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Mayo 11 - Pentecostés - Rojo
La Iglesia nació del soplo del Espíritu Santo
Por: Fray José Ma. Prada Dietes, O.P.

Los Hechos de los Apóstoles hacen una descripción detallada de la irrupción del Espíritu Santo en la Iglesia el día de Pentecostés. Cuando los discípulos de Jesús estaban reunidos y en oración en una casa, en unión con María la madre de Jesús, vino de repente un viento fuerte y  sobre la cabeza de cada uno de los discípulos aparecieron como lenguas de fuego sobre cada uno de ellos y todos quedaron llenos del Espíritu Santo. Inmediatamente salieron a predicar a todos los prosélitos de los judíos que habían venido en peregrinación a Jerusalén por las fiestas de Pentecostés. Y se hacían entender en todas las lenguas extranjeras.

El Espíritu  Santo produjo el fenómeno contrario   de lo que sucedió a los constructores de la torre de Babel. El pecado de orgullo llevó a estas gentes a la confusión, a la división y a la dispersión; el Espíritu Santo trajo la armonía, la comprensión, la fraternidad y el entendimiento entre los hombres y mujeres que lo recibieron.

El apóstol san Juan ya había relatado otro Pentecostés, el mismo día de la resurrección. En ese día estaban los discípulos de Jesús reunidos en una casa con las puertas bien trancadas por miedo a los judíos, se apareció el Señor y después de identificarse, sopló sobre ellos y les infundió el Espíritu .
San Juan hace notar en esta aparición del resucitado, lo siguiente: aunque las puertas estaban bien trancadas, el Señor entra súbitamente, destruye las barreras de la incredulidad, de la cobardía y del pecado. Los discípulos tienen la experiencia del resucitado. En el mismo momento en que los discípulos se abren a la fe pascual, son enviados en misión por todo el mundo con las siguientes palabras: “Como mi Padre me envió os envío”. La misión de Jesús y la misión de los discípulos es idéntica, no existe sino una misión: la que le encomienda el Padre al Hijo y la misión de la Iglesia. La misión de la Iglesia  es una prolongación idéntica de la obra de Jesucristo.

La misión de la Iglesia es posible solamente por la acción del Espíritu Santo. El Hijo y el Espíritu Santo, comunican la vida simultáneamente y la animan con un aliento nuevo. Esa efusión total y definitiva del Espíritu Santo, estaba anunciada para los tiempos nuevos. El profeta Joel había dicho unos quinientos años  antes: “Llegará un tiempo en que profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas .En los últimos tiempos, derramaré mi espíritu a todos los pueblos”. Al situar este acontecimiento en la tarde de pascua, san Juan quiere mostrar que ya han llegado estos tiempos con la victoria de Cristo sobre la muerte.

La frase “Recibid el Espíritu Santo”, va acompañada de un soplo ( en hebreo ruah ). Según los especialistas, esta es una palabra rara en el Nuevo Testamento, pero tiene una gran significación. En el Antiguo Testamento  se habla del soplo de Dios sobre la nariz del hombre y así le infunde un aliento de vida ( Gen 2, 7 ). Y el profeta Ezequiel, al hablar sobre la creación de la comunidad futura, en tiempos del Mesías, hace referencia a un soplo creador ( 37,9 ). Jesús, al trasmitir el Espíritu Santo, da origen a una nueva creación: la Iglesia. La Iglesia, animada por el Espíritu Santo, se distingue substancialmente de toda sociedad humana..

La misión de Cristo consiste en salvar a su pueblo, quitándole el pecado para reconciliarlo con Dios. El es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo ( Jn 2, 9 )Y esa es también la misión de la Iglesia: después de recibir el Espíritu Santo, Cristo resucitado, la envía a perdonar pecados. Eso equivale a comunicar la salvación. Juan Pablo II, en su última carta a la humanidad sobre la “misericordia de Dios”, recuerda, citando a san Pablo: “La salvacion es, ante todo, redención del pecado como impedimento para la amistad con Dios ( Rm 8,21 ). La Iglesia es el embrión de una humanidad nueva que reproduce, de una manera visible la comunión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

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