El
mensaje evangélico que ha sido proclamado en la liturgia
de este domingo evoca las palabras del salmista cuando exclama
“Yahvé Dios mío, te pedí auxilio
y me curaste” (sal 30 (29) ,3) evidentemente esta celebración
semanal de la Resurrección del Señor tiene como
meta presentarnos el auxilio y la cura con que Dios se ha manifestado
de una manera concluyente y exclusiva, benéfica y suficiente,
Jesucristo, la Omnipotencia, Gracia y Verdad de Dios en persona,
el mismo que curó a la hemorroisa y resucitó a
la hija de Jairo.
Tal como nos presenta el evangelio del día de hoy a Jesús
el taumaturgo, habrá que enfatizar en la invitación
que se nos hace en el día de hoy a la fe: “Me phoboû,
monon pisteue” (no temas, cree) ya que los milagros de
Jesús considerados como la irrupción de la acción
de Dios exige que uno se ponga por completo a la acción
de Dios (1). Por eso uno de los
aspectos más relevantes del relato de la resurrección
de la hija de Jairo y de la curación de la hemorroisa
es la actitud que presentan los personajes de los episodios
evangélicos ante Jesús, pues Él exige una
actitud ante su mensaje y ante su persona, que como bien expresaba
más arriba, es epifanía de Dios, así la
fe se define como “la confianza que no se deja disuadir”
(2). Sin embargo, es necesario
entender que en los relatos se presenta en marcada la actitud
de Jairo y de la hemorroisa en una fe suplicante, anticipada
a la curación milagrosa. Por eso, las exigencias de señales
(Mc 8, 11) y milagros espectaculares (Mc 15, 32) son rechazadas
por Jesús, ya que sus milagros no son sensacionalismos
ni espectáculos que suscitan admiración, ni mucho
menos sus acciones prodigiosas son quebrantos de las leyes de
la naturaleza, antes bien sus actos milagrosos desvelan la intervención
de Dios sobre su pueblo y sobre el mundo. Estos milagros atestiguan
la santidad de Jesús, y este es el testimonio de la Iglesia,
ella proclama a Jesús como la acción de Dios por
excelencia, con razón afirmaba San Ambrosio de Milán:
“Mientras caminaba el Verbo de Dios hacia la hija de éste
jefe, para salvar a los hijos de Israel, la Santa Iglesia, congregada
de entre los gentiles, que parecía cayendo en las faltas
más bajas, arrebató por su fe la salvación
preparada para otros”.
La fe nos da la posibilidad de expresar la experiencia de Jesús
en la cual en sus acciones y en sus palabras es Dios mismo quien
sale a encontrarse con los hombres y las mujeres, este encuentro
es siempre un acto liberador, una experiencia de sanación
y de resurrección por eso leemos en el libro de la sabiduría:
“Él creó todo para que subsistiera: las
criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas veneno de
muerte”.(Sb 1, 14). Que el evangelio de este día
nos permita comprender que la acción milagrosa de Cristo
se sigue dando en una experiencia de gracia que se realiza en
la mediada en que nosotros por la fe nos hacemos partícipes
del Reino y escuchamos la voz del maestro que nos dice: “cree
no más” (Mr. 5, 36)
(1)
KAREER, M. Jesucristo en el Nuevo Testamento. Sígueme.
Salamanca: 2002, p. 364
(2)
JEREMIAS,
J. Teología del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca:
2001, p. 193
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