DOMINGO XVII del Tiempo Ordinario. Ciclo B
(Semana Julio 23-30)

HOMILÍA

Lecturas del día

Primera Lectura: 2 Re.4, 42-44

En aquellos días, uno de Baal-Salisá vino a traer al profeta Eliseo el pan de las primicias, veinte panes de cebada y grano reciente en la alforja. Eliseo dijo: "Dáselos a la gente, que coman." El criado replicó: "¿Qué hago yo con esto para cien personas?" Eliseo insistió: "Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el Señor: Comerán y sobrará." Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró, como había dicho el Señor.

Segunda Lectura: Ef. 4, 1-6

Hermanos: Yo, el prisionero por el Señor, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados. Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido convocados. Un Señor, una fe, un bautismo. Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo.


EVANGELIO: Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?" Lo decía para tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe contestó: "Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo." Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?" Jesús dijo: "Decid a la gente que se siente en el suelo." Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: "Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: "Éste sí que es el Profeta que tenía que venir la mundo." Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

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HOMILÍA: Lo poco es mucho

Por: Fr. Héctor Mauricio Vargas, O.P.
Segundo año de Teología

Nuestra Iglesia es muy sabia, pues ha dispuesto la liturgia de manera tal que en los domingos, las lecturas estén conectadas para de esta forma enviar el mensaje salvífico a su pueblo. Dicha conexión muestra las señales de la presencia del Reino de Dios con lo que llamamos milagros, pero este milagro no tiene que ver con resucitar muertos, ni sanar enfermos; sino que se trata de dar alimento, de abundancia.

El libro de los Reyes nos muestra la confianza de Eliseo, quien siendo profeta con un signo de confianza en la providencia de Dios da las indicaciones para repartir el pan, aún sabiendo que la cantidad de este no era suficiente para los presentes. Esta confianza se ve reflejada en las palabras del mismo Eliseo: “Comerán y sobrará”. Estos mismos rasgos los vemos reflejados en el Evangelio, pues narra un momento de escasez, con una multitud de personas para alimentar. Sin embargo, el Evangelio es más rico en signos y más estructurado, presenta una situación y circunstancias, una preparación del banquete, la abundante comida, y por último, el efecto de la señal sobre la multitud y sobre la conducta de Jesús (*).

Es interesante el momento que refleja el Evangelio, cuando los discípulos muestran lo poco que tienen: cinco panes y dos peces, ofrecido por un muchacho. Jesús hace de lo poco ofrecido, una abundancia para saciar a los que tienen hambre. Esta misma medida la hace el Padre con nosotros. Recordemos el inicio del Evangelio de San Juan, cuando relata la encarnación y muestra la preexistencia del Hijo de Dios quien toma lo poco, o sea la naturaleza humana, con todas sus realidades, excepto el pecado, para dar lo máximo: Jesús el Pan de Vida y hacer posible la salvación.

La cristología en este texto es rica, pues comparando este pasaje con los sinópticos (Marcos y Mateo), en la preparación del banquete y la repartición del mismo, no son los discípulos los que reparten el pan, sino es Él mismo quien lo hace, como prefigurando su ofrenda grande, única y sin reservas por nosotros. Cuando hablo sin reservas, es el indicador de abundancia. Abundancia que hoy nos muestra los dos textos, pero que en el evangelio se percibe por el excedente de comida después que todos comieron. Estos excedentes son tratados por el evangelista con un significado importante, pues no deja que se desperdicie, sino que les dice a sus discípulos que los recojan para que no se pierdan. He aquí una tarea para los discípulos, no dejar perder los dones, en este caso el pan y los peces que sobran, pues más adelante pueden ser útiles en momentos de hambre.

Por todo lo anterior debemos recordar:

Lo que tengamos para ofrecer a Dios, así sea poco, Dios lo hace abundante y tiene efectos favorables cuando se piensa en los demás
Jesús ya se ha ofrecido por nosotros sin reservas, nosotros debemos hacer memorial de ello para hacer lo mismo por nuestro prójimo
Nuestro deber como cristianos es administrar los bienes que por gracia recibimos de la mejor manera para que den fruto en aquellos con quienes compartimos nuestra vida
El Señor que siempre se nos ofrece en la eucaristía como El Pan para todos, nos ayude para ser ofrenda para Él y los demás, de esta manera hacer visible el Reino de Dios entre nosotros con elementos de justicia y de paz

(*) SCHNACKENBURG, Rudolf. El Evangelio de San Juan, vol II. Herder. Barcelona: 1980. p. 33
 

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Última actualización: Septiembre 16 de 2006