DOMINGO XXIV del Tiempo Ordinario
(Semana Septiembre 17-23)

HOMILÍA

Lecturas del día

Primera Lectura: Isaías 50,5-9a

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me aplastaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque.

Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Segunda Lectura: Santiago 2, 14-18

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos de alimento diario, y que uno de vosotros les dice: "Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago", y no le dais lo necesario para el cuerpo; ¿de que sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: "Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe."

EVANGELIO: Marcos 7, 27-35

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?" Pedro le contestó: "Tú eres el Mesías." Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días." Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: "¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!" Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará."

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HOMILÍA:

Por: Fr. Adrián Mauricio García Peñaranda, O.P.
Primer año de Teología

Las lecturas de este domingo, especialmente la segunda del apóstol santiago y la tercera del Evangelio de Marcos (confesión de pedro), nos sugieren como punto para nuestra reflexión el tema de la fe y las obras, uno de los más fundamentales de la vida cristiana.

Sencillamente se trata de responder a lo siguiente: para entrar en el reino de Dios y en la salvación de Cristo, ¿Qué es lo primero y más importante, la fe o las buenas obras? Es evidente que la fe auténtica y plena no puede reducirse al ámbito de la inteligencia, a un mero admitir teóricamente el Credo, ni tampoco al ejercicio rutinario de unos ritos sacramentales en el culto; debe repercutir en toda la vida del creyente. Por eso es tan luminosa a este respecto la afirmación de Santiago: “La fe, si no tiene obras, está murta por dentro”.

Estas palabras de santiago no contradicen a San Pablo, que en su carta a los Galatas escribe: “Esperamos ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, pues por éstas nadie se justifica” (2, 16). Pablo afirma que no será la observancia ritual y legalista de la ley mosaica, tal como la entendían los fariseos, lo que salve y justifique al cristiano, sino la fe en Cristo. Pero estas palabras de Pablo no afirman un divorcio entre fe y vida. Tanto Santiago como San Pablo, al atribuir eficacia salvadora a la fe, piensan en una fe viva, operante, activa, fecunda en “frutos” de fe, en obras de vida cristiana.

En conclusión no podeos hacer una división entre fe y obras, ya que estas van íntimamente trabadas y ambas son fruto de una espiritualidad cristiana sana y bien vivida.

En lo referente al evangelio de Marcos, es curioso ver como en Mateo (16, 13-23) este evangelio tiene un carácter más eclesial, Pedro es el único que reconoce que Jesús es el Mesías y Jesús le dice: bienaventurado eres porque no te ha revelado esto ningún hombre, sino mi Padre, luego le dice: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia. Marcos se limita a desvelar quién es Jesús: no sólo un rabino y un taumaturgo, sino también el Mesías, pero un Mesías doloroso y paciente. Esto escandaliza a Pedro que pretende corregir a Jesús, pero éste rechaza la sugerencia de Pedro diciéndole que sus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.

Reflexión:

¿Quién es Jesús para ti?

Debemos dejar a Dios ser Dios. Muchas veces los planes que tenemos para nosotros mismos, no son los planes que Dios tiene destinados para nosotros.

Dios no quiere nada malo para sus hijos, Él predispone todo para bien de los que le aman y exige un salto de fe, un lanzarse a sus brazos, un abandonarse en su presencia.

Debemos profesar que el es el Mesías, pero al mismo tiempo mostrar con nuestros hechos que efectivamente él es el Cristo, aceptando lo que Dios tiene preparado para nosotros.

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Última actualización: Septiembre 16 de 2006