De un tiempo para atrás la Iglesia
estaba preparado para nosotros, los seguidores de Cristo,
la llegada del año dos mil con el motivo del gran
Jubileo y año de gracia del Señor. Paralelo
a esta celebración también se encargó
de originar un clima propicio para reflexionar a partir
de las experiencias pasadas y planear con más dedicación
nuestro presente y futuro, buscando no repetir sus errores
del pasado y potenciar las cualidades que vislumbremos en
nuestra vida personal y familiar. De esa misma manera la
Iglesia, como institución de mucha historia, ha querido
hacer una profunda reflexión de las dificultades
e injusticias que han tenido lugar en ella. Hay que aclarar
que los errores no son de la Iglesia en sí, sino
de algunos de sus miembros que actuaron muchas veces con
criterios cerrados y parcializados.
Pero no nos pongamos a definir su culpabilidad
o su inocencia, ya que ese no va a ser el tema central de
este escrito; más bien, miremos que en este clima
de reflexiones eclesiásticas, muchas de las víctimas
han hecho sentir de nuevo su voz, uno de ellos es Giordano
Bruno, "ex fraile dominico", que murió en la hoguera
de la Inquisición acusado de hereje.
Precisamente muchos medios de comunicación
han publicado sobre este caso, unas veces con un matiz a
favor de la Iglesia, otras, usándolos como argumento
en contra de ella y, alguno que otro artículo de
un carácter imparcial y serio.
Dentro de esa cantidad de títulos
podemos leer los siguientes:
"El Vaticano lamenta la muerte de Giordano Bruno", "Giordano
Bruno, a 400 años de su muerte", "Giordano Bruno
y América: de la crítica de la colonización
a la crítica del cristianismo", "Giordano Bruno,
maltratada su persona, pero no sus ideas", "El hombre contradictorio
que a todos irritaba", "Quemado por hereje", "Por amor a
la verdad" (Algunos de estos titulares se publicaron
por internet con motivo de los 400 años de la
muerte de Giordano Bruno.) . Los cuales
demuestran de entrada su postura parcial y muchas veces
la falta de información precisa para sustentar lo
que anuncia el titular, y es eso precisamente lo que va
produciendo en nuestro sencillo pueblo católico una
desinformada imagen de la institución eclesiástica.
LA IGLESIA COMENTA EL CASO
Para no desinformarnos más, veamos
lo que dice la Iglesia al respecto: "El Vaticano rehabilita
al teólogo quemado vivo en el Campo dei Fiori, pero
no su doctrina, incompatible con la fe cristiana"
La cuestión, que ha suscitado un
gran debate en Italia, en cuanto que el asunto de Giordano
Bruno ha sido desde hace tiempo utilizado por fuerzas anticlericales
para acusar a la Iglesia de crueldad, había sido
comentado incluso por el cardenal Camillo Ruini, presidente
de la Conferencia Episcopal Italiana y vicario de Roma.
Interrogado sobre la hipótesis de un "gesto de homenaje"
de la Iglesia a la memoria de Giordano Bruno, el cardenal
Ruini respondió así: "Un gesto tal es ciertamente
pensable, dado que incluso el cuarto centenario de la muerte
en la hoguera de Giordano Bruno cae justamente en el año
2000". Ya entonces sin embargo, Ruini precisó que
ese gesto "no comportaría una aprobación de
las ideas de Bruno, sino que se referiría al hecho
de que fue quemado".
El papa Juan Pablo II dejó claro
que «no se trata de un juicio sobre la responsabilidad subjetiva
de los hermanos que nos han precedido: esto es algo que
sólo le corresponde a Dios, quien a diferencia de
nosotros, seres humanos es capaz de "escrutar el corazón
y la mente". El acto que se ha realizado es un reconocimiento
sincero de las culpas cometidas por los hijos de la Iglesia
en el pasado remoto y en el reciente, y una súplica
humilde del perdón de Dios. Esto no dejará
de despertar las conciencias, permitiendo que los cristianos
entren en el tercer milenio más abiertos a Dios y
a su designio de amor. »
De todas formas, el Vaticano insiste en
que episodios como éste no se puede juzgar a la luz
de los criterios actuales. «El Tribunal de la Inquisición
procesó a Giordano Bruno con los métodos de
coacción que entonces eran comunes, pronunciando
un veredicto en conformidad con el derecho de la época.
»
ASPECTOS RELEVANTES DE LA VIDA Y EL
PENSAMIENTO DE GIORDANO BRUNO
Hace cuatro (4) siglos, casi en los albores
del siglo XVII, un hombre de 51 años, acusado de
cambiar la doctrina eclesiástica ante la Inquisición
era inmolado en el Campo dei Fiori en Roma. Tres siglos
más tarde, en 1899, un monumento será levantado
en el lugar para recordar la muerte de Bruno que entregó
la vida por no renunciar a su verdad, considerada en ese
momento peligrosa para la recta enseñanza y concepción
de lo que existía en el "universo medieval". Hoy
las investigaciones astronómicas confirman por la
aplicación de muchos métodos, la presencia
de decenas de planetas girando alrededor de otros soles
como el que nosotros conocemos. Ése es precisamente
el universo que Giordano (Filippo) se imaginó hace
400 años.
Este filósofo y teólogo controvertido
nació en Nola, pueblo ubicado en el este de Nápoles,
el año de 1548, cinco años después
de la muerte de Copérnico. Muy joven aun viste el
hábito de la Orden de Predicadores (dominicos) cambiando
su nombre de pila Filippo por el de Giordano. Estudia la
filosofía oficial de Aristóteles y la teología
de Santo Tomás. Ayudado por su extraordinaria memoria
y viva inteligencia se convierte en un hombre de mucha cultura,
que añadido a una personalidad fuerte y aguda, aunque
de espíritu atormentado, pronto lo hacen blanco de
severas críticas. Diez años más tarde
(1576) debe abandonar la Orden por conflictos con sus superiores,
iniciando una vida solitaria y errante. Su actitud polémica
marcó su vida y su fin.
En cuanto a su carácter personal
hay que señalar que tenía un temperamento
bronco, impetuoso, turbulento, exuberante, extremoso y contradictorio.
Pasaba del entusiasmo más ardiente al desaliento
y depresión más profunda; une su espíritu
crítico y analítico a una imaginación
desbordada de poeta, pero predomina la fantasía sobre
el raciocinio. Inquieto e imprudente en todas partes. Tenía
un agudo sentimiento y una conciencia desmedida de su propio
valer, él habría de ser el "sol que se
levanta, haciendo revivir la antigua filosofía sepultada
en las tenebrosas cavernas de la ciega ignorancia".
UN PENSADOR QUE TRASCIENDE SU CONTEXTO
En aquellos tiempos grandes acontecimientos
remecían al mundo. Hacía cosa de medio siglo
que se había descubierto América, y algo menos
que la expedición de Magallanes había circunnavegado
la Tierra. Una fiebre de descubrimientos y conquistas ocupaban
la atención del mundo. La invención de la
imprenta había generado una explosión de difusión
de las ideas y la Iglesia había sufrido el quiebre
más importante de su historia con Lutero y Calvino.
La inquisición parecía ser el mecanismo para
atajar tanta liberalidad.
¿Qué pudo haber llevado a ese hombre
a tal convicción: asegurar que el universo era más
de lo que se veía en ese momento? ¿Qué pudo
asegurarle tales creencias que le dio el valor para soportar
un encarcelamiento de más de siete años? ¿Qué
le hacía creer aquello, cuando no fue un empirista
como Galileo o un observador minucioso como Tycho Brahe,
ni mucho menos un matemático como Kepler?
Bruno, deja Italia para viajar a Francia,
Inglaterra y otros países de Europa. En París
da clases al rey Enrique III. El embajador francés
en Londres, Michel de Castelnau, lo protege y durante dos
años frecuenta los círculos culturales ingleses
en la corte de Isabel I. Allí publicó sus
mejores obras, entre las cuales se encuentra su visión
cosmológica "Del universo infinito y los mundos"
(De l´infinito universo et mundi). Londres, 1584. Por
momentos, más poeta que filósofo, que astrónomo
o matemático, aventura ideas que no puede demostrar,
pero que intuye con la luz propia del genio. Se adhiere
tanto como lo haría después Galileo, a la
teoría heliocéntrica de Copérnico,
con mayor vehemencia que el propio polaco. Y va más
lejos argumentando que la última esfera, la de las
estrellas fijas, prácticamente no existe pues tales
estrellas ocupan un lugar infinito más allá
de la esfera de Saturno (el último planeta conocido)
estando tan distante que, siendo soles, no se aprecian como
tal, sino como estrellas y muchas de ellas teniendo planetas,
por la misma razón de distancias no es posible captarlos
con nuestros sentidos. ¡Genial intuición! Y, no se
queda allí, aventura que esos planetas deberían
ser similares a la Tierra poblada por toda clase de seres.
Además se debe tomar la crisis que
atravesó en su juventud, provocada por la lectura
de Aristóteles, cuyo sistema interpreta en sentido
crudamente materialista. Rechaza su concepto de un Dios
eterno, finito separado del mundo, que ni es creador ni
tiene providencia sobre las cosas. Según esto, el
principio primero y único de las cosas del mundo
sería la materia prima, de cuya potencia saldrían
todas las cosas y todos los seres. Bruno, reacciona violentamente
contra este concepto materialista del mundo y, se esfuerza
por liberarse de la "maga circe" (la materia), desmaterializando
el universo todo lo posible, y buscando en Dios el único
principio creador y la causa única de todos los seres.
El mundo y las cosas no son producto de la materia prima,
sino el resultado del espíritu de Dios, eterno e
infinito que lo crea, vivifica, informa, sostiene y gobierna
todo.
Esto implica el abandono definitivo del
cosmos precopernicano y, generalizando atrevidamente, no
vaciló en suponer la movilidad de todos los cuerpos
celestes, incluyendo el Sol. Por otra parte, Bruno, disuelve
la última esfera de estrellas y destruyéndolas
en el espacio, las coloca a muy distintas distancias de
la idea del universo infinito. Por último, guiado
por el pensamiento de que la Tierra copernicana es un astro,
al igual que los demás planetas, supone que también
éstos son asientos de la vida. El suyo es pues, un
universo infinito en el que caben innumerables soles y planetas
habitados. Y prosigue: "Desde luego, en espacio infinito,
el centro está en todas partes o en ninguna. En un
universo de esta índole, es difícil ubicar
el paraíso de los bienaventurados, incluso el ‘Habitaculum
Dei’ se perdería en la inmensidad del espacio, si
el panteísmo de Bruno no identifica la Divinidad
omnipresente con el Cosmos. De este modo, Bruno, agregó
a sus convicciones copernicanas, que le indujeron a destrozar
el mundo estático y jerárquicamente ordenado
de los peripatéticos, algunas herejías que
desmontaron, ‘por decirlo así’ el cosmos cristiano".
Bruno, no sólo habló del
cosmos, también se interesa por comentar más
de lleno la filosofía, la moral y hasta se atreve
a postular una religión. Hay que distinguir que,
según últimos estudios sobre el pensamiento
de Bruno, se deba calificar de carácter mágico
– hermético; cabe interpretar el pensamiento bruniano
como una especie de gnosis renacentista, un mensaje de salvación,
con el sello de la religiosidad egipcia. Así, lo
postula F. A. Yates (Giordano Bruno e la tradizione
hermética, laterza, Bari), diciendo que "él
reconduce la magia renacentista hasta sus fuentes paganas,
abandonando los débiles intentos de Ficino que se
proponía elaborar una magia innocua ocultando su
fuente principal, el asclepius (en el que se enseñaba
a construir ídolos y amuletos y que fue condenado
por San Agustín) escarneciendo violentamente a los
herméticos religiosos (muy numerosos durante la época
renacentista) que habían creído alcanzar un
hermetismo cristiano prescindiendo del asclepius
y proclamándose un egipcio convencido, que deplora
la destrucción - por parte de los cristianos- del
culto a los dioses naturales de Grecia y de la religión
a través de la cual los egipcios habían alcanzado
las ideas divinas, el sol inteligible, el uno del neoplatonismo",
El egipcianismo de Bruno es "la buena religión" destruida
por el cristianismo a la que hay que regresar y de la cual
él se siente profeta, con la misión de hacerla
revivir. Es lógico entender que Bruno no podía
coincidir con los protestantes ni con los católicos
(y si vemos bien ni siquiera podía llamarse cristiano,
porque acabó por poner en duda la divinidad de Cristo
y los dogmas fundamentales del cristianismo), y que el apoyo
que buscó tanto en la Iglesia como con los protestantes,
no era otra cosa que apoyos tácticos para realizar
su propia reforma.
En lo que respecta a la filosofía,
la define como la aspiración y el esfuerzo del hombre
para llegar a la unidad absoluta y a la Verdad infinita.
Además él contrapone la filosofía a
la fe; el campo de la filosofía está confinado
al universo sensible. "La fe religiosa muestra a Dios fuera
de este mundo y ésta es su misión. La filosofía
debe mostrarlo en las formas y las existencias del universo,
en que Él se refleja con todas sus perfecciones".
Y, como es de notarse mostrándose contrario a la
doctrina dominicana y por lo tanto de la Iglesia católica.
En cuanto a la moral dice que sigue un proceso ascendente
en espiral, que acerca al hombre cada vez más a la
unidad. La virtud se basa en el conocimiento y el amor a
las leyes de la naturaleza. El retorno a la unidad se realiza
por la liberación de las pasiones y los vicios, mediante
el impulso del amor de Dios.
Así vemos que Giordano Bruno había
adquirido con mucha destreza esa característica que
todo fraile dominico debe tener, como lo es el interés
por alcanzar una visión no particularizada, sino
más bien universal de lo que se presenta a los sentidos
y más allá, como objeto de conocimiento y
especulación por el hombre. Me atrevería a
compararlo con Santo Tomás en su interés por
adentrarse a conocer y hablar de las cosas que estaban fuera
de lo que veía, pero le faltó, para que hubieran
adquirido más consistencia sus reflexiones y especulaciones,
una sistematización y un uso más preciso de
los términos, que sí se ve en Santo Tomás.
Habiendo hecho este rápido recorrido
por el pensamiento de Giordano Bruno sólo nos queda
hacer a cada uno, nuestra propia conclusión, que
se caracterice por la imparcialidad que debe ser el distintivo
de todo "Homo Veritatis" (hombre de la verdad); fuera de
cualquier partido esclavizante de opinión o de que
seamos religiosos, laicos ateos o laicos comprometidos con
la Iglesia; y así tener criterios para tomar una
postura con respecto a aquellos hermanos que ven anacrónicamente
un motivo para desacreditar o dudar de nuestra Iglesia.
Con esto no estamos queriendo decir que nos alegramos de
la muerte de este hombre, sino que nos ubiquemos bien en
la historia, contextualizándonos, y sabiendo ver
este acto como un intento sano de defender la correcta enseñanza
de la Revelación de Dios a los Hombres.