En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte
del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía
mucha gente, porque habían visto los signos que hacía
con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña
y se sentó allí con sus discípulos. Estaba
cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús
entonces levantó los ojos, y al ver que acudía
mucha gente, dice a Felipe: "¿Con qué compraremos
panes para que coman éstos?" Lo decía para
tentarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer.
Felipe contestó: "Doscientos denarios de pan no
bastan para que a cada uno le toque un pedazo." Uno de
sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón
Pedro, le dice: "Aquí hay un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué
es eso para tantos?" Jesús dijo: "Decid a la
gente que se siente en el suelo." Había mucha hierba
en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos
cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción
de gracias y los repartió a los que estaban sentados,
y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron,
dice a sus discípulos: "Recoged los pedazos que
han sobrado; que nada se desperdicie." Los recogieron y
llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de
cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente
entonces, al ver el signo que había hecho, decía:
"Éste sí que es el Profeta que tenía
que venir la mundo." Jesús entonces, sabiendo que
iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró
otra vez a la montaña él solo.
-
-- -- -- - -- -- -- - -- -- -- - -- -- -- - -- -- -- - -- --
-- - ---- -- -- - -- -- -- - -- -- -- - -- -- -- - -- -- --
- -- -- -- -- - -- --
HOMILÍA:
Lo poco es mucho
Por: Fr.
Héctor Mauricio Vargas, O.P.
Segundo año de Teología
Nuestra
Iglesia es muy sabia, pues ha dispuesto la liturgia de manera
tal que en los domingos, las lecturas estén conectadas
para de esta forma enviar el mensaje salvífico a su pueblo.
Dicha conexión muestra las señales de la presencia
del Reino de Dios con lo que llamamos milagros, pero este milagro
no tiene que ver con resucitar muertos, ni sanar enfermos; sino
que se trata de dar alimento, de abundancia.
El libro de los Reyes nos muestra la confianza de Eliseo, quien
siendo profeta con un signo de confianza en la providencia de
Dios da las indicaciones para repartir el pan, aún sabiendo
que la cantidad de este no era suficiente para los presentes.
Esta confianza se ve reflejada en las palabras del mismo Eliseo:
“Comerán y sobrará”. Estos mismos
rasgos los vemos reflejados en el Evangelio, pues narra un momento
de escasez, con una multitud de personas para alimentar. Sin
embargo, el Evangelio es más rico en signos y más
estructurado, presenta una situación y circunstancias,
una preparación del banquete, la abundante comida, y
por último, el efecto de la señal sobre la multitud
y sobre la conducta de Jesús
(*).
Es
interesante el momento que refleja el Evangelio, cuando los
discípulos muestran lo poco que tienen: cinco panes y
dos peces, ofrecido por un muchacho. Jesús hace de lo
poco ofrecido, una abundancia para saciar a los que tienen hambre.
Esta misma medida la hace el Padre con nosotros. Recordemos
el inicio del Evangelio de San Juan, cuando relata la encarnación
y muestra la preexistencia del Hijo de Dios quien toma lo poco,
o sea la naturaleza humana, con todas sus realidades, excepto
el pecado, para dar lo máximo: Jesús el Pan de
Vida y hacer posible la salvación.
La cristología en este texto es rica, pues comparando
este pasaje con los sinópticos (Marcos y Mateo), en la
preparación del banquete y la repartición del
mismo, no son los discípulos los que reparten el pan,
sino es Él mismo quien lo hace, como prefigurando su
ofrenda grande, única y sin reservas por nosotros. Cuando
hablo sin reservas, es el indicador de abundancia. Abundancia
que hoy nos muestra los dos textos, pero que en el evangelio
se percibe por el excedente de comida después que todos
comieron. Estos excedentes son tratados por el evangelista con
un significado importante, pues no deja que se desperdicie,
sino que les dice a sus discípulos que los recojan para
que no se pierdan. He aquí una tarea para los discípulos,
no dejar perder los dones, en este caso el pan y los peces que
sobran, pues más adelante pueden ser útiles en
momentos de hambre.
Por
todo lo anterior debemos recordar:
Lo que tengamos para ofrecer a Dios, así sea poco,
Dios lo hace abundante y tiene efectos favorables cuando se
piensa en los demás
Jesús ya se ha ofrecido por nosotros sin reservas,
nosotros debemos hacer memorial de ello para hacer lo mismo
por nuestro prójimo
Nuestro deber como cristianos es administrar los bienes que
por gracia recibimos de la mejor manera para que den fruto
en aquellos con quienes compartimos nuestra vida
El Señor que siempre se nos ofrece en la eucaristía
como El Pan para todos, nos ayude para ser ofrenda para Él
y los demás, de esta manera hacer visible el Reino
de Dios entre nosotros con elementos de justicia y de paz