En
aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su
hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se
transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como
el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y
se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro,
entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien
se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti,
otra para Moisés y otra para Elías." Todavía estaba hablando
cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz
desde la nube decía: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.
Escuchadle." Al oírlo, los discípulos cayeron, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis."
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis
a nadie esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite
de entre los muertos."
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HOMILÍA:
¿Deje así?
Por: Fr.
Juan Carlos Rubiano M., O.P.
Tercer año de Teología
La
tarde de éste sábado, para quienes oramos según el ciclo de
la Liturgia de las Horas, tendremos que cambiar de nuevo el
tomo del Breviario. Nos encontramos en las últimas 16 semanas
del Tiempo Ordinario, el cual concluye para dar paso al Adviento.
Para quienes no oran según el ciclo antes mencionado, pero
participan de la Eucaristía dominical, a partir del sábado
en la tarde celebra la Iglesia La Transfiguración
del Señor, festividad de gran importancia para
todos los cristianos. Pero... ¿por qué?
¿Acaso
puede decirle algo al hombre de hoy el hecho de saber que
un "personaje ilustre" (sólo eso, para muchos), llamado Jesús
de Nazareth, subió a lo alto de una montaña con algunos de
sus discípulos, habló con dos personajes (ya fallecidos: Moisés
y Elías), y experimentó un repentido resplandor? Para el común
de nuestra secularizada sociedad actual, quizá muy poco. Tal
vez nada.
¿Qué
puede decir la Iglesia ante la situación actual? Es fácil
percibir algunas tendencias, claramente marcadas, y que no
dejan de ser tentadoras:
1.
Vuelta atrás
Para
muchos creyentes en Cristo, la solución está en impedir
a toda costa un posible cambio dentro de la Iglesia.
Todo lo que suene a "nuevos métodos, nuevo ardor", según
un discurso de S.S. Juan Pablo II, es visto con sospecha,
y puesto en tela de juicio. Su solución es: cuidar, mantener,
conservar. Son aquellos que prefieren la seguridad de la
Ley y los Profetas (representados en el Evangelio de hoy
por las figuras de Moisés y Elías), que el resplandor ocasionado
por el encuentro con Jesús, que es Dios de vivos, no de
muertos.
2.
Espanto y sumisión
Es
de notar la actitud de Pedro, Santiago y Juan, quienes cayeron
de espanto ante el resplandor de la Transfiguración de Jesús,
y estaban dispuestos a "construir" algo, hacer muchas cosas,
para agradar a Jesús. Su solución es: cumplir por temor.
Pero Él, que más necesita de nuestro corazón que de nuestras
obras y de nuestras ideas, simplemente les dice: "Levantaos,
no temáis".
3.
"Deje así"
Esta
popular expresión, hecha más popular por un humorista colombiano,
a quien Dios bendiga, es la expresión más propia de aquellos
para quienes transcurre su vida de un modo totalmente ajeno
al Evangelio, aún siendo bautizados. Y es doloroso constatar
esto en los distintos estados de vida del pueblo de Dios.
El Padre, Dios Padre, dice a los discípulos: "Éste es mi
Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo".
La
invitación de Dios
Es
clara la invitación de Dios: Escuchar a su Hijo, a Jesucristo.
Y antes que acompañarlo a una alta montaña, antes que ser
deslumbrados o espantados por su presencia, antes que simplemente
tratar de cumplir con los preceptos de la antigua alianza,
y antes que hacer muchas obras, lo importante es escuchar
la voz de Dios que retumba en lo más profundo de nuestro corazón,
de modo que nuestra vida sea iluminada por el esplendor de
su existencia divina. Ya después bajaremos con Él de la montaña,
y podremos llevar un poco de claridad a tantar personas que
viven destrozando su vida, y naufragando en medio de vicios
y pecados, arrastrando consigo a muchos.
Que
Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores,
quien partió de éste mundo para el definitivo encuentro con
Dios el 6 de Agosto de 1.221, nos ayude con su oración a quienes
queremos predicar el Evangelio del amor de Dios, de modo que
vivamos nuestra existencia experimentando en nosotros el resplandor
de Jesucristo, a semejanza suya, y seamos luz, aún en medio
de tanta oscuridad.
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