DOMINGO XXVI del Tiempo Ordinario
(Semana Octubre 1-7)
HOMILÍA
Lecturas
del día
Primera
Lectura: Números 11, 25-29
En
aquellos días, el Señor bajó en la nube,
habló con Moisés y, apartando algo del espíritu
que poseía, se lo pasó a los setenta ancianos.
Al posarse sobre ellos el espíritu, se pusieron a profetizar
enseguida. Habían quedado en el campamento dos del grupo,
llamados Eldad y Medad. Aunque estaban en la lista, no habían
acudido a la tienda. Pero el espíritu se posó
sobre ellos, y se pusieron a profetizar en el campamento. Un
muchacho corrió a contárselo a Moisés:
"Eldad y Medad están profetizando en el campamento."
Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven,
intervino: "Señor mío, Moisés, prohíbeselo."
Moisés le respondió: "¿Estás
celoso de mí?"?¡Ojalá todo el pueblo
del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu
del Señor!".
Segunda
Lectura: Santiago 5, 1-6
Ahora, vosotros, los ricos, llorad y lamentaos por las desgracias
que os han tocado. Vuestra riqueza está corrompida y
vuestros vestidos están apolillados. Vuestro oro y vuestra
plata están herrumbrados, y esa herrumbre será
un testimonio contra vosotros y devorará vuestra carne
como el fuego. ¡Habéis amontonado riqueza, precisamente
ahora, en el tiempo final! El jornal defraudado a los obreros
que han cosechado vuestros campos está clamando contra
vosotros; y los gritos de los segadores han llegado hasta el
oído del Señor de los ejércitos. Habéis
vivido en este mundo con lujo y entregados al placer. Os habéis
cebado para el día de la matanza. Condenasteis y matasteis
al justo; él no os resiste.
EVANGELIO: Marcos 9, 38-43. 45. 47-48
En
aquel tiempo, dijo Juan a Jesús: "Maestro, hemos
visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos
querido impedir, porque no es de los nuestros." Jesús
respondió: "No se lo impidáis, porque uno
que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de
mí. El que no está contra nosotros está
a favor nuestro. Y, además, el que os dé a beber
un vaso de agua, porque seguís al Mesías, os aseguro
que no se quedará sin recompensa. El que escandalice
a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría
que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen
al mar. Si tu mano te hace caer, córtatela: más
te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al
infierno, al fuego que no se apaga. Y, si tu pie te hace caer,
córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida,
que ser echado con los dos pies al infierno. Y, si tu ojo te
hace caer, sácatelo: más te vale entrar tuerto
en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos la infierno,
donde el gusano no muere y el fuego no se apaga."
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HOMILÍA:

Por:
Fr. Edgar Antonio Thomas
Muriel, O.P.
Primer año de Filosofía
Desde
hace mucho tiempo hemos estado preocupados por nuestra identidad.
¿Quiénes somos? ¿Cómo debemos conectarnos
con la estructura de la Iglesia y de la sociedad? ¿Somos
sacerdotes, laicos o alguna especie combinada particular? Ninguna
de estas preguntas es fácil de contestar, si no aceptemos
de hecho que estamos sumergidos en una crisis de identidad de
nuestro tiempo. Los invito a que nos preguntemos ¿Qué
nos hace especiales a nosotros los cristianos? Vale la pena que
reflexionemos sobre ella para que nos ayude a vivir la Buena noticia,
entre aquellos pequeños que dice el evangelista, pues son
los que más necesidad tiene de beber agua, que es la palabra
viva Jesús.
Ser
cristiano con identidad en Cristo, es ser capaz de tomar decisiones
significativas en nuestra existencia, y de algún modo estas
decisiones deben estar relacionadas, deben componer una historia
sincera y transparente. Se tiene una identidad porque las opciones
que hacemos a lo largo de nuestra historia tienen una dirección,
una meta, un ideal, Cristo. Lo que hacemos hoy en nuestro presente
debe tener sentido radical a la luz de lo que hicimos antes, es
decir, en nuestro pasado, para a si ser coherentes en el Seguimiento
de Cristo.
Recuerdo
que en el noviciado cuando compartíamos las clases de vida
religiosa, el maestro siempre nos insistía en algo fundamental,
y es que la vocación a la vida consagrada es una llamada
a seguir a Jesucristo, el Señor, imitando su vida, conformando
la propia existencia con la suya, haciendo así visibles
en medio del mundo de hoy los rasgos característicos de
su virginidad, pobreza y obediencia. Además que el seguir
a Jesucristo es la regla suprema de la vida consagrada, desde
esta perspectiva cobran significado todos los elementos que configuran
este estilo de vida. Así la vida del religioso se convierte
en un signo eminente que invita a todos los hombres a ser discípulos
desde su propio don vocacional recibido en el bautismo.
Ser
alguien con identidad no consiste en escoger un tipo de ropa en
algún centro comercial o tener toda una colección
de música de nuestro tiempo; ser alguien consiste en responder
al que nos ha convocado para toda nuestra vida. La identidad tiene
que ver con tomar opciones en nuestra realidad concreta. La identidad
es un don, y la historia de mi vida está hecha de todas
esas opciones para aceptar o rechazar ese don.
Hermanos
y hermanas de Colombia y de todo el mundo, el valor de la identidad
de Jesús, ofrece una vívida expresión del
destino de todo ser humano. Pues cada ser humano descubre su identidad
en la respuesta a la invitación de Dios a compartir la
vida divina. Nosotros estamos llamados a ofrecer una particular
y radical respuesta a esa vocación renunciando a cualquier
otra identidad que pueda seducir nuestros corazones.
Podría
seguir acercándome a dar bonitas definiciones del seguimiento
radical de Cristo, el cual no es mi objetivo en esta reflexión,
lo que si debemos comprometernos todos, es que cada cristiano
bautizado debe y esta en la obligación de ofrecer en su
entorno cotidiano testimonio evangélico. Y si nos seduce
la sociedad consumista con otras identidades, para no predicar
con mas fortaleza la experiencia de Dios en cada uno de nosotros,
entonces tendremos que trabajar mucho más como discípulos
en el seguimiento de Jesús, debemos estar dispuestos a
luchar contra el mal, a evitar a toda costa el escándalo,
a aceptar la renuncia y los sacrificios personales.
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