DOMINGO XVIII del Tiempo Ordinario. Ciclo B
(Semana Agosto 6-12)

HOMILÍA

Lecturas del día

Primera Lectura: Dn 7,9-10.13-14

Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Segunda Lectura: 2 Pe 1,16-19

Queridos hermanos: Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria pronunció aquella voz: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto." Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.


EVANGELIO: Mateo 17,1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: "Éste es mi Hijo amado, mi predilecto. Escuchadle." Al oírlo, los discípulos cayeron, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: "Levantaos, no temáis." Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos."

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HOMILÍA: ¿Deje así?

Por: Fr. Juan Carlos Rubiano M., O.P.
Tercer año de Teología

La tarde de éste sábado, para quienes oramos según el ciclo de la Liturgia de las Horas, tendremos que cambiar de nuevo el tomo del Breviario. Nos encontramos en las últimas 16 semanas del Tiempo Ordinario, el cual concluye para dar paso al Adviento.

Para quienes no oran según el ciclo antes mencionado, pero participan de la Eucaristía dominical, a partir del sábado en la tarde celebra la Iglesia La Transfiguración del Señor, festividad de gran importancia para todos los cristianos. Pero... ¿por qué?

¿Acaso puede decirle algo al hombre de hoy el hecho de saber que un "personaje ilustre" (sólo eso, para muchos), llamado Jesús de Nazareth, subió a lo alto de una montaña con algunos de sus discípulos, habló con dos personajes (ya fallecidos: Moisés y Elías), y experimentó un repentido resplandor? Para el común de nuestra secularizada sociedad actual, quizá muy poco. Tal vez nada.

¿Qué puede decir la Iglesia ante la situación actual? Es fácil percibir algunas tendencias, claramente marcadas, y que no dejan de ser tentadoras:

1. Vuelta atrás

Para muchos creyentes en Cristo, la solución está en impedir a toda costa un posible cambio dentro de la Iglesia. Todo lo que suene a "nuevos métodos, nuevo ardor", según un discurso de S.S. Juan Pablo II, es visto con sospecha, y puesto en tela de juicio. Su solución es: cuidar, mantener, conservar. Son aquellos que prefieren la seguridad de la Ley y los Profetas (representados en el Evangelio de hoy por las figuras de Moisés y Elías), que el resplandor ocasionado por el encuentro con Jesús, que es Dios de vivos, no de muertos.

2. Espanto y sumisión

Es de notar la actitud de Pedro, Santiago y Juan, quienes cayeron de espanto ante el resplandor de la Transfiguración de Jesús, y estaban dispuestos a "construir" algo, hacer muchas cosas, para agradar a Jesús. Su solución es: cumplir por temor. Pero Él, que más necesita de nuestro corazón que de nuestras obras y de nuestras ideas, simplemente les dice: "Levantaos, no temáis".

3. "Deje así"

Esta popular expresión, hecha más popular por un humorista colombiano, a quien Dios bendiga, es la expresión más propia de aquellos para quienes transcurre su vida de un modo totalmente ajeno al Evangelio, aún siendo bautizados. Y es doloroso constatar esto en los distintos estados de vida del pueblo de Dios. El Padre, Dios Padre, dice a los discípulos: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo".

La invitación de Dios

Es clara la invitación de Dios: Escuchar a su Hijo, a Jesucristo. Y antes que acompañarlo a una alta montaña, antes que ser deslumbrados o espantados por su presencia, antes que simplemente tratar de cumplir con los preceptos de la antigua alianza, y antes que hacer muchas obras, lo importante es escuchar la voz de Dios que retumba en lo más profundo de nuestro corazón, de modo que nuestra vida sea iluminada por el esplendor de su existencia divina. Ya después bajaremos con Él de la montaña, y podremos llevar un poco de claridad a tantar personas que viven destrozando su vida, y naufragando en medio de vicios y pecados, arrastrando consigo a muchos.

Que Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, quien partió de éste mundo para el definitivo encuentro con Dios el 6 de Agosto de 1.221, nos ayude con su oración a quienes queremos predicar el Evangelio del amor de Dios, de modo que vivamos nuestra existencia experimentando en nosotros el resplandor de Jesucristo, a semejanza suya, y seamos luz, aún en medio de tanta oscuridad.

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Última actualización: Septiembre 16 de 2006