Mensaje Pascual 2020

|  ABRIL 12 DE 2020 Fray Alexander Sánchez Barreto, O.P., Convento Cristo Rey – Floridablanca |

Apreciados hermanos, la Gloria de Jesús Resucitado irrumpe con fuerza y aviva nuestra existencia en un momento en que vivimos una situación única, particular, distinta, novedosa, también incierta.

En medio de una enorme incertidumbre, ésta Pascua del año 2020 marcará nuestro recuerdo, por qué la vivimos en medio de una pandemia que nos tomó por sorpresa, al igual que la resurrección de Jesucristo tomó por sorpresa a las mujeres que acudieron presurosas y de madrugada al sepulcro.

La Resurrección del Señor también sorprendió a los apóstoles, a los seguidores de Jesús, a todos aquellos que lo habían condenado a muerte. Una muerte que ha sido vencida por la resurrección y en la que se manifiesta la Gloria del Padre. Ha quedado atrás el dolor, el sufrimiento, la angustia, las negaciones, la traición. ¡Cristo ha resucitado!.

Aunque en su ministerio público Jesús había anunciado en cuatro ocasiones los acontecimientos de su Pasión, Muerte y Resurrección, lo sucedido en Jerusalén fue tan rápido y sorpresivo que desconcertó a los discípulos y seguidores. Les toco asumir la muerte de su maestro de improviso y casi podríamos decir a la fuerza y con extrañeza. Ante esta situación adversa, el sepulcro vacío se constituye en testigo silencioso de la Pascua de Cristo y el paso de la muerte a la vida, es confirmado por el Ángel y debe ser anunciado con prontitud, sin miedo, con decisión.

Nos hemos preparado para vivir este momento de la mejor manera. El confinamiento obligatorio, hizo que nuestra cotidianidad conventual cambiara y que la vida regular se viera enriquecida, intensificando nuestra vida de oración, nuestra vida fraterna y nuestro estudio. Incluso predicar de manera no convencional y lejos del púlpito. Hemos podido vivir una Semana tranquila, en la intimidad de esta comunidad conventual, que dispuso todos los escenarios litúrgicos durante la semana de manera digna para irnos acercando a esta vigilia pascual y poder experimentar en esta noche con alegría que Cristo ha resucitado.

Al tener esta experiencia pascual, atípica por las condiciones que nos impuso el avance del coronavirus en el mundo y en Colombia, somos ahora portadores de una Buena Noticia, como lo atestigua el apóstol Pablo en la epístola que corona la historia de la salvación contenida en la liturgia de la palabra de esta vigilia solemne. Por la resurrección de Cristo, estamos llamados a llevar una vida nueva y a seguirnos comprometiendo por la vida y su defensa.

Las circunstancias actuales cuestionan las maneras como llevábamos nuestras relaciones humanas y sus vínculos, y nos indican que, al finalizar esta crisis, esas maneras de ser y estar en el mundo deben ser diferentes. Se espera una mejor actitud frente a los más desfavorecidos y frente a la naturaleza.

Lo paradójico de esto, es que eso que se nos pide hoy (ser solidarios, comprensivos, humildes, misericordiosos; sensibles ante la necesidad, ante el dolor, ante el sufrimiento del deprotegido), constituía el centro del ministerio público de Jesús y ha de ser el rasgo característico de quien acepta al resucitado en su existencia. Si somos de Cristo no podemos ir por el mundo de espalda al necesitado, alejados de la misericordia, llenos de envidias o arrogancias.

Cientos de reflexiones, en los momentos actuales se centran en el rescate de lo humano y en la necesidad que tenemos del otro. Hoy más que nunca debemos tener la certeza que esta crisis mundial no nos puede llevar a perder nuestra humanidad ni la esperanza; debemos con humildad aceptar lo pequeños y vulnerables que somos, pero a su vez, animados por las palabras del Angel y del mismo Jesús, “No tener miedo”.

Somos conscientes que la esperanza cristiana no se agota ni en este mundo, ni en esta vida, y por ello el miedo no tiene cabida en el cristiano. Los momentos de incertidumbre, de crisis, de desiertos o las noches oscuras han de ser afrontados poniendo nuestra esperanza en Cristo que nos fortalece (Sal 71). Al celebrar la Pascua, en medio de esta espera indeterminada en confinamiento obligatorio podemos preguntarnos con qué actitud frente a la vida, frente a los otros, frente al mundo, asumo mi ser de predicador, qué lecciones he recibido y que hemos aprendido.

Queda aún un camino por recorrer que no conocemos, seguimos en alerta por el rápido avance de contagiados por la enfermedad que agobia al mundo. Aún así, celebramos esta victoria de Cristo, y con Cristo Resucitado seguiremos enfrentado esta situación adversa. Aleluya, Aleluya, Cristo ha Resucitado.

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