DOMINGO XIII del Tiempo Ordinario (Semana Julio 2-8)

Por: Fr. Johnatan Castro Gómez, O.P.
Primer año de Filosofía

Evangelio: Marcos 5, 21-43

El mensaje evangélico que ha sido proclamado en la liturgia de este domingo evoca las palabras del salmista cuando exclama “Yahvé Dios mío, te pedí auxilio y me curaste” (sal 30 (29) ,3) evidentemente esta celebración semanal de la Resurrección del Señor tiene como meta presentarnos el auxilio y la cura con que Dios se ha manifestado de una manera concluyente y exclusiva, benéfica y suficiente, Jesucristo, la Omnipotencia, Gracia y Verdad de Dios en persona, el mismo que curó a la hemorroisa y resucitó a la hija de Jairo.

Tal como nos presenta el evangelio del día de hoy a Jesús el taumaturgo, habrá que enfatizar en la invitación que se nos hace en el día de hoy a la fe: “Me phoboû, monon pisteue” (no temas, cree) ya que los milagros de Jesús considerados como la irrupción de la acción de Dios exige que uno se ponga por completo a la acción de Dios (1). Por eso uno de los aspectos más relevantes del relato de la resurrección de la hija de Jairo y de la curación de la hemorroisa es la actitud que presentan los personajes de los episodios evangélicos ante Jesús, pues Él exige una actitud ante su mensaje y ante su persona, que como bien expresaba más arriba, es epifanía de Dios, así la fe se define como “la confianza que no se deja disuadir” (2). Sin embargo, es necesario entender que en los relatos se presenta en marcada la actitud de Jairo y de la hemorroisa en una fe suplicante, anticipada a la curación milagrosa. Por eso, las exigencias de señales (Mc 8, 11) y milagros espectaculares (Mc 15, 32) son rechazadas por Jesús, ya que sus milagros no son sensacionalismos ni espectáculos que suscitan admiración, ni mucho menos sus acciones prodigiosas son quebrantos de las leyes de la naturaleza, antes bien sus actos milagrosos desvelan la intervención de Dios sobre su pueblo y sobre el mundo. Estos milagros atestiguan la santidad de Jesús, y este es el testimonio de la Iglesia, ella proclama a Jesús como la acción de Dios por excelencia, con razón afirmaba San Ambrosio de Milán: “Mientras caminaba el Verbo de Dios hacia la hija de éste jefe, para salvar a los hijos de Israel, la Santa Iglesia, congregada de entre los gentiles, que parecía cayendo en las faltas más bajas, arrebató por su fe la salvación preparada para otros”.

La fe nos da la posibilidad de expresar la experiencia de Jesús en la cual en sus acciones y en sus palabras es Dios mismo quien sale a encontrarse con los hombres y las mujeres, este encuentro es siempre un acto liberador, una experiencia de sanación y de resurrección por eso leemos en el libro de la sabiduría: “Él creó todo para que subsistiera: las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de muerte”.(Sb 1, 14). Que el evangelio de este día nos permita comprender que la acción milagrosa de Cristo se sigue dando en una experiencia de gracia que se realiza en la mediada en que nosotros por la fe nos hacemos partícipes del Reino y escuchamos la voz del maestro que nos dice: “cree no más” (Mr. 5, 36)

(1) KAREER, M. Jesucristo en el Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca: 2002, p. 364

(2) JEREMIAS, J. Teología del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca: 2001, p. 193

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Última actualización: Septiembre 16 de 2006