¿San Valentín o Día del Amor y Amistad?

|  septiembre 21 DE 2019 • FRAY RODRIGO RIVERO, O.P.  |

A principio de año, más propiamente el 14 de febrero, se suele celebrar en el mundo occidental el día del “Amor y la Amistad”. Esta fecha fue escogida para vincular tal celebración con la intercesión de San Valentín, quien como sacerdote católico se esforzó por bendecir muchos matrimonios entre parejas jóvenes en secreto, poniendo en riesgo su libertad y hasta la propia vida ya que aquella ceremonia nupcial era prohibida por el mismísimo Emperador Claudio II, el cual creía que los jóvenes romanos al casarse no estarían en condiciones idóneas para ir a batallar.  San Valentín hizo caso omiso a las leyes romanas y a tales caprichos imperiales, él prefirió agradar a Dios y atender a las necesidades de sus hermanos, cosa que le costó la vida, pues cuando fue descubierto en plena celebración del sacramento del matrimonio fue capturado y decapitado inmediatamente. ¿Qué día fue eso? Nada más ni nada menos que un 14 de febrero.

Pero en Colombia el día del “Amor y la Amistad” no es en febrero sino en septiembre, el tercer sábado de este mes. ¿Por qué? Según varios historiadores se trasladó la fecha de febrero a septiembre por razones netamente comerciales, fue pura estrategia de mercadeo puesto que en febrero, al inicio del año escolar, los colombianos no contamos con dinero suficiente para más gastos aparte de los utensilios escolares. Entonces, viendo que septiembre era un mes tibio, sin mayores celebraciones, decidieron unánimemente aplazar la fecha para aprovechar el bolsillo solvente de todos los ciudadanos enamorados. Un cabezazo de los comerciantes colombianos, quienes sin cambiar el sentido ni el patrocinio de San Valentín, consiguieron sacar más provecho de la situación.

En cierto modo, como aquellos astutos comerciantes colombianos de 1969, año del traslado de fechas, fue el comportamiento del administrador del evangelio del día de hoy (Lc 16,1-13), dado que en ambos casos se lograron convertir los problemas en oportunidades. El administrador deshonesto, razón por la cual va a perder su trabajo, también supo utilizar el viento en contra a favor, puesto que ante la amenaza de desempleo decidió hábilmente “ganarse amigos con el dinero de la injusticia” (v.9); este funcionario fue sagaz al preferir dedicar sus últimas jugadas laborales en condonar deudas de aquellos que se encontraban en peores condiciones que él y así ganarse sus amistades. Hizo del dinero un medio, no un fin.

Y aunque estas figuras bíblica y colombianas no sean las más loables para seguir, el Nazareno nos está señalando a través de estos personajes que nuestro único fin tiene que ser Dios y la construcción de su reino. Quienes seguimos los pasos de Jesús, nuestro Maestro, no debemos desorientarnos de nuestra meta, ni perder nuestro curso; para nosotros todo lo demás, el dinero, los títulos universitarios, los cargos laborales, los bienes raíces y hasta las festividades como la del “Amor y la Amistad” o “San Valentín” son medios ‘para’, pero jamás serán un fin en sí mismos.

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