Juana de Aza, madre de los Dominic@s

|  agosto 07 DE 2019 • fray Duberney Rodas O.P  |

Hoy celebramos la memoria de la beata Juana de Aza, madre de nuestro padre Santo Domingo de Guzmán, y a partir del Evangelio que se nos propone para este día (Viernes XVII T. Ordinario, Mt 13, 54- 58) me propongo resaltar algunos episodios de su vida que nos pueden ser de utilidad, para contemplar en la semblanza espiritual de esta mujer, una ejemplo de fidelidad para nuestros días.

Mateo nos presenta en su relato el asombro de los habitantes del pueblo en el que Jesús creció a causa de la manera en que le ven actuar, “¿de dónde saca este está sabiduría y esos milagros?” e inmediatamente nos permite ver la influencia que tiene el ambiente familiar en la conformación de la personalidad de un individuo, “¿No es el hijo del carpintero? ¿No es su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?Entonces, ¿de dónde saca todo eso?”. En el contexto que nos reúne, preguntemos, ¿De dónde saca Domingo la fe para servir la Palabra? En este sentido podemos encontrar en Juana de Aza, una mujer firme en la transmisión y custodia de la fe en el seno de su familia, una familia privilegiada por la presencia de Dios atestiguada por la santidad de sus miembros (Santo Domingo, el beato Manés, los venerables Antonio y Felix) y en la cual fácilmente podemos entrever la influencia de la madre, que como lo indica Rodrigo de Cerrato, Juana fue “una mujer llena de fe; honrada, honesta, prudente, muy compasiva de los pobres y afligidos y que gozaba de buena fama entre todas las mujeres de aquella tierra”.

Por otra parte hemos entendido que la familia de Jesús se identifica en todos aquellos que siguen la voluntad de Dios: “estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”. En Juana de Aza, podemos encontrar un ejemplo de vida para nuestros días. En un tiempo en el que se pone en entredicho la sacralidad de la vida, y tiene un papel relevante la percepción de las condiciones de vida, para determinar si está es o no digna de ser vivida, como sucede en los diagnósticos prenatales, que buscan identificar la presencia de defectos congénitos en el feto o factores de riesgo para la vida del feto o de la madre y que llevan a la interrupción voluntaria del embarazo, resulta ejemplar la actitud de Juana, de quien Rodrigo de Cerrato, relata: “Vio en sueños que en su seno llevaba un cachorro con una antorcha ardiente en su boca, el cual, una vez salido de su seno, parecía que prendía fuego a todo el mundo”.

Ante la angustia que se advierte en el sueño y que puede reflejar el deseo de una madre y de la familia que espera que el nuevo miembro de la familia llegue a este mundo con buena salud y tenga la posibilidad de desarrollarse en unas condiciones de vida propicias para su desarrollo integral, Juana acude inmediatamente a buscar una respuesta en la interpretación, diríamos en el consejo, proveniente de la Abadía de Silos. Busca calmar su angustia entendiendo en la voluntad de Dios, lo que debe esperar de la bendición que lleva en su vientre. Es fácil comprobar cuantas cosas buenas llega a la vida de la familia que busca constantemente en la voz del Señor, la orientación para enfrentar los retos que se presentan a su alrededor.

Para representar a Santo Domingo, hace parte de su iconografía el cachorro con la tea en la boca. Domingo Itugaiz, en su obra iconografía de Santo Domingo de Guzmán, nos hace algunas puntualizaciones que retomo en este día. El atributo-perro en la historia general del arte cristiano, es emblema universal de fidelidad. En la iconografía primitiva el perro va íntimamente unido a la escena histórica de su nacimiento, se prefiguraba con esta imagen alegórica, que Domingo sería predicador insigne; de sus labios brotaría el fuego de la palabra, con la que encendería el mundo y el corazón de los hombres. Su predicación sería un constante ladrido, para despertar las almas dormidas en el pecado y ahuyentar a los lobos, los herejes.

La voz más clara de la Palabra de Dios, se escucha en el testimonio en favor de los más desfavorecidos, la voz más clara que nos muestra Domingo como predicador de la gracia, es su constante compasión, tal vez habrá aprendido algo desde el hogar. De Juana, dice Rodrigo Cerrato: “era muy compasiva, pues en cierta ocasión viendo los sufrimientos de unos afligidos, después de dar de sus bienes muchas limosnas a los pobres les repartió el vino de su cuba, de la cual se relata un milagro”. Mateo termina hoy el relato diciendo “no hizo allí muchos milagros, por su falta de fe”. Hemos de aprender en el ejemplo de fidelidad de Juana, que una vida sustentada en la fe, nos compromete a la acción y decisión consciente en que Dios hace obras grandes en nosotros.

Con la alegría de celebrar en este día, el don de la fe de esta Santa mujer, que no sólo dio a luz a uno de los más insignes testigos de la Palabra de Dios, sino que también fecunda la vida cristiana con su ejemplo de confianza en la providencia divina y su tenacidad en la búsqueda de la voluntad de Dios, presentemos nuestra oración, confiando en su intercesión, para que la Palabra que recibimos siga siendo fecunda en la protección y defensa de toda vida.

"Predicar siempre, en todas partes y en todos los sentidos"

Santo Domingo de Guzmán

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