El Inicio de nuevos Predicadores

Llega un momento en la vida de todo ser humano en el que el mismo se cuestiona por su propio yo, es decir, se hace preguntas como ¿Quién soy?

Por: Andres Julián Herrera Porras (aspirante dominico 2015)

Llega un momento en la vida de todo ser humano en el que el mismo se cuestiona por su propio yo, es decir, se hace preguntas como ¿Quién soy? ¿Para dónde voy? Y más cristianamente ¿Cuál es mi misión?; ese momento en la vida es diferente en cada ser humano, no es solo un instante, algunos lo vive el resto de su vida o les sucede en diferentes ocasiones, a diferentes edades y en diversas circunstancias, pero a todos se nos presenta.

Es en ese momento en donde el ser humano empieza lo que algunos han llamado el “Discernimiento”, que no es más que una reflexión sobre el propio ser y sobre lo que ha de ser de ese propio ser en adelante, algunos en esa reflexión encuentran que Dios los llama, que Dios lo llama, que Dios me llama; (Is.40,26), es más, algunos encuentran que Dios los llama para entregarse en cuerpo y alma a un proyecto de vida diferente y socialmente poco comprendido, el ser Religioso, es allí cuando surgen muchas dudas nuevas ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cuando? , Y la que creo es realmente la más importante, ¿para qué?, entendido este no como un buscar material, sino espiritual, un ¿para qué? Que nos ayuda a observar y a conocer ¿Dónde puedo servir mejor?

Los encuentros vacacionales y en general la etapa del discernimiento debe de forma pausada y personal responder todos estos interrogantes, o al menos, dar una luz sobre los mismos. El fin de semana del 16 al 18 de Octubre un grupo de 23 jóvenes inquietos vivimos un encuentro en el cual logramos diferentes avances, de acuerdo a los procesos de cada uno, en este camino de acercarnos a Dios, de conocer al Señor y a la vida religiosa.

 

(Mt 22,14) dice el Señor, la travesía empezó para algunos desde unos días antes del encuentro, donde nos invadían muchas dudas ¿realmente vale la pena asistir a este tipo de encuentros?, en pleno siglo XXI invadidos por el mundo y las leyes del mercado ¿vale la pena seguir a un carpintero de más de 2000 años?, entre muchas otras, las cuales resonaban una y otra vez en nuestras mentes; sin embargo decidimos dar un salto al vacío, y es un vacío literal pues no sabíamos ni siquiera el cronograma real de que íbamos a hacer ni con quien íbamos a estar, ni con quien íbamos a compartir habitación, en fin, un vacío grande para nuestra costumbre de organizar y definir el que hacer de la vida.

Que sorpresa tan grande el encontrar a tantos jóvenes tan diferentes, regiones, acentos, costumbres, visión política, edades, niveles educativos y económicos; pero todos invadidos por lo mismo, una gran duda, ¿Dios me llama? Y ¿A que me llama?; para ponerlo en términos más de mundo, todos estábamos con la duda de si un carpintero de 2000 años con posibles poderes telepáticos nos estaba ordenando seguir su proyecto de dejar todo por Él, que tal la fortuna de estos jóvenes, posiblemente escogidos para dar todo a cambio de la construcción de un reino que no se ve.

Es increíble pero cierto, desde el comienzo y a pesar de sus diferencias, todos sentimos una gran empatía con todos, hicimos una gran relación, casi de hermandad; me atrevo a escribir que era la presencia de Dios mismo la que se sentía en ese lugar y en su nombre casi que era (Hch 4, 32), también nos acompañaron durante este fin de semana cuatro Hermanos de la comunidad, uno de ellos sacerdote, todos diferentes pero iguales, mostrando que realmente en la Orden de Predicadores existe una fraternidad casi filial, en la cual, como en toda familia, existen muchas diferencias entre sus integrantes, pero una sola motivación, el bien de la familia y en este caso un proyecto común, Predicar.

Emprendimos un viaje hacia el monasterio San Eccehomo, en este punto no puedo dejar de mencionar que nuestro conductor tuvo que sufrir el bulling generado por la confianza de los jóvenes y su parecido a Mario Bross, y un bello matrimonio de Psicólogos que nos acompañó, por el camino en Tunja se nos unieron un par de jóvenes más, ya en el monasterio nos acomodamos y nos dispusimos a continuar viviendo esta nueva experiencia.

Bien lo expresa Fray Bruno Cadoré “Santo Domingo quiso estar con la gente, escuchándola y atento a sus esperanzas”, así sentimos a todo el equipo encargado del encuentro, atentos escuchando todas las inquietudes y ayudando a nuestro discernimiento; es necesario reflexionar ahora ¿llegamos a alguna respuesta clara? ¿Realmente conocimos un poco más de Dios y de la Orden?

La respuesta a estos interrogantes debe superar el “si”, pues ese Si es el que cada uno empieza a dar a Dios, a sus futuros hermanos de comunidad y a la misión que Dios traza en nuestras vidas; no puedo dejar de pensar en las invitaciones del Papa Francisco, a “Hacer Lío” y a “vivir la Alegría del evangelio”; esa alegría fue la que nos embargó a todos en nuestro regreso a casa, una alegría que no tiene una explicación racional, una alegría que solo puede explicarse desde la Fe, desde el fuego que nos quema y nos llena de esperanza por convertirnos en Predicadores del evangelio.

Con cariño, para la que espero sea mi familia, la Orden de Predicadores.