Preguntas Frecuentes

 

Según el CIC en el can 588 § 1. Dice que “El estado de vida consagrada, por su naturaleza, no es ni clerical ni laical” La vida religiosa como tal es un estado de vida en la Iglesia que busca seguir más de cerca de Cristo mediante la profesión y la vivencia de los consejos evangélicos: se entregan de una manera peculiar al Señor, Siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente. La vida religiosa no hace parte de la jerarquía de la Iglesia. Aunque algunos reciben el sacramento del orden siguen siendo religiosos, nunca dejan de serlo. Una de las características esenciales y común a todas las órdenes religiosas en la Iglesia es la vida común, todo es común a todos. Ciertamente en un seminario diocesano se experimenta algo parecido pero lo que sucede es que allí este estilo de vida es solo mientras son seminaristas, en cambio en la vida religiosa la vida común será hasta la muerte. El Religioso por el hecho de vivir en comunidad está llamado a buscar la perfección mediante el ejercicio de la caridad principalmente con sus propios hermanos.

Dentro de este contexto los votos son los compromisos o ideales de vida por los que un religioso opta, de manera libre y voluntaria, y profesándolos o expresándolos públicamente consagra toda su existencia de manera exclusiva a Dios en determinada familia religiosa de la Iglesia católica. Estos compromisos o ideales son tres: Pobreza, Castidad y Obediencia; los cuáles tiene su fundamento en la misma vida de Cristo, quien fue pobre, casto y obediente hasta la muerte. Los votos también se conocen como los consejos evangélicos los cuales tiene el objetivo de facilitar a quienes se sienten llamados a vivirlos una mayor configuración con el Señor. Los votos por tanto constituyen la esencia del estado religioso en cuanto que posibilitan la vida en común.

Lo que diferencia a una comunidad de otra no es solamente el hábito y el fundador sino el carisma. Un carisma es un don o regalo de Dios dado a los hombres mediante el Espíritu Santo para que de una manera específica y particular puedan relacionarse con Dios y con sus semejantes y así puedan obtener salvación. Un carisma también responde a una necesidad específica en la Iglesia por ello Dios suscita en ella hombre y mujeres que den respuesta a dichas necesidades fundando comunidades que encarnen dicha inspiración divina. Según Santo Tomás un carisma se ordena a que el hombre coopere con otros para que éste se encamine hacia Dios.

El carisma de la Orden es la predicación para la salvación de las almas.

La Orden de Predicadores fue fundada por Santo Domingo específicamente desde el principio para la Predicación y la salvación de las almas. Aunque hoy muchos prediquen en la Iglesia no hay sino una Orden que sea oficialmente llamada “Orden de Predicadores” y es la nuestra.

El Fin de la orden es entonces la predicación para la salvación de las almas. Pero para conseguir este fin existen unos medios a los que se les ha denominado los pilares de la Orden, los cuales son: Vida en Común, Oración, Estudio y Predicación. Estos cuatro pilares son a la vez la fuente de la contemplación del Dominico. Aunque éstos solo son medios y no fines, dice santo Tomás que solo en la perfecta vivencia de los medios se podrá garantizar la consecución del fin.

La predicación de un dominico tiene una características propias:1) es doctrinal; 2) contextual; 3) mediadora entre las posiciones extremas que siempre han amenazado la fe y por último dicha predicación es fruto de la contemplación de la verdad y no de meras técnicas de oratoria.

Fue Domingo de Guzmán quien ante el olvido del ministerio de la predicación en la edad media por parte de los obispos, siendo ellos los únicos que podían predicar, y que su vez no lo hacían por estar dedicados a la administración de bienes temporales, lo que generó consecuencias nefastas en el pueblo cristiano, el cual sucumbía ante las herejías, frente esta realidad Domingo inspirado por el Espíritu Santo e interpretando los signos de los tiempos se propone fundar una orden que se llame y que sea de Predicadores; que restaure la predicación apostólica, es así que por esa iniciativa de aquel varón apostólico las ordenes posteriores seguirán su ejemplo, dando origen en la Iglesia un nuevo modo de vida religiosa, la apostólica ya que la única manera de vida consagrada posible en la Iglesia hasta ese entonces era la monástica. Es por ello que hemos merecido el tan grande honor de llevar en exclusiva este nombre de Predicadores. Si hoy la predicación se ha hecho tan popular en la Iglesia, hasta el punto de que es inconcebible una comunidad religiosa que no tenga dentro de su carisma el ministerio de la predicación, es gracias a aquel predicador de la verdad que se atrevió en ese contexto de la edad media a devolverle a la Iglesia algo que había perdido al desviar su mirada de su verdadera razón de ser en medio de los hombres.

En la orden se profesa solo obediencia y esto tiene tres razones. Santo Tomás de Aquino da los motivos: 1) por qué mediante este voto se ofrece a Dios algo más excelente, como lo es la propia voluntad. 2) porque la obediencia implica los otros votos (pobreza y castidad) pero no viceversa. El religioso está obligado en virtud del voto de obediencia a guardar la castidad y la pobreza. 3) porque el voto de obediencia se extiende propiamente a actos próximos al fin de la vida religiosa. En fin si alguien guardara la pobreza y la castidad voluntarias sin voto de obediencia, no por ello pertenece al estado religioso. Por ello la obediencia dentro de la tradición de la orden goza de una gran predilección porque esta afecta directamente a la Voluntad y al comprometerla compromete a toda la persona. Gracias a este voto se puede afirmar que en la Orden de predicadores no existen ramas que pongan en tela de juicio su unidad. Cabe añadir que en la Orden en virtud del voto de Obediencia se pide a sus frailes vivir en castidad y pobreza.

Tiene su origen en un sueño que la beata Juana de Aza la mamá de Santo Domingo, la abuela como cariñosamente la llamamos los hijos de Domingo, tuvo cuando aún estaba embarazada de nuestro padre. En el sueño ella veía que daba a luz a un perro con una antorcha en la boca y que salía corriendo por todas parte y a su vez incendiaba todo a su paso. La beata Juana acude al famoso monasterio de Silos vecino de Caleruega, el poblado donde nació nuestro padre, y consultó a los monjes el significado de dicho sueño, a lo que le responden que ella va a dar a luz un niño que será tan fiel a Dios como un perro a su amo y la antorcha en la boca no es otra cosa que el fuego del evangelio con el que incendiará todo a su paso.

Tradicionalmente se nos conoce como Dominicos porque a partir de este sueño se nos denominó Perros del Señor que en latín se dice Domini-Canes.

Tradicionalmente se les conoce como frailes a los religiosos de las ordenes mendicantes: Franciscanos, Dominicos, Carmelitas y Agustinos. El termino fraile deriva del latín Frater que significa hermano. Fray gramáticamente hablando sería el apocope de sincopa del termino fraile que acompaña el nombre de un miembro de una de estas familias religiosas ej: Fray Carlos.

Dentro de la rama masculina de la vida religiosa algunas ordenes en su mayoría permiten a sus religiosos la posibilidad de acceder al orden sagrado hasta el segundo grado que es el presbiterado. Sin embargo no es inherente la vida religiosa la ordenación presbiteral, lo que hace a una persona pertenecer al estado de la vida religiosa es la profesión pública de los votos o consejos evangélicos en un instituto de vida consagrada legítimamente aprobada por la Iglesia. En conclusión los religiosos pueden ser sacerdotes aunque también pueden no serlo sin que afecte en nada a su condición de religiosos.

Son términos ambiguos y flexibles. En el lenguaje popular se aplica sin propiedad, como si los tres términos fueran equivalentes. Sin embargo, no son lo mismo:

Un sacerdote, en la Iglesia católica, es un hombre que ha recibido el sacramento del Orden Sacerdotal, y que en virtud del mismo puede celebrar el sacrificio de la misa y realizar otras tareas propias del ministerio pastoral. Puede pertenecer a una orden o familia religiosa, o a una diócesis.

Un monje o un fraile, en cambio, es una persona que ha hecho los votos de pobreza, castidad y obediencia, y pertenece a una congregación o familia religiosa concreta (franciscanos, dominicos, carmelitas, Agustinos…). Puede coincidir que además de ser religioso sea sacerdote, pero no tiene por qué serlo. Su vocación religiosa no tiene por qué ser una vocación al sacerdocio.

¿Y cuál es la diferencia entre monje y fraile? Pues tiene que ver con el origen de ambas palabras: monje viene del latín tardío monachus, palabra para designar a los anacoretas, y que ya en su misma raíz tenía implícito el significado “soledad”.

Se relaciona con el surgimiento de las primeras experiencias de vida contemplativa (en los siglos IV-VI d.C.), como por ejemplo los Padres del Desierto, ermitaños que abandonaban el mundo y vivían en el desierto, o san Benito de Nursia, fundador de la orden religiosa más antigua de Occidente, los benedictinos.

Monje, por tanto, es un término más adecuado para referirse a hombres consagrados que viven en conventos, dedicados por entero a la oración y a la penitencia. Es el caso de las órdenes contemplativas, como la Cartuja.

Fraile en cambio es un término más moderno, que procede de la Edad Media (del provenzal fraire), y que significa “hermano”. Fraile se suele emplear más para órdenes dedicadas a la vida apostólica, como los franciscanos o los Dominicos.

El uso de esta palabra se relaciona con el surgimiento de las órdenes mendicantes en la Baja Edad Media, que supusieron un gran cambio en la vida religiosa: estos nuevos religiosos ya no se encerraban en conventos alejados de la gente para dedicarse a la oración exclusivamente, sino que estaban en las ciudades, dedicados a los pobres, a la enseñanza de la fe, a los enfermo.

Tomado de: (https://es.aleteia.org/2015/12/01/cual-es-la-diferencia-entre-un-sacerdote-un-fraile-y-un-monje/)

Se les llaman frailes o hermanos cooperadores a los religiosos Dominicos que optan solo por la vida religiosa y que no se sienten llamados al presbiterado. Esta decisión la manifiesta el religioso en la etapa de noviciado, sin embargo, aunque el fraile no aspire a la vida sacerdotal debe prepararse en filosofía y en teología ya que dichos estudios son necesarios para que el hermano desempeñe su vocación de predicador.

Los frailes cooperadores tienen parte en el apostolado de toda la comunidad, no sólo con su trabajo con el que atienden a las necesidades del convento, sino también con el ministerio propiamente dicho, tanto cooperando con los frailes presbíteros, como desempeñando una actividad apostólica según sus cualidades. (L.C.O 100 § II)

1. Aspirantado (1 año): se le llama aspirantado al tiempo en el que el joven entra en contacto con la comunidad por primera vez y es acompañado por un equipo de frailes a la cabeza del promotor provincial de vocaciones.

2. Prenoviciado (1 año): es el tiempo en que el joven comienza a vivir internamente en una casa especial y destinada a un acompañamiento aún más profundo en el discernimiento de su vocación religiosa, durante esta etapa el joven cuenta con la ayuda de un maestro.

3. Noviciado (1 año): es la etapa de la formación como religioso, en donde aprende todo lo concerniente al carisma Dominicano, su historia sus tradiciones, la liturgia su espiritualidad etc.

4. Estudiantado (6 años): en este momento el religioso hace sus votos temporales e inicia su formación institucional en filosofía y en teología.

En los años entre la profesión simple y la profesión solemne, el estudio académico ocupa un lugar privilegiado, pero no exclusivo, en la formación de los frailes. Es un tiempo de madurar y de profundizar en la vida dominicana, así como de continuar creciendo en la fe. (R.F.G. 137)

5. Formación permanente: el fraile predicador consiente de su vocación ha de estar en constate investigación y actualidad para poder así ir leyendo la realidad de una sociedad que está constantemente en cambio.

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