DOMINGO XXI del Tiempo Ordinario. Ciclo B
(Semana Agosto 27-Septiembre 2)

HOMILÍA

Lecturas del día

Primera Lectura: Josué 24, 1-2a. 15-17.18b

En aquellos días, Josué reunió a las tribus de Israel en Siquién. Convocó a los ancianos de Israel, a los cabezas de familia, jueces y alguaciles, y se presentaron ante el Señor. Josué habló al pueblo: "Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor." El pueblo respondió: "¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios; él nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la esclavitud de Egipto; él hizo a nuestra vista grandes signos, nos protegió en el camino que recorrimos y entre todos los pueblos por donde cruzamos. También nosotros serviremos al Señor: ¡es nuestro Dios!"

Segunda Lectura: Efesios 5, 21 - 32

Hermanos: Sed sumisos unos a otros con respeto cristiano. Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia. Él se entregó a sí mismo por ella, para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para colocarla ante sí gloriosa, la Iglesia, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada. Así deben también los maridos amar a sus mujeres, como cuerpos suyos que son. Amar a su mujer es amarse a sí mismo. Pues nadie jamás ha odiado su propia carne, sino que le da alimento y calor, como Cristo hace con la Iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne." Es éste un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.

EVANGELIO: Juan 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: "Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?" Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: "¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. "Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: "Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede." Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: "¿También vosotros queréis marcharos?" Simón Pedro le contestó: "Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios."

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HOMILÍA:
Con la ayuda del Espíritu

Por: Fr. Alonso Arévalo Martínez, O.P.
Primer año de Filosofía

Apreciado lector, los textos que la liturgia nos propone para este día son muy útiles para nuestras vidas como cristianos, puesto que tienen un gran mensaje; por tal motivo deseo, en lugar de abarcar todos los textos, pues tengo bien claro que “el que abarca mucho poco aprieta”, centrarme solo en el evangelio del día, el cual nos presenta un tema muy interesante: El poder del Espíritu Santo.

Para sustraer dicho mensaje, considero que primero es necesario contextualizar la perícopa que hoy nos presenta el evangelista San Juan, ya que ella es continuidad del capitulo 6 de dicho evangelio, en el que Juan nos presenta el cierre del ministerio de Jesús en Galilea. Seguidamente me dedicaré a hablar del texto del día, y por último concluiré con una reflexión teológica.

Pues bien, como ya lo dije, esta parte del evangelio es continuidad del texto que escuchábamos el domingo pasado, en el cual Jesús se muestra como verdadero pan de vida, y no una vida cualquiera, sino vida eterna (Jn 6, 48).

El texto pasado junto con el de hoy y otros que los preceden en el mismo capitulo 6, forman parte del llamado “Discurso en la Sinagoga de Cafarnaúm”; nombre que es dado debido al acontecimiento que en él se narra (6, 59). Ya que, como lo leemos en el evangelio, Jesús se encontraba en la Sinagoga junto a sus doce apóstoles (de la palabra griega apóstolos: 'enviados'), a sus discípulos (estudiante o aprendiz) y a un grupo de seguidores, de los cuales la gran mayoría le seguían por el alimento que Jesús les había dado días atrás (6, 26) y no por su palabra.

Jesús les había hablado de la importancia de comer su carne y beber su sangre, pero no de manera literal, sino comparativa, es decir, la carne de la que se habla no es propiamente la que se le presenta ante los seguidores, y la sangre no es la que corre por su venas, sino que es lo que después se convertirá, gracias al Espíritu Santo, en alimento imperecedero y dador de vida: La Eucaristía. Debido a lo anterior, a éste discurso se le cataloga como discurso Eucarístico.

Ahora bien, hablando propiamente del texto de hoy, hay que decir que en esta perícopa se nos presenta a un Jesús que, habiéndosenos ofrecido como alimento eterno, tiene un fuerte diálogo con sus seguidores, los cuales se encuentra escandalizados por las palabras de Jesús, pues es increíble que un hombre, conocido entre muchos de los presentes (6, 42), se presente como alimento, y más aún, alimento de vida eterna. Estoy seguro que a cualquiera escandalizaría semejante ofrecimiento, y muchos lo catalogarían de antropofagia. Jesús muchas veces fue malinterpretado, y sus palabras fueron ocasión de malos entendidos y de encendidas discusiones.

Jesús pudo haberse ido y dejar solos a estos hombres, carentes de fe; pero no, lo que hace es indicarles como hacer para entender el ofrecimiento hecho, el misterio de la salvación, del cual depende la vida eterna ; por tal motivo dice: El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida (6, 63). Con lo dicho nos indica que su palabra, que muestra una realidad divina y no terrestre, solo se puede comprender con la ayuda del Espíritu, pues es Él el que nos transmite la gracias del Padre para comprender tan divino misterio de salvación, pues ya se nos muestra que aunque habían visto milagros no creían, lo que quiere decir que los milagros no constituyen un solidó fundamento para la fe, pero sí la fuerza del espíritu, y esta fuerza es la que hace que Pedro, sin entender el misterio, le responda a Jesús: Señor, ¿donde quien vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna (6, 68).

Nos narra el texto, a continuación, que escandalizados muchos de los discípulos se fueron, lo cual nos demuestra que sin la ayuda del Espíritu será imposible reconocer el misterio de la eucaristía. Por el contrario los otros seguidores, entre ellos los doce, se quedaron con él, pues reconocieron en Jesús a la palabra del padre hecha carne, para alimento espiritual y regalo de la vida eterna.

Concluyendo, es bueno resaltar que en el texto se ven claramente dos grupos: los que están escandalizados de Jesús, se van, y los que han contado con la ayuda del Espíritu, se quedan, a pesar del escándalo. Pues bien, considero que es bueno que nos preguntemos, hermanos(as), ¿somos de los discípulos que por falta del Espíritu, nos escandalizamos de Jesús, de su palabra, y preferimos dejar todo tirado? O por el contrario ¿somos de los que, como Pedro, le decimos al Señor “A quién iremos, si tú tienes palabras de vida eterna”?

Pues el Señor hoy domingo, nos pregunta: ¿también vosotros queréis marcharos?; ¿Qué respondes? Todo depende de ti. Pero ten en cuenta que todos estamos invitados a que nos llenemos del Espíritu Santo y lo sigamos, pero no únicamente como sacerdote, religioso o religiosa, sino como ama de de casa, empleado (a), jefe, campesino (a), estudiante, doctor (a), en fin, sino como lo que TU ERES. Sólo necesitas del poder de Dios para comprenderlo, aceptarlo y amarlo en la sagrada Eucaristía; pero recuerda: la respuesta depende de ti; por esto te dejo con este interrogante ¿A cuál de los dos grupos de discípulos quiere pertenecer?

Bibliografía consultada:

Biblia de Jerusalén
BARRET, CHARLE KINGSLEY. El Evangelio según san Juan, pp. 455 – 466
SECUNDINO CASTRO SÁNCHEZ, Secundino. Evangelio según San Juan, pp. 165 y 166

 

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Última actualización: Septiembre 16 de 2006