GIORDANO BRUNO: "FRAILE DOMINICO." PARA ALGUNOS UN SANTO, PARA OTROS UN HEREJE

Fray Jorge Luis Villanueva Ángel, O.P.

"Maiori forsam cum timore
sententiam in me fertis,
quam ego accipiam."

"Tal vez dictáis contra mí
una sentencia con mayor temor
del que tengo yo al recibirla." (Filippo Bruno)

EL PASADO NOS CUESTIONA PARA OPTIMIZAR NUESTRO FUTURO

De un tiempo para atrás la Iglesia estaba preparado para nosotros, los seguidores de Cristo, la llegada del año dos mil con el motivo del gran Jubileo y año de gracia del Señor. Paralelo a esta celebración también se encargó de originar un clima propicio para reflexionar a partir de las experiencias pasadas y planear con más dedicación nuestro presente y futuro, buscando no repetir sus errores del pasado y potenciar las cualidades que vislumbremos en nuestra vida personal y familiar. De esa misma manera la Iglesia, como institución de mucha historia, ha querido hacer una profunda reflexión de las dificultades e injusticias que han tenido lugar en ella. Hay que aclarar que los errores no son de la Iglesia en sí, sino de algunos de sus miembros que actuaron muchas veces con criterios cerrados y parcializados.

Pero no nos pongamos a definir su culpabilidad o su inocencia, ya que ese no va a ser el tema central de este escrito; más bien, miremos que en este clima de reflexiones eclesiásticas, muchas de las víctimas han hecho sentir de nuevo su voz, uno de ellos es Giordano Bruno, "ex fraile dominico", que murió en la hoguera de la Inquisición acusado de hereje.

Precisamente muchos medios de comunicación han publicado sobre este caso, unas veces con un matiz a favor de la Iglesia, otras, usándolos como argumento en contra de ella y, alguno que otro artículo de un carácter imparcial y serio.

Dentro de esa cantidad de títulos podemos leer los siguientes:

"El Vaticano lamenta la muerte de Giordano Bruno", "Giordano Bruno, a 400 años de su muerte", "Giordano Bruno y América: de la crítica de la colonización a la crítica del cristianismo", "Giordano Bruno, maltratada su persona, pero no sus ideas", "El hombre contradictorio que a todos irritaba", "Quemado por hereje", "Por amor a la verdad" (Algunos de estos titulares se publicaron por internet con motivo de los 400 años de la

muerte de Giordano Bruno.) . Los cuales demuestran de entrada su postura parcial y muchas veces la falta de información precisa para sustentar lo que anuncia el titular, y es eso precisamente lo que va produciendo en nuestro sencillo pueblo católico una desinformada imagen de la institución eclesiástica.

LA IGLESIA COMENTA EL CASO

Para no desinformarnos más, veamos lo que dice la Iglesia al respecto: "El Vaticano rehabilita al teólogo quemado vivo en el Campo dei Fiori, pero no su doctrina, incompatible con la fe cristiana"

La cuestión, que ha suscitado un gran debate en Italia, en cuanto que el asunto de Giordano Bruno ha sido desde hace tiempo utilizado por fuerzas anticlericales para acusar a la Iglesia de crueldad, había sido comentado incluso por el cardenal Camillo Ruini, presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y vicario de Roma. Interrogado sobre la hipótesis de un "gesto de homenaje" de la Iglesia a la memoria de Giordano Bruno, el cardenal Ruini respondió así: "Un gesto tal es ciertamente pensable, dado que incluso el cuarto centenario de la muerte en la hoguera de Giordano Bruno cae justamente en el año 2000". Ya entonces sin embargo, Ruini precisó que ese gesto "no comportaría una aprobación de las ideas de Bruno, sino que se referiría al hecho de que fue quemado".

El papa Juan Pablo II dejó claro que «no se trata de un juicio sobre la responsabilidad subjetiva de los hermanos que nos han precedido: esto es algo que sólo le corresponde a Dios, quien a diferencia de nosotros, seres humanos es capaz de "escrutar el corazón y la mente". El acto que se ha realizado es un reconocimiento sincero de las culpas cometidas por los hijos de la Iglesia en el pasado remoto y en el reciente, y una súplica humilde del perdón de Dios. Esto no dejará de despertar las conciencias, permitiendo que los cristianos entren en el tercer milenio más abiertos a Dios y a su designio de amor. »

De todas formas, el Vaticano insiste en que episodios como éste no se puede juzgar a la luz de los criterios actuales. «El Tribunal de la Inquisición procesó a Giordano Bruno con los métodos de coacción que entonces eran comunes, pronunciando un veredicto en conformidad con el derecho de la época. »

ASPECTOS RELEVANTES DE LA VIDA Y EL PENSAMIENTO DE GIORDANO BRUNO

Hace cuatro (4) siglos, casi en los albores del siglo XVII, un hombre de 51 años, acusado de cambiar la doctrina eclesiástica ante la Inquisición era inmolado en el Campo dei Fiori en Roma. Tres siglos más tarde, en 1899, un monumento será levantado en el lugar para recordar la muerte de Bruno que entregó la vida por no renunciar a su verdad, considerada en ese momento peligrosa para la recta enseñanza y concepción de lo que existía en el "universo medieval". Hoy las investigaciones astronómicas confirman por la aplicación de muchos métodos, la presencia de decenas de planetas girando alrededor de otros soles como el que nosotros conocemos. Ése es precisamente el universo que Giordano (Filippo) se imaginó hace 400 años.

Este filósofo y teólogo controvertido nació en Nola, pueblo ubicado en el este de Nápoles, el año de 1548, cinco años después de la muerte de Copérnico. Muy joven aun viste el hábito de la Orden de Predicadores (dominicos) cambiando su nombre de pila Filippo por el de Giordano. Estudia la filosofía oficial de Aristóteles y la teología de Santo Tomás. Ayudado por su extraordinaria memoria y viva inteligencia se convierte en un hombre de mucha cultura, que añadido a una personalidad fuerte y aguda, aunque de espíritu atormentado, pronto lo hacen blanco de severas críticas. Diez años más tarde (1576) debe abandonar la Orden por conflictos con sus superiores, iniciando una vida solitaria y errante. Su actitud polémica marcó su vida y su fin.

En cuanto a su carácter personal hay que señalar que tenía un temperamento bronco, impetuoso, turbulento, exuberante, extremoso y contradictorio. Pasaba del entusiasmo más ardiente al desaliento y depresión más profunda; une su espíritu crítico y analítico a una imaginación desbordada de poeta, pero predomina la fantasía sobre el raciocinio. Inquieto e imprudente en todas partes. Tenía un agudo sentimiento y una conciencia desmedida de su propio valer, él habría de ser el "sol que se levanta, haciendo revivir la antigua filosofía sepultada en las tenebrosas cavernas de la ciega ignorancia".

UN PENSADOR QUE TRASCIENDE SU CONTEXTO

En aquellos tiempos grandes acontecimientos remecían al mundo. Hacía cosa de medio siglo que se había descubierto América, y algo menos que la expedición de Magallanes había circunnavegado la Tierra. Una fiebre de descubrimientos y conquistas ocupaban la atención del mundo. La invención de la imprenta había generado una explosión de difusión de las ideas y la Iglesia había sufrido el quiebre más importante de su historia con Lutero y Calvino. La inquisición parecía ser el mecanismo para atajar tanta liberalidad.

¿Qué pudo haber llevado a ese hombre a tal convicción: asegurar que el universo era más de lo que se veía en ese momento? ¿Qué pudo asegurarle tales creencias que le dio el valor para soportar un encarcelamiento de más de siete años? ¿Qué le hacía creer aquello, cuando no fue un empirista como Galileo o un observador minucioso como Tycho Brahe, ni mucho menos un matemático como Kepler?

Bruno, deja Italia para viajar a Francia, Inglaterra y otros países de Europa. En París da clases al rey Enrique III. El embajador francés en Londres, Michel de Castelnau, lo protege y durante dos años frecuenta los círculos culturales ingleses en la corte de Isabel I. Allí publicó sus mejores obras, entre las cuales se encuentra su visión cosmológica "Del universo infinito y los mundos" (De l´infinito universo et mundi). Londres, 1584. Por momentos, más poeta que filósofo, que astrónomo o matemático, aventura ideas que no puede demostrar, pero que intuye con la luz propia del genio. Se adhiere tanto como lo haría después Galileo, a la teoría heliocéntrica de Copérnico, con mayor vehemencia que el propio polaco. Y va más lejos argumentando que la última esfera, la de las estrellas fijas, prácticamente no existe pues tales estrellas ocupan un lugar infinito más allá de la esfera de Saturno (el último planeta conocido) estando tan distante que, siendo soles, no se aprecian como tal, sino como estrellas y muchas de ellas teniendo planetas, por la misma razón de distancias no es posible captarlos con nuestros sentidos. ¡Genial intuición! Y, no se queda allí, aventura que esos planetas deberían ser similares a la Tierra poblada por toda clase de seres.

Además se debe tomar la crisis que atravesó en su juventud, provocada por la lectura de Aristóteles, cuyo sistema interpreta en sentido crudamente materialista. Rechaza su concepto de un Dios eterno, finito separado del mundo, que ni es creador ni tiene providencia sobre las cosas. Según esto, el principio primero y único de las cosas del mundo sería la materia prima, de cuya potencia saldrían todas las cosas y todos los seres. Bruno, reacciona violentamente contra este concepto materialista del mundo y, se esfuerza por liberarse de la "maga circe" (la materia), desmaterializando el universo todo lo posible, y buscando en Dios el único principio creador y la causa única de todos los seres. El mundo y las cosas no son producto de la materia prima, sino el resultado del espíritu de Dios, eterno e infinito que lo crea, vivifica, informa, sostiene y gobierna todo.

Esto implica el abandono definitivo del cosmos precopernicano y, generalizando atrevidamente, no vaciló en suponer la movilidad de todos los cuerpos celestes, incluyendo el Sol. Por otra parte, Bruno, disuelve la última esfera de estrellas y destruyéndolas en el espacio, las coloca a muy distintas distancias de la idea del universo infinito. Por último, guiado por el pensamiento de que la Tierra copernicana es un astro, al igual que los demás planetas, supone que también éstos son asientos de la vida. El suyo es pues, un universo infinito en el que caben innumerables soles y planetas habitados. Y prosigue: "Desde luego, en espacio infinito, el centro está en todas partes o en ninguna. En un universo de esta índole, es difícil ubicar el paraíso de los bienaventurados, incluso el ‘Habitaculum Dei’ se perdería en la inmensidad del espacio, si el panteísmo de Bruno no identifica la Divinidad omnipresente con el Cosmos. De este modo, Bruno, agregó a sus convicciones copernicanas, que le indujeron a destrozar el mundo estático y jerárquicamente ordenado de los peripatéticos, algunas herejías que desmontaron, ‘por decirlo así’ el cosmos cristiano".

Bruno, no sólo habló del cosmos, también se interesa por comentar más de lleno la filosofía, la moral y hasta se atreve a postular una religión. Hay que distinguir que, según últimos estudios sobre el pensamiento de Bruno, se deba calificar de carácter mágico – hermético; cabe interpretar el pensamiento bruniano como una especie de gnosis renacentista, un mensaje de salvación, con el sello de la religiosidad egipcia. Así, lo postula F. A. Yates (Giordano Bruno e la tradizione hermética, laterza, Bari), diciendo que "él reconduce la magia renacentista hasta sus fuentes paganas, abandonando los débiles intentos de Ficino que se proponía elaborar una magia innocua ocultando su fuente principal, el asclepius (en el que se enseñaba a construir ídolos y amuletos y que fue condenado por San Agustín) escarneciendo violentamente a los herméticos religiosos (muy numerosos durante la época renacentista) que habían creído alcanzar un hermetismo cristiano prescindiendo del asclepius y proclamándose un egipcio convencido, que deplora la destrucción - por parte de los cristianos- del culto a los dioses naturales de Grecia y de la religión a través de la cual los egipcios habían alcanzado las ideas divinas, el sol inteligible, el uno del neoplatonismo", El egipcianismo de Bruno es "la buena religión" destruida por el cristianismo a la que hay que regresar y de la cual él se siente profeta, con la misión de hacerla revivir. Es lógico entender que Bruno no podía coincidir con los protestantes ni con los católicos (y si vemos bien ni siquiera podía llamarse cristiano, porque acabó por poner en duda la divinidad de Cristo y los dogmas fundamentales del cristianismo), y que el apoyo que buscó tanto en la Iglesia como con los protestantes, no era otra cosa que apoyos tácticos para realizar su propia reforma.

En lo que respecta a la filosofía, la define como la aspiración y el esfuerzo del hombre para llegar a la unidad absoluta y a la Verdad infinita. Además él contrapone la filosofía a la fe; el campo de la filosofía está confinado al universo sensible. "La fe religiosa muestra a Dios fuera de este mundo y ésta es su misión. La filosofía debe mostrarlo en las formas y las existencias del universo, en que Él se refleja con todas sus perfecciones". Y, como es de notarse mostrándose contrario a la doctrina dominicana y por lo tanto de la Iglesia católica. En cuanto a la moral dice que sigue un proceso ascendente en espiral, que acerca al hombre cada vez más a la unidad. La virtud se basa en el conocimiento y el amor a las leyes de la naturaleza. El retorno a la unidad se realiza por la liberación de las pasiones y los vicios, mediante el impulso del amor de Dios.

Así vemos que Giordano Bruno había adquirido con mucha destreza esa característica que todo fraile dominico debe tener, como lo es el interés por alcanzar una visión no particularizada, sino más bien universal de lo que se presenta a los sentidos y más allá, como objeto de conocimiento y especulación por el hombre. Me atrevería a compararlo con Santo Tomás en su interés por adentrarse a conocer y hablar de las cosas que estaban fuera de lo que veía, pero le faltó, para que hubieran adquirido más consistencia sus reflexiones y especulaciones, una sistematización y un uso más preciso de los términos, que sí se ve en Santo Tomás.

Habiendo hecho este rápido recorrido por el pensamiento de Giordano Bruno sólo nos queda hacer a cada uno, nuestra propia conclusión, que se caracterice por la imparcialidad que debe ser el distintivo de todo "Homo Veritatis" (hombre de la verdad); fuera de cualquier partido esclavizante de opinión o de que seamos religiosos, laicos ateos o laicos comprometidos con la Iglesia; y así tener criterios para tomar una postura con respecto a aquellos hermanos que ven anacrónicamente un motivo para desacreditar o dudar de nuestra Iglesia. Con esto no estamos queriendo decir que nos alegramos de la muerte de este hombre, sino que nos ubiquemos bien en la historia, contextualizándonos, y sabiendo ver este acto como un intento sano de defender la correcta enseñanza de la Revelación de Dios a los Hombres.

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Última actualización 17 de Septiembre de 2003