“Un mago nunca revela sus secretos”

Mayo 19 de 2019  | Por: FRAY RODRIGO RIVERO GUTIÉRREZ; O.P.

Los ‘trucos’ que los magos realizan durante sus grandes actos ilusionistas son un verdadero misterio para el auditorio, quienes por más que se esfuercen en descubrir cómo fue que logró el prestidigitador hacer desaparecer o aparecer tal cosa, al no alcanzar a percatarse del truco se rinden en aplausos hacia aquel que tuvo más habilidad con sus manos que nuestra agilidad con los ojos. Por eso es que “un mago nunca revela sus secretos”, porque de ser así dejaría de ser tan sorprendente como lo fue cuando nos impresionó por primera vez.

Aunque Jesús haya sido considerado como un ‘taumaturgo’ por algunos de sus contemporáneos al hacer milagros de curación y liberación, hoy en día nos queda claro que el Nazareno no fue ningún ‘mago’, no hizo trucos ilusionistas en busca de aplausos y diversión, sus milagros tenían otra intención, la de enseñarnos. Por lo tanto, el rol que Jesús asumió no fue el de hechicero o ilusionista sino el de ‘Maestro’ y como tal nos enseñó la manera de alcanzar el Reino de Dios, nos mostró el modo cómo continuar su legado y seguir fielmente sus pasos. Visto así, Jesús no tendría por qué guardarse para sí mismo los ‘misterios’ de Dios Padre, todo lo contrario, en su condición de Maestro, en el evangelio de este domingo, nos devela el ‘truco’ para que continuemos con su proyecto, diciéndonos: “Ámense los unos a los otros.” (Jn 13, 34).

Pero prestemos mucha atención y no dejemos pasar de vista lo que el Resucitado acaba de revelarnos, y es que el ‘escalafón’ del gran mandamiento de la ley ha variado. Ya no se encuentra en primer lugar el “amar a Dios sobre todas las cosas con todo tu corazón, alma y mente” (Mt 22, 37); a partir de la experiencia pascual de resurrección se reposiciona el que fuera segundo mandato y alcanza el primer lugar,  “ama a tu prójimo como a ti mismo” (Jn 13, 34). Amar a los otros es imperante pues nos enfatiza que Dios está en el otro, en el pobre y en el que sufre, en el enfermo y en el preso, en el arrepentido y en el desorientado. De ahora en adelante, con Jesús resucitado, el mandato de Dios también se ha renovado: El mandamiento nuevo no es que amemos ‘a’ Jesús, sino que amemos ‘como’ Jesús, “así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros” (Jn 13, 34).

El ‘truco’ ha sido revelado no por un mago sino por el Maestro mismo, la clave está en amarnos como Jesús amó, sin excusas, amar sirviendo a quienes nos rodean, amar visitando a los enfermos y encarcelados, amar donando alimentos a los hambrientos, amar vistiendo a los despojados, amar acompañando a los desconsolados, amar aproximándonos o haciéndonos prójimo de los que sufren, amar a quienes no nos aman, amar como Jesús amó.

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