En
aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al
oírlo, dijeron: "Este modo de hablar es duro,
¿quién puede hacerle caso?" Adivinando
Jesús que sus discípulos lo criticaban, les
dijo: "¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais
al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu
es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras
que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos
de vosotros no creen. "Pues Jesús sabía
desde el principio quiénes no creían y quién
lo iba a entregar. Y dijo: "Por eso os he dicho que nadie
puede venir a mí, si el Padre no se lo concede."
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron
atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús
les dijo a los Doce: "¿También vosotros
queréis marcharos?" Simón Pedro le contestó:
"Señor, ¿a quién vamos a acudir?
Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos
y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios."
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HOMILÍA:
Con la ayuda del Espíritu
Por: Fr.
Alonso Arévalo Martínez, O.P.
Primer año de Filosofía
Apreciado
lector, los textos que la liturgia nos propone para este día
son muy útiles para nuestras vidas como cristianos,
puesto que tienen un gran mensaje; por tal motivo deseo, en
lugar de abarcar todos los textos, pues tengo bien claro que
“el que abarca mucho poco aprieta”, centrarme
solo en el evangelio del día, el cual nos presenta
un tema muy interesante: El poder del Espíritu Santo.
Para
sustraer dicho mensaje, considero que primero es necesario
contextualizar la perícopa que hoy nos presenta el
evangelista San Juan, ya que ella es continuidad del capitulo
6 de dicho evangelio, en el que Juan nos presenta el cierre
del ministerio de Jesús en Galilea. Seguidamente me
dedicaré a hablar del texto del día, y por último
concluiré con una reflexión teológica.
Pues
bien, como ya lo dije, esta parte del evangelio es continuidad
del texto que escuchábamos el domingo pasado, en el
cual Jesús se muestra como verdadero pan de vida, y
no una vida cualquiera, sino vida eterna (Jn 6, 48).
El
texto pasado junto con el de hoy y otros que los preceden
en el mismo capitulo 6, forman parte del llamado “Discurso
en la Sinagoga de Cafarnaúm”; nombre que es dado
debido al acontecimiento que en él se narra (6, 59).
Ya que, como lo leemos en el evangelio, Jesús se encontraba
en la Sinagoga junto a sus doce apóstoles (de la palabra
griega apóstolos: 'enviados'), a sus discípulos
(estudiante o aprendiz) y a un grupo de seguidores, de los
cuales la gran mayoría le seguían por el alimento
que Jesús les había dado días atrás
(6, 26) y no por su palabra.
Jesús
les había hablado de la importancia de comer su carne
y beber su sangre, pero no de manera literal, sino comparativa,
es decir, la carne de la que se habla no es propiamente la
que se le presenta ante los seguidores, y la sangre no es
la que corre por su venas, sino que es lo que después
se convertirá, gracias al Espíritu Santo, en
alimento imperecedero y dador de vida: La Eucaristía.
Debido a lo anterior, a éste discurso se le cataloga
como discurso Eucarístico.
Ahora
bien, hablando propiamente del texto de hoy, hay que decir
que en esta perícopa se nos presenta a un Jesús
que, habiéndosenos ofrecido como alimento eterno, tiene
un fuerte diálogo con sus seguidores, los cuales se
encuentra escandalizados por las palabras de Jesús,
pues es increíble que un hombre, conocido entre muchos
de los presentes (6, 42), se presente como alimento, y más
aún, alimento de vida eterna. Estoy seguro que a cualquiera
escandalizaría semejante ofrecimiento, y muchos lo
catalogarían de antropofagia. Jesús muchas veces
fue malinterpretado, y sus palabras fueron ocasión
de malos entendidos y de encendidas discusiones.
Jesús
pudo haberse ido y dejar solos a estos hombres, carentes de
fe; pero no, lo que hace es indicarles como hacer para entender
el ofrecimiento hecho, el misterio de la salvación,
del cual depende la vida eterna ; por tal motivo dice: El
espíritu es el que da vida, la carne no sirve para
nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son
vida (6, 63). Con lo dicho nos indica que su palabra, que
muestra una realidad divina y no terrestre, solo se puede
comprender con la ayuda del Espíritu, pues es Él
el que nos transmite la gracias del Padre para comprender
tan divino misterio de salvación, pues ya se nos muestra
que aunque habían visto milagros no creían,
lo que quiere decir que los milagros no constituyen un solidó
fundamento para la fe, pero sí la fuerza del espíritu,
y esta fuerza es la que hace que Pedro, sin entender el misterio,
le responda a Jesús: Señor, ¿donde quien
vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna (6, 68).
Nos
narra el texto, a continuación, que escandalizados
muchos de los discípulos se fueron, lo cual nos demuestra
que sin la ayuda del Espíritu será imposible
reconocer el misterio de la eucaristía. Por el contrario
los otros seguidores, entre ellos los doce, se quedaron con
él, pues reconocieron en Jesús a la palabra
del padre hecha carne, para alimento espiritual y regalo de
la vida eterna.
Concluyendo,
es bueno resaltar que en el texto se ven claramente dos grupos:
los que están escandalizados de Jesús, se van,
y los que han contado con la ayuda del Espíritu, se
quedan, a pesar del escándalo. Pues bien, considero
que es bueno que nos preguntemos, hermanos(as), ¿somos
de los discípulos que por falta del Espíritu,
nos escandalizamos de Jesús, de su palabra, y preferimos
dejar todo tirado? O por el contrario ¿somos de los
que, como Pedro, le decimos al Señor “A quién
iremos, si tú tienes palabras de vida eterna”?
Pues el Señor hoy domingo, nos pregunta: ¿también
vosotros queréis marcharos?; ¿Qué respondes?
Todo depende de ti. Pero ten en cuenta que todos estamos invitados
a que nos llenemos del Espíritu Santo y lo sigamos,
pero no únicamente como sacerdote, religioso o religiosa,
sino como ama de de casa, empleado (a), jefe, campesino (a),
estudiante, doctor (a), en fin, sino como lo que TU ERES.
Sólo necesitas del poder de Dios para comprenderlo,
aceptarlo y amarlo en la sagrada Eucaristía; pero recuerda:
la respuesta depende de ti; por esto te dejo con este interrogante
¿A cuál de los dos grupos de discípulos
quiere pertenecer?
Bibliografía
consultada:
Biblia de Jerusalén
BARRET, CHARLE KINGSLEY. El Evangelio según san
Juan, pp. 455 – 466
SECUNDINO CASTRO SÁNCHEZ, Secundino. Evangelio
según San Juan, pp. 165 y 166
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