DOMINGO XXXII del Tiempo Ordinario
(Semana Noviembre 12-19)

HOMILÍA

Lecturas del día

Primera Lectura: 1 Reyes 17, 10-16

En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: "Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba." Mientras iba a buscarla, le gritó: "Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan." Respondió ella: "Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos." Respondió Elías: "No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra"." Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Segunda Lectura: Hebreos 9, 24-28

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres - imagen del auténtico-, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces- como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo-. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

EVANGELIO: Marcos 12, 38-44

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres - imagen del auténtico-, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces- como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo-. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

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HOMILÍA:

Por: Fr. Camilo Ernesto Ramírez Hermida, O.P.
Primer año de Teología

Las lecturas de hoy me hacen pensar, en aquellas cosas que nosotros como seres humanos buscamos muchas veces, pensando que nos pueden hacer felices, pero que en realidad son muy pasajeras. Me refiero a las cosas materiales, dejando de lado muchas veces las espirituales que en últimas nos deberían llenar totalmente.

La mujer del Nuevo Testamento, aquella que llega a dar esa ofrenda al templo, lo da todo, se desprende de lo mas valioso que tiene, creo yo que sabiendo que le esta devolviendo a Dios todo aquello que ha recibido de él.

Es un acto que a muchos podría hacer pensar. Estamos dispuestos a dar a nuestros semejantes todos nuestro bienes? Devolverle a Dios todo aquellos que nos ha confiado tener? Hasta donde seríamos capaces de desprendernos.

Cuando damos al Señor en el templo, le damos realmente de los que nos falta o de lo que nos sobra. Digo esto o pienso esto porque muchas veces nos cuesta dar de lo que tenemos y desprendernos.

En nuestro medio social, hay quienes teniéndolo todo, dan de lo que les sobra, y muchas veces piensan que están dando lo suficiente, de esta forma, es normal ver como algunas personas creen tener su vida asegurada, y no tienen la capacidad de compartir de lo que tienen con quienes necesitan un poco de lo que ellos guardan.

Darlo todo no siempre es hablar de dinero o de bienes materiales, darlo todo significa también hablar de nuestro tiempo como lo damos a los demás, la calidad de lo que hacemos con nuestros semejantes, muchas veces pensamos que quienes están a nuestro alrededor no necesitan mayores cosas de nosotros y les negamos la oportunidad de compartir eso que somos con ellos.

Les brindamos a nuestros hijos el tiempo adecuado?, es decir los escuchamos, los acompañamos, reciben de nosotros lo que necesitan a nivel emocional? O solo les damos las sobras de lo que tenemos, es importante darnos cuenta de lo que damos a los demás despojándonos de nuestros intereses particular o personales.

Hay quienes también teniendo poco, comparten ese poco que tienen y lo hacen con alegría, sin esperar nada a cambio. Pero también hay quienes teniendo casi nada lo dan todo y están convencidos que Dios es quien lo recibe.

Refiriéndome a los dos últimos casos que nombro, recuerdo a las familias que nos reciben cuando vamos de misión, en sus casas.

La mayoría de ellas muy pobres, que reciben al misionero, convencidas de que están recibiendo a alguien que viene de parte de Dios para acompañarlos, en un momento fuerte de nuestra iglesia sea navidad o semana santa.

Cuando llegamos a sus casas nos reciben con el corazón abierto, y nos brindan absolutamente todo, calor de hogar, alimento, techo y compañía. Se privan muchas veces de lo tienen y lo dan desinteresadamente para que quien llega a su casa se sienta parte de sus familias. Son personas trabajadoras que hacen lo posible por vivir con lo que la tierra les da y lo hacen, pero viven también convencidas de algo y es que quien llegue a su casa a predicar el evangelio llega en nombre de Dios y le dan todo.

Me gusta pensar que la señora de la cual nos habla el evangelio estaba convencida que el señor había tocado a su puerta y ella lo invitaba a pasar.

Despojándose de todo. Dándolo todo por quienes lo necesitan; despojarse es dar, sin importar recibir, es amar, sin importar que se recibe, estando convencidos que cuando damos, se lo damos al señor para que el disponga de todo bendiciéndonos.

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Última actualización: Noviembre 11 de 2006