del siglo XVI A.C. origen según los historiadores- de la leyenda de la Atlántida- una próspera colonia comercial y a la vez enclave militar, a mitad de camino entre Italia y los puertos del Mediterráneo oriental.

Las monjas han estado allí desde entonces a pesar de las dificultades de encontrarse en un mundo hostil al catolicismo romano y de que los dominicos fuimos abandonando paulatinamente nuestros espacios en Grecia, en Turquía, en Siria, en Palestina y en Egipto (actualmente solo hacemos presencia con la escuela bíblica de Jerusalén, la casa de estudios islámicos en El Cairo, una parroquia en Estambul y un arzobispo italiano recientemente nombrado para la exigua comunidad católica de Esmirna).

La casa de Atenas si bien no ha sido cerrada canónicamente, no es habitada por los dominicos desde hace diez años y ¡no hay señales de que se quiera reabrir! en cambio las monjas de la unión fraterna Madre de Dios, cuya matriz está en Valladolid y cuenta con una decena de monasterios situados todos en zonas de frontera misional no solo asumieron el reto del testimonio contemplativo en tierras helénicas, sino que se han ganado el aprecio y el respeto de los escasos 200 mil católicos (menos del 2% de la población del país) y de la mayoría de la Iglesia autocéfala ortodoxa griega, dependiente del patriarcado de Constantinopla.

Como único fraile predicador en la cuna de la civilización Occidental, crisol del pensamiento filosófico y ámbito en donde la fe cristiana entró en diálogo con el pensamiento y la cultura en la que muchos de nosotros nos movemos, estos dos años han sido no solo un reencuentro con el ideal de Nuestro Padre que quiso depositar en las monjas la responsabilidad de alimentar y sostener la predicación de sus hijos, sino que también me han permitido vivir de cerca el ecumenismo práctico con las comunidades de Oriente, algo así como lo que vivió el padre Congar cuando exiliado en Inglaterra aprendió a vivir y a saborear la espiritualidad, la liturgia y la doctrina anglicanas.

 

 

Pero si el cielo y el mar intensamente azules en contraste con las casitas blancas recostadas sobre sus laderas costeras ofrecen escenarios catalogados entre los más hermosos del mundo; y si cada recodo del mundo helénico trae a la mente el nombre de un pensador inmortal, de una batalla memorable o de un Concilio fundante para el cristianismo, la realidad social, financiera y política de la nación es de un colapso moral y económico inatajables.

En efecto, la deuda externa alcanza el doble de PIB de este año, el recetario del FMI y sus tres operaciones de “salvamento” han resultado desastrosos y humillantes para el gobierno y el pueblo griego y sus socios de la comunidad europea no parecen estar dispuestos a seguir desembolsado recursos para aliviar una crisis que lleva siete años y que ha producido hambre, desempleo, reducido la calidad de la salud y la educación y empujado a un cuarto de la población al umbral de la pobreza extrema. Salir de la zona euro parece la única salida, pero es una medida que nadie quiere afrontar por las consecuencias que acarrearía para el resto del viejo Continente, traumatizado todavía por el brexit.  Pero hay más, Grecia es el único país de Europa que está lidiando con miles de refugiados que siguen llegando a sus costas huyendo del horror de la guerra en Siria, de las matanzas de Isis y del hambre endémica en África.

Estas son razones más que suficientes para invitar a la familia dominicana que no termina de celebrar su octavo centenario a poner sus ojos en esta tierra entrañable, a orar por ella y porque no, a pensar que como el ave Fénix de la mitología helenística, podamos renacer de un pasado que si en el ayer fue glorioso, en el presente es más retador y fascinante.

fr. Carlos Mario ALZATE MONTES, O.P.

Santorini, abril de 2017