“Conversión” de hijos a padre

marzo 31 de 2019  | Por: Fray Yamir Orduña, O.P.

El relato evangélico de este domingo nos muestra un tip más en clave de conversión propio de este tiempo de cuaresma. La lectura sugerida es la narración conocida como el hijo pródigo: Lucas 11,14-23. En una mirada ligera, cabe afirmar que muchas explicaciones de la parábola tienen como objetivo que nos identifiquemos con el hijo pródigo. Pretenden hacernos tomar conciencia de nuestros pecados, e invitarnos a la conversión. Es una propuesta válida, pero parcial, quizás una mirada más amplia estaría vinculada a llamarnos al papel de ser hijo para salir al padre y convertirse en él; más allá de lo que somos: hijo menor (rebeldía) e hijo mayor (sometimiento).

A partir de lo anterior, diremos que el hijo menor, pertenece a nuestro “yo” que de manera rebelde quiere controlar todo, hacerse narcisista y egocéntrico, opuesto a toda realidad y amparado en falsas seguridades que no llevan más que a una absoluta inseguridad tarde o temprano. De ahí que tiene que retornar a su fuente, al padre, porque lo que alcanza por otros caminos nunca le va a satisfacer.

Por su parte, el hijo mayor es la representación de un ego que si bien ya ha caminado y tiene más experiencia hasta el punto de descubrirse, todavía le falta identificarse como parte de un todo, pues vive aun con apegos sigue creyendo que la individualidad es imprescindible y no puede aceptar la ayuda y relación con los demás. Está llamado a liberarse del sometimiento y no apegarse para ser él mismo.

Así pues, normalmente hemos considerado la parábola como dirigida a los “hijos pródigos”. Da por supuesto que todos tenemos mucho de hijo menor, que es el “malo”. La verdad es que el mayor no sale mejor parado que el menor, ya que todos tenemos muchos más rasgos de éste que del menor. Con frecuencia, no entendemos el perdón del Padre para con los pródigos, nos irrita y molesta que otras personas que se han portado mal, sean, a la postre, tan queridas como nosotros.

En suma, encontramos el llamado a la conversión en este cuarto domingo de cuaresma al descubrirnos como el hermano menor y a la vez, el hermano mayor, ello debido a que todos estamos invitados a dejar de ser hermanos (hijos) e identificarnos con el Padre es decir identificarnos con Jesús. Hoy la tarea es pasar de ser hijos a Padre, abandonando la rebeldía y sometimiento para ser misericordiosos, acoger a todos por igual, y hacer vida el amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado.

La conversión a la que nos invita la cuaresma y los distintos relatos de este tiempo, tiene que ver con una muestra de la mejor versión de nosotros. Conversión es hacer visible en cada uno de nosotros, con nuestras palabras y gestos a Jesús, de ahí que esto no es un hecho puntual , es un estado en el que como creyentes vamos avanzando en un proceso, donde nos evaluamos desde nuestra fe, nuestras responsabilidades, nuestra vida cotidiana, pero de manera particular desde nuestro compromiso con el prójimo.

La conversión es el caminar reconociendo en nosotros las actitudes de hermanos menores rebeldes y de hermanos mayores sometidos, para ser capaces de salir de nosotros mismos y avanzar hacia el padre, que a semejanza del padre de la parábola sale corriendo a nuestro encuentro y nos prepara una fiesta haciendo de nuestra conversión una celebración gozosa.

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