Las misiones dominicanas y la fundación de pueblos

IUBILÆUM MEDINA • 1620-2020

| febrero 10 de 2020 • fr. Carlos Arturo ORTIZ VARGAS, O.P. • Lic. Laura Nataly VARGAS SÁNCHEZ |

Medina, en árabe Madína, significa ciudad luminosa o la ciudad del profeta. Qué mejor nombre, dado a esta población que inicia su año jubilar por los 400 años de su fundación y que nos recuerda hoy a aquellos hijos de Domingo que llevaron en su frente la estrella luminosa de la evangelización y la verdad y, en sus labios, las palabras del profetismo dominicano que aún siguen escuchando muchos de sus pobladores.

El siglo XVII fue para la Orden Dominicana en Colombia, un tiempo del esplendor, un tiempo lleno de gloria y motivo de especial júbilo para cualquier orden religiosa. Y es que es de entenderse cómo, con la llegada de cientos de flotas españolas, arriban a este bello territorio también misioneros sin par, encargados de innumerables actividades para provecho no solo de colonos, sino también de los miles de nativos que se asentaban en medio de todo el territorio.

Para ese entonces, la Provincia dominicana de Colombia, tras años de expansión y crecimiento, vivía su época dorada, contaba con 13 conventos, 1.443 frailes y 43 doctrinas. Dentro de estas últimas, anotamos la que hacía parte de la Misión de San Juan en los Llanos Orientales y a su vez, una de las principales doctrinas dominicanas, como lo fue la realizada en el que fuese otrora, el epicentro de la familia chibcha, la hoy conocida Puerta del Llano.

Por real cédula del 14 de septiembre de 1548, la encomienda a la cual pertenece este municipio fue cedida al Mariscal Hernán Venegas Carrillo. En 1611, uno de nuestros frailes dominicos, fr. Alonso de Ronquilllo, O.P., quien había arribado a la Nueva Granada en 1594, destacado catedrático de la lengua muisca en el Convento de Santafé de Bogotá y censor de la Gramática en la Lengua General del Reino, llamada Mosca de fr. Bernardo de Lugo, O.P., publicada en 1619 en Madrid, España, fue designado como doctrinero de la región de Gachetá y de Chipazaque (hoy Junín), que pertenecían a la Encomienda y doctrina del Convento de San Pedro Mártir de Guatavita. De Ronquillo, natural de Fregenal de la Sierra, en Badajoz, España, así como muchos de los que llegaron en tiempos de la Conquista, poseía dotes creativas y un gran espíritu misionero, realizó su trabajo con los nativos chíos y marbitas en esta región de los Llanos Orientales, porque, aunque actualmente sea jurisdicción cundinamarquesa, la esencia de este sitio, se impregna como el suave aroma de los Llanos de San Martín que lo rodean.

En uno de sus informes, fr. Alonso describe su excursión por los llanos de San Juan, San Martín, Ubalá y Gachalá que dice: Atravesando aquellas serranías llenas de horror, por sus grandes árboles, fragosidad, precipicios y peligros en el tránsito de rápidas y profundas quebradas, que forman algunos ríos que se pasan en maromas

Su gran actividad misionera, permitió que se generaran mayúsculos logros ya que se estima incluso que el número de bautizados llegó a unos dos mil nativos. Su importante gestión suscitó que se solicitara autorización para la futura fundación de Medina el 2 de febrero de 1620, (justo en la conmemoración de la Fiesta de las Candelas), la erección de su templo parroquial bajo el patrocinio de San Miguel Arcángel y la institución como cura doctrinero en propiedad. Los dominicos hicieron presencia en Medina hasta el año de 1636 y fr. Alonso de Ronquillo, O.P. fue sepultado en 1642 en esta misma iglesia.

Para el 14 de septiembre de ese mismo año, (año en el que también se llevó a cabo la fundación del centro doctrinero más importante como lo fue el Monasterio del Santo Ecce- Homo de la Provincia dominicana de Colombia) fr. Leandro de Garcías, O.P., provincial de los dominicos desde el 5 de mayo de 1618, encargó a fr. Juan Martínez Melo, O.P., para que inspeccionara la región; y este, tras enterado de la obra de De Ronquillo, lo nombra Doctrinero de los nativos chíos y marbitas.

Ya para 1775, tomó el nombre de Corregimiento de Medina, este territorio ha estado bajo varias administraciones de cantones, en las que se incluyen Tenza, San Martín, Chocontá y Guatavita, pasando incluso por la provincia de Bogotá; en 1850 al departamento de Cundinamarca; a la Intendencia Nacional del Meta en 1905, igual que en 1907 como corregimiento del distrito de Villavicencio en el territorio Nacional del Meta. Finalmente, desde 1910 y hasta hoy, entró a ser parte del departamento de Cundinamarca.

Sea esta la ocasión para recordar que los Llanos de San Martín, donde se encuentra ubicada esta población de Medina, fueron desde 1863 refugio, amparo y consuelo para los frailes dominicos tras la expulsión de las comunidades religiosas realizada por el General Tomás Cipriano de Mosquera. Además, desde este pie de monte llanero, hoy contemplamos los rastros de los dominicos exclaustrados que continuaron, por decirlo allende en el tiempo, la obra evangelizadora iniciada por fr. Alonso de Ronquillo, O.P. y con especial valía, el punto de partida para la excursión científico misional por los ríos Guaviare, Vichada y Orinoco (De Villavicencio a San Fernando de Atabapo) de fr. José de Calasanz Vela Garavito, O.P., cuyos restos descansan en la catedral de Villavicencio desde 1936.

A propósito de Medina y sus 400 años, los dominicos han vuelto a desandar sus pasos evangelizadores, ya que desde el 2 de febrero de 2001 (también en una Fiesta de las Candelas) hacen presencia en el Convento de Santo Domingo de Villavicencio, fundiendo su misión en el embrujo verde, donde el azul del cielo, se confunde con su suelo, en la inmensa lejanía.


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