DOMINGO XIX del Tiempo Ordinario. Ciclo B
(Semana Agosto 13-19)

HOMILÍA

Lecturas del día

Primera Lectura: 1 Re. 19, 4-8

En aquellos días, Elías continuó por el desierto una jornada de camino, y, al final, se sentó bajo una retama y se deseó la muerte: "¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida, que yo no valgo más que mis padres!" Se echó bajo la remata y se durmió. De pronto un ángel lo tocó y le dijo: "¡Levántate, come!" Miró Elías, y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar. Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo: "¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas." Elías se levantó, comió y bebió, y, con la fuerza de aquel alimento, caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.

Segunda Lectura: Ef. 4,30 - 5,2

Hermanos: No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.

EVANGELIO: Juan 6,41-51

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo", y decían: "No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?" Jesús tomó la palabra y les dijo: "No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

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HOMILÍA:
Jesucristo, Pan de Vida eterna

Por: Fr. John Alexander Sánchez B.., O.P.
Segundo año de Teología

Con un matiz completamente diferente al de la multiplicación de los panes, para este domingo, XIX del tiempo ordinario, aparece nuevamente el tema de la comida, que trata el evangelista Juan en su capitulo 6, y que había sido interrumpido por la celebración que tuvimos hace una semana: La Transfiguración del Señor. Jesús se ha dado cuenta que lo buscaban porque habían comido y se habían saciado, más no porque lo considerasen como el salvador, como el Hijo de Dios vivo (Mt. 16,16) y aprovechando el momento se ofrece como el alimento por excelencia; por este motivo se presenta ahora como la verdadera comida, como el pan que ha bajado del cielo, pan de vida, que se entrega para dar la vida eterna.

Como todas las actuaciones de Jesús, ésta actuación suscita en sus interlocutores una reacción que se opone a la revelación que hace Jesús de si mismo, del Padre y del plan de salvación trazado para el hombre. Esta actitud reacia a las palabras de Jesús, se da simplemente porque los interlocutores, los judíos que lo escuchaban, no comprenden lo que Jesús les dice, lo que los lleva a que “murmuren” de Él, situación que podemos repetir constantemente cuando no entendemos lo que Jesús nos dice, cuando no entendemos que la misión que recibe Jesús del Padre es de ser Pan de Vida para el mundo, o cuando creemos que Jesús es el “utilero” que está atento a solucionar nuestras esporádicas necesidades.

Sin embargo, mediante el signo y la fuerza de su Palabra, Jesús hace de ésta situación adversa, una situación pedagógica mediante la cual se sigue revelando, indicando la actuación del Padre que atrae hacia el Hijo la respuesta del hombre, que cree por fe, y la acción del mismo Jesús que resucita (CABA, José, S.J. Cristo, Pan de Vida. Teología eucarística del IV Evangelio. B.A.C. 1993 p. 294).

Ahora bien, estos tres momentos que podemos rescatar del Evangelio (la actuación del Padre, la respuesta del hombre y la acción de Jesús), se enmarcan en un contexto eucarístico, cuyo núcleo fundamental es la Resurrección, o vida nueva que Jesús comunicará a través de su Cuerpo y de su Sangre. Jesús, como pan vivo bajado del cielo, ofrece la vida eterna que no ofrecía el maná del desierto; pero esta vida no es la vida material o física, sino la vida que se posee por la fe, la participación para siempre de la vida propia de Jesús.

Llegar a comprender que Jesús nos da la vida eterna no es una tarea fácil, por nuestra incapacidad natural de discernir las cosas de Dios, lo que hace necesario:

• Que Dios actué en nosotros, regalándonos el don de la fe atrayéndonos hacia su Hijo (Jn 6, 44)
• Escuchar al Padre, y aprender de Él (Jn 6, 45)
• Reconocer con la ayuda de Dios que al comer del Pan vivo (el Cuerpo y la Sangre de Cristo), no sólo no se muere, sino que se vivirá para siempre

Finalmente considero que seguir a Cristo se constituye en un constante discernir sobre quién es y que significa Él para nuestra vida, reconocer cuál es nuestro interés al acercarnos a la vida de Jesús, de modo que podamos participar de su vida divina, permaneciendo en Él, y Él en nosotros.

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Última actualización: Septiembre 16 de 2006