En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con
Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y
enseñado. Él les dijo: "Venid vosotros solos
a un sitio tranquilo a descansar un poco." Porque eran
tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo
ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de
todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y
se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud
y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas
sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.
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HOMILÍA
Por: Fr.
Nelson Medina Ferrer, O.P.
Doctorando en Teología. Irlanda
1.
Damos la palabra al Doctor de la Gracia
1.1 Hoy damos la palabra a san Agustín
de Hipona, llamado con razón el "Doctor de la Gracia",
por su admirable y extensa exposición del amor divino
y su obra redentora en nosotros.
1.2
En efecto, tanto la primera lectura como el evangelio de este
domingo traen a nuestra mente la imagen del pastor y de pastorear.
Y hay un texto clásico en san Agustín, sobre este
tema vital; es su sermón 46 "sobre los pastores".
De él tomamos lo que sigue. La numeración es nuestra.
2.
El nombre y la realidad
2.1 Ya que hay pastores a quienes les
gusta que les llamen pastores, pero que no quieren cumplir con
su oficio, tratemos de examinar lo que se les dice por medio
del profeta. Vosotros escuchad con atención, y nosotros
escuchemos con temor.
2.2
Me vino esta palabra del Señor: "Hijo de Adán,
profetiza contra los pastores de Israel, profetiza diciéndoles."
Acabamos de escuchar esta lectura; ahora podemos comentarla
con vosotros. El Señor nos ayudará a decir cosas
que sean verdaderas, en vez de decir cosas que sólo sean
nuestras. Pues, si sólo dijésemos las nuestras,
seríamos pastores que nos estaríamos apacentando
a nosotros mismos, y no a las ovejas; en cambio, si lo que decimos
es suyo, él es quien os apacienta, sea por medio de quien
sea. Esto dice el Señor: "¡Ay de los pastores
de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿No son
las ovejas lo que tienen que apacentar los pastores?" Es
decir, que no tienen que apacentarse a sí mismos, sino
a las ovejas. Ésta es la primera acusación dirigida
contra estos pastores, la de que se apacientan a sí mismos
en vez de apacentar a las ovejas. ¿Y quiénes son
ésos que se apacientan a sí mismos? Los mismos
de los que dice el Apóstol: Todos sin excepción
buscan su interés, no el de Jesucristo.
2.3
Por nuestra parte, nosotros que nos encontramos en este ministerio,
del que tendremos que rendir una peligrosa cuenta, y en el que
nos puso el Señor según su dignación y
no según nuestros méritos, hemos de distinguir
claramente dos cosas completamente distintas: la primera, que
somos cristianos, y, la segunda, que somos obispos. Lo de ser
cristianos es por nuestro propio bien; lo de ser obispos, por
el vuestro. En el hecho de ser cristianos, se ha de mirar a
nuestra utilidad; en el hecho de ser obispos, la vuestra únicamente.
2.4
Son muchos los cristianos que no son obispos y llegan a Dios
quizás por un camino más fácil y moviéndose
con tanta mayor agilidad, cuanto que llevan a la espalda un
peso menor. Nosotros, en cambio, además de ser cristianos,
por lo que habremos de rendir a Dios cuentas de nuestra vida,
somos también obispos, por lo que habremos de dar cuenta
a Dios del cumplimiento de nuestro ministerio.
3.
Cuidar de los débiles y pequeños
3.1 "No fortalecéis a las
ovejas débiles", dice el Señor. Se lo dice
a los malos pastores, a los pastores falsos, a los pastores
que buscan su interés y no el de Jesucristo, que se aprovechan
de la leche y la lana de las ovejas, mientras que no se preocupan
de ellas ni piensan en fortalecer su mala salud. Pues me parece
que hay alguna diferencia entre estar débil, o sea, no
firme -ya que son débiles los que padecen alguna enfermedad-,
y estar propiamente enfermo, o sea con mala salud.
3.2
Desde luego que estas ideas que nos estamos esforzando por distinguir
las podríamos precisar, por nuestra parte, con mayor
diligencia, y por supuesto que lo haría mejor cualquier
otro que supiera más o fuera más fervoroso; pero,
de momento, y para que no os sintáis defraudados, voy
a deciros lo que siento, como comentario a las palabras de la
Escritura. Es muy de temer que al que se encuentra débil
no le sobrevenga una tentación y le desmorone. Por su
parte, el que está enfermo es ya esclavo de algún
deseo que le está impidiendo entrar por el camino de
Dios y someterse al yugo de Cristo.
3.3
Pensad en esos hombres que quieren vivir bien, que han determinado
ya vivir bien, pero que no se hallan tan dispuestos a sufrir
males, como están preparados a obrar el bien. Sin embargo,
la buena salud de un cristiano le debe llevar no sólo
a realizar el bien, sino también a soportar el mal. De
manera que aquellos que dan la impresión de fervor en
las buenas obras, pero que no se hallan dispuestos o no son
capaces de sufrir los males que se les echan encima, son en
realidad débiles. Y aquellos que aman el mundo y que
por algún mal deseo se alejan de las buenas obras, éstos
están delicados y enfermos, puesto que, por obra de su
misma enfermedad, y como si se hallaran sin fuerza alguna, son
incapaces de ninguna obra buena.