Primicias del priorato entre monjas

Han transcurrido once (11) semanas desde mi elección como Prior del Convento el 10 de abril de 2018 y de mi estadía como Capellán de este Monasterio de Santa  Catalina de Siena en Santorini – Grecia, ministerio que está llegando a su recta final.

El 14 de abril me escribía fr. Germán CORREA MIRANDA O.P., nuestro hermano mayor: “Fr, Bernardo: Ya no te vimos hoy sábado para darte la despedida, pero bueno, te deseo un viaje sin tropiezo alguno y una estadía muy fructífera en aquella perla de las islas griegas. Estos tres meses te los da el Señor como primicias del priorato para el que has sido elegido”. 

Ciertamente, ha sido una bella oportunidad la de iniciar mi Oficio de Prior como peregrino en medio de nuestras Monjas Contemplativas. Durante este tiempo he seguido, como un monje más, el ritmo del Monasterio que tiene un horario cotidiano ciertamente orientado a Alabar, Bendecir, Estudiar y Predicar.

El participar con la comunidad en la celebración del Oficio Divino, el presidir diariamente la Eucaristía con su homilía; el meditar los misterios del Santo Rosario; el tener el tiempo y el ambiente propicio para la reflexión y la meditación personal; el adorar a Jesús en la Eucaristía con la exposición del Santísimo Sacramento los días jueves y domingos de manera solemne; el atender a las monjas en confesión y a uno que otro turista que se acerca al monasterio, el retomar el estudio y la lectura, ha sido una primavera para mi vida religiosa y ministerial. Toda una bendición de Dios.

La liturgia del Monasterio solemnísima, con la solemnidad que caracteriza la Liturgia Coral Dominicana. Todo impecable: Sus cantos, las genuflexiones, las venias, los oficios de las hebdomadarias, las cantoras y el órgano que da la melodía para la entonación de la salmodia y demás partes del Oficio Divino, siempre cantado en latín, español o griego, crean una atmósfera ritual que cautivan alma y cuerpo, y disponen todo nuestro ser a la oración y a la alabanza.

Una Acción de Gracias a Dios, por estos meses en los que he podido revivir y reemprender la vida Regular y de Observancia, que con el correr de los años se han venido desplazado y han perdido su valor y significado en varios de nuestros Conventos, a causa de las no pocas y esclavizantes actividades administrativas o apostólicas, que absorben de manera casi plena y total las horas del día y de la noche de muchos frailes. ¡Toda una vivencia espiritual que clama, para que el rezo del Oficio Divino y la Celebración de la Liturgia en comunidad nos vuelva a entusiasmar y a cautivar, como cuando iniciamos nuestro caminar dominicano!

La Eucaristía se celebra todos los días a las 8:00 a.m. después de haber iniciado el día con el rezo de las Laudes, meditación personal y la hora Tercia. Generalmente se celebra en español, aunque dependiendo del capellán de turno, puede ser en griego u otra lengua, pero esto ocurre en muy contadas ocasiones. Los domingos es el día en el que el griego predomina en la celebración: Himno del Gloria, las lecturas, el Credo, la Oración de los Fieles, el Santo, el Padre Nuestro, el Cordero de Dios y los cantos respectivos de la misa. Para facilitar la comprensión y mayor participación de los fieles de la isla o turistas, se distribuyen hojas con las lecturas y oraciones de la misa en griego, inglés y polaco, dado que la mayoría de los católicos que viven en la isla son inmigrantes filipinos, polacos, albaneses, etc. La comunidad católica de griegos en la isla no supera una cincuentena.

En la misa dominical se cuenta con un promedio de 15 a 20 personas, además de las diecisiete (17) monjas, quienes tienen como lengua materna el español o el portugués. El momento de la homilía es todo un reto y una exigencia para un predicador, que, como yo, no cuenta con el don de ser “políglota” o multilingüe, por solo hablar y escribir español e italiano. Pero esta limitante no es obstáculo, ya que al ser la homilética el arte y ciencia de predicar para comunicar el mensaje de la Palabra de Dios, recurrí además de la palabra hablada, de los gestos y la mímica, lenguaje ciertamente universal como lo es el cuerpo (brazos, manos, rostro), poderosos aliados del predicador que busca tener no sólo cautivos, atentos e interesados a los oyentes, sino ante todo procurar que el mensaje llegue también por este medio a los que hablan otras lenguas o idiomas. Con la acción del Espíritu Santo en el predicador y en los oyentes todo es posible, incluso replicar el gran evento de Pentecostés: "Y entre el gentío que acudió al oír aquel ruido, cada uno los oía hablar en su propia lengua. Todos quedaron muy desconcertados" (Hechos 2,6).

Como en el monasterio todo gira en torno a la oración y la alabanza, son pocas las horas del día y de la noche destinadas a otras actividades. En la mañana, las monjas cuentan con tres horas para los oficios personales y los comunitarios, entre los que se cuentan la elaboración y distribución de hostias para un buen número de católicos de Grecia, además de confección de rosarios y artesanías que luego se venden en el mismo monasterio a los turistas que lo visitan.


Las tardes están dedicadas al estudio y la formación permanente, personal o comunitaria. Para ello cuentan con cursos en temas de interés para el Monasterio: Vida Religiosa, Sagrada Escritura, Teología, Dominicanismo, Liturgia, Música, Idiomas, etc. los cuales son orientados por la comunidad y el Capellán Dominico de turno según su especialidad, conocimientos o experticia. Algunas veces son invitados también sacerdotes de otras comunidades o diocesanos, cuando requieren de temas muy específicos en el plan trazado por las monjas para esta dimensión de su vida religiosa contemplativa. En mi caso personal, los días martes y jueves colaboré en temas relacionados con la Administración, la Economía y la Misión con óptica dominicana y otro relacionado con el Carisma y nuestra Espiritualidad.

Al llegar al final de esta experiencia de compartir y vivir dos meses y medio (19 de abril al 2 de julio), la Vida Regular y sobre todo la Vida Litúrgica y de Oración, en un Monasterio Dominicano, estoy más que convencido, que la oración constante y perseverante de las Monjas, por la Iglesia y el Mundo, y de manera particular por los sacerdotes y, en especial, por nosotros los Frailes Dominicos, se convierten en aire fresco que oxigenan nuestros pulmones, para reemprender siempre el camino, cuando algunas veces desfallecen nuestras fuerzas por el cansancio de nuestro activismo y pareciera que perdemos el horizonte o la meta de ser fieles a los compromisos contraídos en nuestra profesión religiosa, y por eso con nuestras monjas hacemos eco de las palabras del salmista: Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre” (Sal 73,26). Ahora entiendo mejor por qué Santo Domingo antes de fundar la Orden de Frailes, fundó las Monjas en Prulla, Francia.

Sus plegarias por nosotros se convierten en esa llama o pequeña luz que en los momentos de oscuridad nos orientan para no caer o rodar por precipicios, cuando las dudas nos acechan, o los miedos se apoderan de nosotros, hasta el punto de tener la tentación de “retroceder y retroceder” como aquel hombre del evangelio que quería seguir a Jesús: “Te seguiré, Señor, pero permíteme despedirme de los míos”. Y Jesús nos responde también: El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios” (Lc 9, 57 - 62). Así, gracias a su oración podemos decir con San Pablo: "Yo, hermanos, no creo haberlo alcanzado todavía. Pero una cosa hago: olvido lo que dejé atrás y me lanzo a lo que está por delante, corriendo hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios me llama desde lo alto en Cristo Jesús" (Fil 3, 13-14). Seguir adelante implica no mirar atrás. Así la vida cristiana y dominicana, aunque parezca compleja, es necesario avanzar, no detener la marcha, nunca volver la mirada atrás. Sólo vencen quienes tienen una meta y caminan en pos de ella, tomados de la mano del Señor Jesucristo.

Siempre he pensado que los frailes dominicos, estamos y estaremos en deuda con nuestras hermanas mayores, las Monjas Contemplativas, por su ministerio en favor de nuestra predicación y de nuestro apostolado en medio del mundo. Ellas nos hacen presentes, de manera constante e ininterrumpida en sus plegarias, las cuales no solo son bálsamo espiritual, sino ante todo vitaminas para nuestra vida dominicana y de hombres consagrados y así poder mantenernos fieles en nuestra vocación de predicadores. Es por esta razón que, durante mi estadía en este remanso de paz, he querido ofrecer cada día, la Eucaristía por cada una de ellas, al igual que orar por sus familiares vivos y difuntos. Esta oración mutua ciertamente fortalece nuestros lazos de fraternidad dominicana.

Ellas como primeras predicadoras de la Orden, nos invitan, animan y exhortan a no desfallecer en nuestra ardua tarea de predicar el Evangelio, porque sin duda alguna esta comunidad, es una comunidad que predica de la mejor manera posible: Dando testimonio del Reino de Dios con su estilo de vida, y ofrece así, una invaluable ayuda espiritual a los predicadores no solo de la Orden, si no del mundo entero.

Al Igual que el Monasterio de Prulla, con cuya comunidad podríamos decir, hace más de 800 años nació la Orden de Predicadores, ésta es una comunidad internacional al estar integrada por diecisiete (17) monjas provenientes de tres continentes: Europa, África y América y seis países: España (4); Grecia (1); Angola (4); Puerto Rico (5); Argentina (2); República Dominicana (1); unas y otras hijas de diferentes monasterios de la Unión Fraterna de la Madre de Dios, de Olmedo (España), presente en la Isla de Santorini desde el mes de mayo del año 1981, y de la cual forman parte diez (10) monasterios: 2 en Angola – África: Benguela y Kuito; 1 en Camerún: Toumi; 2 en Asia: Taiwan y Corea; 3 en América: Puerto Rico, Curaçao y Argentina; y 2 en Europa: Olmedo - España y Santorini- Grecia. 

En medio de una rigurosa vida monástica, reina entre ellas un ambiente de juventud, de alegría, de hospitalidad y de fraternidad y sobre todo se respira el aroma dominicano que impregna no solo sus claustros, sino ante todo sus vidas y la de todos los que visitan este lugar, para beber la sabia del Evangelio y exhalar el olor de Domingo que es olor a Cristo.  Puedo dar testimonio que en este lugar se vive y concretiza la identidad de nuestra Orden que es Contemplativa y Predicadora:Contemplari et contemplata aliis trádere”; un espíritu centrado y volcado en Dios y la predicación, oración y misión, carisma y espíritu, haciendo realidad las palabras de San Pablo encarnadas en nuestro Padre Domingo: “Pues nosotros somos para Dios el buen olor de Cristo” (2 Co 2, 15).


Impregnado de este ambiente de oración y alabanza, he pedido a la Madre Priora, Sor María Esclava, intercambiar nuestras plegarias y oraciones, entre el Monasterio y nuestro Convento Enrique Lacordaire, con el firme propósito de vivir religiosamente nuestra Vida Cristiana y Dominicana, siendo fieles a nuestra vocación de consagrados en el oficio de la predicación del Evangelio.

Por ello, rememorando mi ingreso a la Orden en el año 1981, en el que a la par que se nos tomaban  las medidas para el hábito, en el Monasterio de Santa Inés de Bogotá, se nos asignaba una “Madrina de oración” para que como lámpara ante el Santísimo, orara por nuestra permanencia y nuestra fidelidad y nosotros por ella en un sentimiento  de mutua compañía espiritual y sin duda que han sido estas oraciones, las que han  dado y cosechado muchos frutos en las distintas etapas de nuestro peregrinar en la Orden de Predicadores.  Este sentimiento  y grato recuerdo, me ha llevado a poder contar para cada uno de los diez (10) frailes del Convento en el que he sido elegido Prior, con una “Madrina o compañera de Oración” y así mantener no solo nuestros lazos de fraternidad, si no ante todo, como un signo de que estamos cada día más y más necesitamos de este “ecosistema espiritual”, ya que no pocas veces nuestra vida religiosa y apostólica se mueve entre vaivenes que necesitan siempre ser redireccionados, acrisolados y contar con una brújula que nos lleve a buen puerto en nuestra Vocación y en nuestra Misión. Compartir que acrisola nuestro caminar en el amor fraterno en comunidad, como lo recuerda el salmista: “¡Oh, qué bueno, qué dulce es que los hermanos habiten juntos en armonía!" (Salmo 133, 1).

Este Monasterio Dominicano, enclavado en esta perla de las islas griegas, está llamado a ser foco y baluarte de unidad entre los católicos de Santorini y de Grecia. Es mucho lo que tiene por ofrecer a la Orden de Predicadores, a la Iglesia Ortodoxa de Grecia y a los turistas del mundo entero que lo visitan y sobre todo a los católicos griegos e inmigrantes, quiénes por ser una minoría, están llamados a corresponder a aquella frase que reza: “No se trata de cantidad, sino de calidad”. La cantidad es algo que se cuenta, la calidad es con lo que se cuenta.

Pero las “primicias de mi priorato entre Monjas” no termina aquí en el mar Egeo.

Ella continua, por un mes más, en el Monasterio de la Beata Colomba (Paloma en castellano) de Rieti (1467-1501), en la ciudad de Perugia (Italia) donde según la tradición dominicana, en este lugar, donde está ubicado el Monasterio actualmente, en el año 1220, se dio el encuentro entre Santo Domingo de Guzmán y San Francisco de Asís.  En sus muros hay una lápida en piedra que recuerda el abrazo entre los dos más grandes santos de la Edad Media, como símbolo de unidad y hermandad; abrazo como signo de apoyo ante la misión que ambos tenían encomendada por Nuestro Señor: salvar almas. Igual que Nuestros Padres Domingo y Francisco, debemos abrazarnos; darnos aliento a seguir adelante en la misión que tenemos en este mundo; ser solidarios con el más necesitado y sobre todo amar a todos como Dios nos ha amado y perdonado.

En la actualidad este monasterio, que en los años del Concilio Vaticano II contaba con más de cuarenta Monjas, tiene hoy en día solo siete (7) monjas, dos son colombianas, todas de edades muy avanzadas.  La menor es la Priora, Sor Rosa Imelda Díaz con ochenta (80) años y la mayor Sor Margarita de 96 años. Sólo tres de ellas se pueden valer por sí mismas, las demás postradas en su lecho de enfermas o en sillas de ruedas, requiriendo siempre de ayuda en todos los aspectos.

Dos realidades de la vida Contemplativa que son una radiografía de lo que sucede en la vida Monástica en la Orden y la Iglesia. En Santorini he podido apreciar el amanecer como la salida del sol con todo su esplendor y en Perugia como el sol poniente en espera de que el Señor pronuncie su última palabra y en ella hacer su Voluntad.

Serán treinta días, de presencia y compañía; de solidaridad que se traduce en “el lazarillo” para las más necesitadas, de tal manera que sientan confianza y esperanza. Pero, sobre todo, ejercer con ellas el ministerio de la escucha, a sabiendas que siempre serán repetitivas por su demencia y condición de senectud en que se encuentran.

Serán también días para la capellanía, la predicación, la atención espiritual a las monjas y los fieles que participan de la Eucaristía y una oportunidad para la organización y sistematización de la Contabilidad, servicio que presto desde el año 2003 cuando fui Síndico de la Orden. Dada la cercanía con cada una de ellas, busco propiciar entre ellas encuentros comunitarios para el diálogo y la recreación, buscando que ellas tengan una vejez digna y estén bien atendidas por los colaboradores laicos que las asisten, en sus requerimientos y necesidades, para que sea con amor y compasión al estilo de Santo Domingo.

Poder palpar de primera mano estas dos realidades en nuestros monasterios dominicanos, nos llevan a mirar con realismo la vida, no solo en su dimensión natural y humana, sino también la de nuestras instituciones: «Se siembra, se nace, se crece, se vive, se dan frutos abundantes y se muere». En unos lugares se muere, pero en otros el Espíritu hace germinar nueva vida. Estamos de paso... solo Dios es eterno, Él es el mismo ayer, hoy y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Que el Señor nos conceda a todos su Espíritu Santo para poder cumplir su mandato de ser “Sal y luz para el mundo”.

Oremos los unos por los otros.

Santorini, Grecia, 29 de junio en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo.


"Predicar siempre, en todas partes y en todos los sentidos"

Santo Domingo de Guzmán

En el sitio web oficial de los dominicos colombianos, queremos llevar a cabo la misión de Domingo: el deseo de proclamar valientemente a Dios, de construir la vida comunitaria y de buscar la verdad en el mundo.

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