DOMINGO XXIII del Tiempo Ordinario
(Semana Septiembre 10-16)
HOMILÍA
Lecturas
del día
Primera
Lectura: Isaías 35,4-7a
Decid
cobardes de corazón: "Sed fuertes, no temáis.
Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona,
resarcirá y os salvará." Se despegarán
los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán,
saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará.
Porque han brotado aguas en el desierto, torrentes en la estepa;
el páramo será un estanque, lo reseco un manantial.
Segunda
Lectura: Santiago 2, 1-5
Hermanos míos: No juntéis la fe en nuestro Señor
Jesucristo glorioso con el favoritismo. Por ejemplo: llegan
dos hombres a la reunión litúrgica. Uno va bien
vestido y hasta con anillos en los dedos; el otro es un pobre
andrajoso. Veis al bien vestido y le decís: "Por
favor, siéntate aquí en el puesto reservado."
Al pobre, en cambio: "Estáte ahí de pie o
siéntate en el suelo." Si hacéis eso, ¿no
sois inconsecuentes y juzgáis con criterios malos? Queridos
hermanos, escuchad: ¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres
del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino,
que prometió a los que lo aman?
EVANGELIO: Marcos 7, 31-37
En
aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro,
pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando
la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además,
apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió
los dedos en los oídos y con la saliva le tocó
la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "Effetá",
esto es "Ábrete". Y al momento se le abrieron
los oídos, se le soltó la traba de la lengua y
hablaba sin dificultad. Él les mandó que no lo
dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con
más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del
asombro decían: "Todo lo ha hecho bien; hace oír
a los sordos y hablar a los mudos."
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HOMILÍA:

1.
Maravillas de la visita de Dios
1.1 La primera lectura y el evangelio de
hoy nos invitan al asombro frente a las maravillas de Dios. Este
es el Dios grande y poderoso, que hace hablar a los mudos y oír
a los sordos. Después de conocerle, después de ver
sus obras, también nosotros exclamamos: "¡Qué
bien lo hace todo!".
1.2
Hay, sin embargo dos contrastes entre las maravillas descritas
en el texto del capítulo 35 de Isaías, y aquellas
que nos cuenta el capítulo 7 de san Marcos. Notemos, por
ejemplo, cómo en la promesa de Isaías el ánimo
del pueblo redimido queda unido a su gozo viendo la revancha,
el desquite de Dios. Dios triunfa y su triunfo es victoria sobre
los pueblos enemigos del pueblo elegido. En el evangelio, en cambio,
estos elementos de venganza o represalia a los demás han
quedado silenciados. La gran derrotada aquí es la enfermedad,
y es el mal mismo el que recibe daño, no otros pueblos.
En el evangelio queda claro que no se trata de pasar el mal a
otros sino de superarlo.
1.3
En segundo lugar, observemos la pasmosa cercanía de Dios
en la sanación que se nos describe en el evangelio. Cristo
hace este milagro no sólo liberando de su mal al enfermo,
sino prácticamente acariciando su dolencia, diríamos
untándose de su malestar: usa su saliva para tocar la lengua,
mete sus propios dedos en los oídos. Sabemos que el Señor
hubiera podido hacer su milagro de muchas otras formas y comprendemos
que en esto no se trata de hacer espectáculo ni mucho menos
de una especie de "ritual" de curación. El objeto
de esa "caricia" a la parte afectada no puede ser otro
que dejar en ese hombre, y en todos nosotros, la absoluta certeza
de su cercanía incondicional y de su amor sin asco.
2.
" ¡Effetá! "
2.1 Jesús pronuncia una palabra aramea
que quedó tan grabada en el recuerdo de los discípulos
que así fue transcrita al texto griego original y así
ha pasado incluso hasta nuestras traducciones: "Effetá",
"Ábrete".
2.2
"Ábrete" dice Jesús a nuestros corazones,
tantas veces endurecidos, y lo repite a nuestras bocas, demasiado
tímidas al proclamar la Buena Nueva.
2.3
"Ábrete" dice Jesús a nuestros hogares,
tantas veces encerrados en su egoísmo o esclavizados por
las vanidades y trajines de este mundo.
2.4
"Ábrete" dice Jesús a las Cámaras
Legislativas, tantas veces cerradas a la vida, capaces de vender
sangre de niños abortados o la estabilidad de las familias
del mañana con tal de lograr unos votos más.
2.5
"Ábrete" dice Jesús a los jóvenes,
y quisiera seducir con su amor de luz y fuego esos corazones que
a veces están abiertos a todas las experiencias, a todos
los placeres, a todas la ebriedades, pero no a la ebriedad del
Espíritu Santo, ni al placer de hacer el bien ni a la experiencia
de entregar la vida por una causa noble.
2.6
"Ábrete", nos dice el Señor a todos: "dame
espacio en tu corazón, dame espacio en tu país,
dame espacio en tus pensamientos, dame espacio en tus esperanzas".
¡Oh Cristo, mendigo de nuestro espacio de nuestro tiempo,
danos la gracia para darte lo que a ti más que a nadie
pertenece! Amén.
[Tomada de: http://fraynelson.com/homilias.html]
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