LA CONTEMPLACIÓN:
FUENTE INAGOTABLE DE NUESTRA TEOLOGÍA Y PREDICACIÓN
SOR
TERESITA DE LA CARIDAD O.P
MONASTERIO
DOMINICANO
SANTA
INÉS DE MONTEPULCIANO
Había
entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado
judío.
Fue
éste, donde Jesús de noche y le dijo:
"Rabí,
sabemos que has venido de Dios como maestro,
porque
nadie puede realizar las señales que tú realizas
si Dios no está con él".
Jesús
le respondió: "En verdad, en verdad te digo :
el
que no nazca de lo alto, no puede ver el Reino de Dios..."
Respondió
Nicodemo: ¿Cómo puede ser eso?
Jesús
le respondió: " ¿ Tu eres maestro de Israel y no
sabes estas cosas ?
En
verdad, en verdad te digo:
NOSOTROS
HABLAMOS DE LO QUE SABEMOS
Y
DAMOS TESTIMONIO DE LO QUE HEMOS VISTO."
(Jn.
3, 1-2; 9-11).
FUENTES NEOTESTAMENTARIAS:
Hemos
de resaltar: "Nosotros hablamos de lo que sabemos".
Filosóficamente, saber es tener conocimiento y conocer
en la teología Joánica, es tener experiencia
de Jesús. Esta idea se halla más ampliada
en 1 Jn. 1-4: "Lo que existía desde el principio,
lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros
ojos, LO QUE CONTEMPLAMOS y tocaron nuestras manos acerca
de LA PALABRA de la vida, pues, la Vida se manifestó,
y nosotros la hemos visto y DAMOS TESTIMONIO y os anunciamos
la Vida eterna que estaba vuelta hacia el Padre y que se
nos manifestó, lo que hemos visto y oído OS
LO ANUNCIAMOS para que también vosotros estéis
en comunión con nosotros y, nosotros estemos en comunión
con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto
para que nuestro gozo sea completo. "
Tener
esta experiencia de Jesús, era característica
de quienes formaron la comunidad apostólica primitiva,
y de Matías, que (aunque a suertes), ganó
la sucesión del Apóstol Judas, para reemplazarlo
(Hch. 1, 21-26). Encontramos entonces en estos textos, un
carácter peculiar de quienes predicaron el Kerigma:
Conocer por experiencia personal, a Jesús Hijo de
Dios, encarnado en la historia.
Es
ahora a nosotros dominicos (as), Orden de Predicadores,
a quienes la Iglesia nos ha confiado la transmisión
del mensaje de salvación, la proclamación
y la enseñanza del " depósito de la fe ",
recibido del mismo Jesús, que en su oración
en el Huerto de los Olivos, antes de su pasión, intercedió
ante Padre: "Padre Santo, cuida en tu nombre a los que
me has dado, para que sean uno como nosotros. Santifícalos
en la Verdad: Tu Palabra es Verdad. Como Tú me has
enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo.
Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos
también sean santificados en la Verdad. No ruego
sólo por ellos, SINO TAMBIÉN POR AQUELLOS
QUE POR SU PALABRA CREERÁN EN MÍ, PARA QUE
TODOS SEAN UNO" ( Jn. 11b. 17-20).
Muy
pronto Pedro, hermano y piedra viva de la edificación
de la que Cristo es Piedra Angular, puso en práctica,
lo que por carisma dominicano nosotros continuamos: Dar
de lo contemplado. El Apóstol Pedro, escribía
en su carta: "Queridos hermanos: cuando os dimos a conocer
el poder y la última venida de nuestro Señor
Jesucristo no nos fundábamos en fábulas fantásticas,
sino que habíamos sido testigos de su gloria, de
su grandeza... Esta voz traída del cielo, la oímos
nosotros estando con Él en la montaña sagrada"
( 2Pe 1, 16-19).
Esto
es PREDICAR DE LO CONTEMPLADO... Y lo contemplado, el Verbo
Encarnado, Hijo del Padre, es Jesús en su Gloria,
que "se llevó consigo a Pedro, a Santiago y Juan
y, subió con ellos solos a una alta montaña
y se transfiguró delante de ellos" (Mt.17, 2a.).
"Delante de ellos " juntos, dándonos a entender la
necesidad de la UNIDAD COMUNITARIA efectiva y afectiva en
Él. De pronto, - nos dice San Marcos (9, 8a ) "al
mirar alrededor..." Es la teofanía, la revelación
de Dios en la historia, es "la voz que sale de la nube"
en el espacio alrededor de Jesús, que invita a ESCUCHARLE.
Y repite: "Volvieron a mirar y vieron a Jesús
sólo con ellos" : Mirar - Ver - Escuchar.
El
evangelista Lucas, resalta que en esta ocasión "escogió
a los Apóstoles y subió al monte a ORAR ...
Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús
sólo. Ellos guardaron SILENCIO..." (Lc. 9, 28b. 36a.).
Así,
los evangelios sinópticos nos ofrecen en este pasaje
de la Transfiguración, tres características
fundamentales de la CONTEMPLACIÓN:
- En unidad
con Él, con Jesús. (Mateo.)
- En un contexto
concreto, lugar teológico. (Marcos.)
- En oración
y silencio. (Lucas.)
Recordemos
también, que el pasaje nos comunica que los dos hombres
(Moisés y Elías) que "conversaban con Jesús,
aparecían en Gloria y hablaban de su muerte que iba
a consumarse en Jerusalén. " (Lc. 9, 30-31).
FUENTE DE LA
QUE BROTA EL CARISMA DE LA PREDICACIÓN DOMINICANA
Esta
reflexión aporta también al fundamento de
nuestra teología, del deber ser de todo tratado y
discurso sobre Dios: ante todo, centrado en el Kerigma apostólico
y luego contextualizado en el tiempo y espacio real, concreto,
no etéreo; lo que no quiere decir, al margen de toda
alteridad - sobrenatural - de quien hace teología
y de quienes reciben el mensaje - fruto de esa tarea metafísica:
la reflexión de la Verdad Divina
El
que-hacer teológico entonces, ha de contemplar toda
la crudeza del Kerigma, en su pasión, afección,
dolor, esperanza y gozo; hacer hermenéutica (ya sea
filosófica, excegética, teológica,
sociológica o cultural) del misterio que encarna,
contextualizándolo en el lenguaje, la simbología
y la celebración, alejando anacronismos y acercándolo
cada vez más a nuestros hermanos que tienen hambre
de Dios, sed de infinito en medio del mundo conflictivo
en que siempre se ha dado la salvación, el avance
teológico y la misión de la predicación.
¡Qué
bien asimiló en sus entrañas y lo hizo vida
y, Vida en su espiritualidad, nuestro Padre y Fundador Santo
Domingo de Guzmán! Tanto, que cuando el genio medieval
- Santo Tomás de Aquino sistematizó la teología
y la filosofía; y puso las bases del humanismo cristiano
de la modernidad, no olvidó sintetizar la herencia
que era para nosotros los dominicos, filiación y,
para la Iglesia un nuevo carisma original: "CONTEMPLAR
Y DAR A LOS DEMÁS EL FRUTO DE LO CONTEMPLADO."
Nuestra
predicación dominicana es fruto de LA VERDAD CONTEMPLADA,
al igual que nuestra filosofía y teología.
No son de fantásticas discusiones, ni de sabiduría
humana. No predicamos la epopeya del caballo de Troya y
sus apócrifos cantares; ni las montañas de
Paulo Coello, ni a J.J. Benítez con sus novelescas
"investigaciones" bíblicas. No predicamos la ecualización
de la energía en los dijes magnetizados que pretenden
alejar al hombre, hermano nuestro, de ese padecer la historia
con Jesús, vivo entre nosotros aquí y ahora,
alejándonos del sentido existencial de las Bienaventuranzas
hoy.
¿Seremos
nosotros, dominicos, "el Nicodemo" de esta época,
a quienes Jesús tenga que cuestionarnos: "¿Tú
eres... y no sabes estas cosas"? ¿"Hablaremos de lo
que sabemos con la sabiduría de los necios o con
la sabiduría salomónica que fue enviada desde
los cielos por petición del rey "para que me asista
en mis trabajos y sepa yo lo que es grato a Dios?"
(Sab. 9, 10. )
Jesús,
encarnado, resucitado, vivo entre nosotros, es la fuente
inagotable de nuestra contemplación. Ésta
a su vez, es la fuente única de nuestra Teología,
de nuestra Predicación dominicana. Predicación
de la Palabra contemplada, hecha reflexión, hecha
intercesión; y en comunión de fe y de adoración
hecha alabanza y bendición. Palabra contemplada que
fecunde, que engendre hijos de Dios, que engendre amantes
de la sabiduría.
Predicación
de la Palabra contemplada, hecha palabra escrita, investigada;
hecha palabra homilética, hecha palabra de cátedra
docente (que enseña a pensar). Hecha arte en pintura,
canción, poema. Predicación de la Verdad contemplada,
hecha verdad ética en discurso y en la práxis.
Palabra contemplada hecha Reino de Dios, que " no es comida
ni bebida, sino justicia de Dios, paz y gozo."
Jesús,
es la fuente única de nuestra contemplación
y predicación, porque contemplar a Jesús en
su doble dimensión (Encarnación y Pascua),
es contemplar la esencia de la Salvación, de la Redención,
misión de toda Comunidad Cristiana y misión
de nuestra Orden, como Don preciado al pluralismo de la
Iglesia y su magisterio ministerial.
PARAFRASEANDO
EL TÍTULO:
LAS MONJAS DE
LA ORDEN DE PREDICADORES: FUENTE INAGOTABLE DE NUESTRA TEOLOGÍA
Y PREDICACIÓN
"
La unanimidad de nuestra vida, enraizada en el amor de Dios,
debe
ser testimonio de la reconciliación universal
que
nuestros hermanos predican con la Palabra ".
(
Const. de las Monjas de la O.P. Nro. 2 & II )
Como
Monjas de la Orden de Predicadores, lo que significa la
oración y la vida contemplativa, no puede ser sólo
un asomo de actitudes pías, sino la expresión
de lo que hemos asumido y asimilado en el sentido de nuestra
consagración a Dios: ser testigos de Jesús
orante, y en comunión permanente con el Padre y con
los hombres, por la salvación de las almas y por
la obra de la Predicación.
Hablar
de oración y contemplación es tocar lo concerniente
a esa fuente originaria de donde brotó nuestra Orden
de Predicadores: La contemplación de Jesús
en la historia de los hombres, en un espacio y tiempo concretos,
al estilo del Carisma de nuestro Padre Santo Domingo de
Guzmán.
De
ese centro Cristológico y de esa raíz dominicana,
participamos con nuestra vocación recibida del mismo
Dios y Padre que con su Espíritu llamó a Jesús
y a Domingo. A Jesús desde el principio de los tiempos
para encarnarse en María, e irrumpir así en
la historia para hacerla trascender al Plan salvífico
de la humanidad, la historia de la salvación.
"
Mirando a las primeras Monjas que el Bienaventurado Domingo
estableció
en el Monasterio de Prulla,
en
el centro de su Santa Predicación,
las
Monjas son...... un signo de la Jerusalén celeste
que
los frailes construyen con su predicación."
(
Const. de las Monjas de la O.P. Nro. 35, & I ).
Esta
vocación contemplativa de la que participamos como
hijas de Domingo, tiene el germen de esa tendencia de todo
nuestro ser a hacer presente a Dios, en este trozo de vida
donde se nos ha encomendado la tarea de hacer crecer el
Reino de Dios, transformando todo, (también nosotras),
en los valores de ese nuevo Reino.
Esto
es contemplar la Verdad de Jesús, Palabra de Dios.
Esto es vivir en oración: no tener más preocupación,
sea que trabajemos o estudiemos, sea que descansemos en
fraternidad comunitaria; sea que celebremos la Liturgia
de las Horas o intercedamos ininterrumpidamente en plegarias
por la "buena cosecha" de la predicación de nuestros
hermanos, los frailes dominicos. Sea que adoremos al único
Dios y Señor de toda la obra evangelizadora de la
Iglesia. Sea que celebremos la Eucaristía en la fiesta
de la vida con los Dones y Misericordia recibidos... esto
es contemplar la Verdad de Dios Encarnado, la Verdad de
Cristo Resucitado, la Verdad de Jesús que camina
con, y entre nosotros.
El
dolor de nuestra contingente precariedad y de las tinieblas
del error, del pecado, y la ignorancia que se hacen patentes
en la sangre derramada en nuestra patria, desafía
hoy nuestra vocación dominicana de Monjas, de Frailes,
de Hermanas y de Laicos, a vivir no sólo de tiempos
de oración, de contemplación y de apostolado
de la Palabra, sino y más aún, a SER ORANTES,
SER CONTEMPLATIVOS, como ESTADO DE VIDA , y no como meras
actitudes, rituales, devocionales o cultuales.
Hemos
de ser contemplativos, en una integrada e integradora espiritualidad
dominicana, en tiempos de guerra y de violencia, para ser
predicadores coherentes, dando sentido a nuestro ser contemporáneos
de esta historia de dolor y sufrimiento, que espera la liberación
por la instauración de la justicia, el amor y LA
VERDAD entre nosotros.
"CONTEMPLARI
ET ALIIS TRADERE CONTEMPLATA"