Reconocimiento y Preparación
Miércoles de Ceniza

|  marzo 06 de 2019  | Por: fr. Jhon Alexander Sánchez Barreto, O.P. • Promotor Provincial de las TIC

El miércoles de ceniza, que distingue plenamente el inicio de la cuaresma es un día para realizar dos acciones en la vida personal: Reconocernos y comenzar a prepararnos. ¿Qué es lo que tenemos que reconocer? Y ¿Para qué nos tenemos que preparar? Son las preguntas naturales que nos podemos hacer en este día.

Lo primero es reconocernos; como hijos de Dios y como cristianos. Esas son las dos primeras convicciones que estamos llamados a tener en este día: somos hijos de Dios y somos cristianos. La dificultad para reconocernos como hijos de Dios son nuestras acciones humanas que desdicen de nuestra condición de creaturas; creaturas buenas, creaturas creadas a imagen de Dios como nos los recuerda el libro del Génesis y creaturas perfectibles como nos lo ha enseñado nuestro patrono Santo Tomás de Aquino.  Esas acciones equivocadas a veces, erróneas, negligentes o frágiles realizadas con plena conciencia o no, pero en ultimas acciones de las cueles somos responsables, ponen un velo, un telón, un muro delante de nuestra existencia que nos opaca, que nos hace menos, que nos lleva a perder nuestra alegría y nuestra tranquilidad. La Iglesia a eso lo llama pecado, es decir, si yo realizo algo que va en contra de mi dignidad, de mi libertad, de mi felicidad estoy cayendo en una situación de pecado y este tiempo es el propicio, el oportuno para convertirme, para cambiar, para salir de ese estado y volver al camino de la Gracia que Dios nos otorga.  

He dicho también que hoy es un día para reconocernos como cristianos. El problema que tenemos es que olvidamos que somos bautizados en Cristo; y olvidamos que hemos sido signados con el signo de nuestra salvación, la Cruz de Cristo. Si hacemos memoria de la celebración sacramental del bautizo podemos caer en la cuenta, que en los ritos iniciales de este sacramento de iniciación cristiana nuestros padres y padrinos son invitados a hacer la señal de la Cruz en la frente del niño.  Esa cruz que portamos como signo indeleble de nuestra pertenencia a Cristo, se hace visible cada año cuando se nos impone la ceniza. La cruz que hoy estamos invitados a portar en nuestras frentes recuerda: primero la pertenencia a cristo; segundo nuestra condición humana limitada y frágil; tercero la necesidad de conversión.

Acá conecto con la segunda acción a la que nos invita este miércoles de ceniza: “comenzar a prepararnos”. El llamado a la conversión es una invitación a poder vivir plenamente el misterio del Triduo Pascual, a vivir plenamente la Pascua de Cristo, que bellamente celebra la Iglesia la noche maravillosa del sábado Santo; celebración que es para mi la liturgia mas bella que tenemos en la Iglesia Católica. El miércoles de Ceniza marca el inicio de esa preparación y la Iglesia, en su tradición, nos ha enseñado a realizar una serie de prácticas cuaresmales que nos ayudan en esta tarea: la penitencia, la caridad y el ayuno. Son las tres prácticas a las que nos invita este tiempo cuaresmal que inauguramos el día de hoy. Año tras años somos invitados por la Iglesia a hacer penitencia, a ayunar y a ofrecer nuestra caridad. Hoy los invito a resignificar estas prácticas; los invito a llenarlas de contenido y de sentido, no para la Iglesia, no para los demás, no para que nos vean. Los invito a realizar estas prácticas con conciencia plena y con la convicción de que ellas me ayudan a prepararme realmente para vivir el glorioso Triduo Pascual en que Cristo enseña a amar y entregar la vida por el otro, por el hombre, por el cristiano, por los hijos de Dios.


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