SAVONAROLA
...UN HOMBRE LIBRE
QUE ANUNCIA LIBERTAD
Fray Nelson Novoa Jiménez, O.P.
Hablar de Savonarola no es reducirlo a una
simple biografía bien contextualizada, ni comentar
lo típico que se afirma sobre la vida de un profeta
y maestro, ni mucho menos hacer una apología belicosa
sobre su pensamiento. Quiero en este escrito, más que
mencionar los datos re- conocidos sobre su vida, hablar sobre
este hombre, sobre lo que para mí ha significado acercarme
a este maestro, tan actual como el mismo mensaje que él
anunciara una vez con su vida y sus palabras.
Savonarola, hijo de Italia, la Italia renacentista,
el pueblo más humanista del mundo que así como
lo vio nacer, lo vio morir abrazado por las llamas, la nación
del comercio, de las grandes rutas comerciales a gran escala,
de bellas ciudades y una rica cultura. Jerónimo era
el tercero de los siete hijos de la familia Savonarola. Sus
padres eran personas cultas y mundanas, y gozaban de mucha
influencia. Su abuelo paterno era un famoso médico
de la corte del Duque de Ferrara, y los padres de Jerónimo
deseaban que su hijo llegase a ocupar el lugar del abuelo.
En el colegio fue un alumno que se distinguió por su
aplicación. Sin embargo, los estudios de la filosofía
de Platón, así como de Aristóteles sólo
consiguieron envanecerlo. Sin duda alguna, fueron los escritos
del célebre hombre de Dios, Tomás de Aquino,
lo que más influencia ejerció en él,
además de las propias Escrituras, para que él
entregase enteramente su corazón y su vida a Dios.
Cuando aún era niño tenia la costumbre de orar,
y a medida que fue creciendo, su fervor en la oración
y el ayuno fue en aumento.
Crecía con los años en virtud
y entereza de vida. Es de esos hombres a los que difícilmente
se les acusa por perniciosos. Savonarola, a pesar de su exigente
moral, fue un varón de espíritu, espíritu
por el cual fue a la hoguera, espíritu por el cual
fue capaz de poner en duda a la misma autoridad de Roma y
sus ordenanzas.
ECCE GLADIUM DOMINI SUPER TERRAM
(¡Eh aquí la espada de Dios sobre la tierra!)
Savonarola no desprecia nunca la Institución
como tal. Pero, ve en ella y en el excesivo valor que se le
concede un mal para que se pierda el espíritu que anima
la vida del Pueblo Santo. El espíritu no se contrapone
a la Institución, pero tampoco es del todo coherente
con ella. "Il Frate" conoce perfectamente esto,
lo ha vivido, escuchado, leído de las mismas escrituras,
descubre que ahora su vocación, más que anunciar
el evangelio de Jesucristo, está en hacer volver a
su sitio la moral liberadora que había sido viciada
por el excesivo institucionalismo que reinaba en la Comunidad
de los Elegidos. Por eso Savonarola no puede ser considerado
un moralista, en el sentido peyorativo de la palabra, sino
un amante de la verdadera vida, algo que tiene que ver con
la ortodoxia (Creencia recta sobre lo que está prescrito
por el mismo Jesucristo) y también la ortopraxis (Práctica
justa de lo que se anuncia).
Amante afanoso de una vida sencilla, pero
digna, fue capaz de retar a los más poderosos de su
tiempo, comenzando por el mismo pontífice. Pero Savonarola
no es un hombre ingenuo y mal intencionado como muchos creyeron,
simplemente desea que la jerarquía reconsidere sus
actos y vuelva por el camino correcto, antes de que la "espada
de Dios venga sobre la tierra".
La moral Savonaroliana, por la que tanto
se distinguió, no fue lo mismo que nosotros hemos interpretado.
Es una moral para libres, para hombres que no fuesen "tibios",
como el mismo Savonarola los llamó.
Savonarola, no busca más que hacer
del Cristianismo una fe sencilla, tal como el mismo Cristo
la anunciara, de ahí su intención de criticar
todas las parafernalias y pomposas ceremonias de los obispos
y los altos prelados; la esencia no está en la forma,
sino en el sentido, la sencillez, el amor y la intención
con que se hacen las cosas, pues ese es el verdadero culto
a Dios, ese es el culto deseado por Dios. Lo interesante es
que el mismo Savonarola lo expresa en uno de sus famosos sermones
ante el pueblo de Florencia: "Sólo una cosa hay en
este tiempo que mucho nos deleita dice –- Savonarola a los
florentinos en 1493. –- Que todo él está adornado
y lleno de oropeles. Así, nuestra Iglesia tiene muchas
bellas ceremonias externas para dar solemnidad a los oficios
eclesiásticos, con bellas vestiduras, con muchos estandartes,
con candelabros de oro y de plata, con tantos bellos cálices
que es una majestad. Tú ves allí a aquellos
grandes prelados con aquellas hermosas mitras de oro y de
gemas preciosas en la cabeza, con báculos de plata;
tú les ves con sus bellas casullas y pluviales de brocado
en el altar, con tantas bellas ceremonias, con tantos órganos
y cantores que te quedas estupefacto. Y esos hombres te parecen
de gran prudencia y santidad. Y no crees que puedan equivocarse,
sino que todo lo que dicen y hacen debe observarse como el
Evangelio. He ahí cómo está hecha la
Iglesia moderna. Los hombres se contentan con estas hojarascas
y se regocijan con estas ceremonias, y dicen "que la
Iglesia de Cristo nunca estuvo tan floreciente y que el culto
divino nunca fue tan bien practicado como ahora. Como dijo,
una vez, un gran prelado: que la Iglesia nunca estuvo tan
rodeada de honores y que los prelados nunca tuvieron tanta
reputación, y que los primeros prelados eran obispillos
respecto a estos nuestros de hoy".( Texto Savonarola,
cit. R/T p. 207:)
"Il Frate", amado por muchos, odiado
por otros. Su sensibilidad ante la misericordia divina era
tal que no temía el momento de la muerte, aunque llegados
los momentos de angustia, su corazón tratase de hacer
lo mismo que el Salvador en el Monte de los Olivos. Pero él
es fiel. Esta fidelidad nace en su esperanza en la misericordia,
misericordia que enseñó en sus predicaciones
y que confiaba a la Iglesia militante. Misericordia que quiso
expresar en uno de los comentarios más bellos que existen
sobre el Miserere. Quisiera tomar un pequeño párrafo,
en el que se nota la elegancia con que Savonarola escribe,
aún en el sufrimiento y el tormento: "In te,
Domine, speravi. Por estas palabras mi corazón fue
en tal medida consolado, que, no pudiendo retener más
mi alegría, comencé a cantar: El " Señor
es mi luz y mi salvación, ¿A quien temeré? "
Y deshecho en lágrimas, arrojándome a los pies
del Señor, añadí: ¡Oh, Señor!,
Aun cuando ellos alcen contra mí sus ejércitos,
mi corazón no se conmoverá, pues vos sois mi
fuerza y mi refugio, y a causa de vuestro nombre me guiaréis
y me sustentaréis" (Savonarola Jerónimo,
Comentario al Miserere )
Hombre que invita a la espera en el amor
de Dios, a llevar una vida recta y generosa con los demás,
apóstol que lo único que sabía gritar
era "Misericordia y fidelidad". Es el Juan Bautista del siglo
XV, reclamando a la misma Iglesia de su Señor un camino
allanado para su venida, un camino derecho para la entrada
triunfal del Salvador. Voz de profeta que clama por una vida
auténtica y que es escuchada aún en medio de
las llamas que devoraban su cuerpo. Llamas, que aunque devoraron
su cuerpo, no devoraron su voz y su probidad.
TRIUMPHUS CRUCIS
(El triunfo de la Cruz.)
Si la vida del Frate se hubiera quedado sólo en sus
continuas disputas con Roma no habría salido de ahí.
Su deseo de vivir un cristianismo más auténtico,
de volver a la raíz primigenia y bendita de la que
nos habla los hechos de los Apóstoles, lo llevó,
aparte de enfrentarse al mismo Papa, a poner en tela de juicio
todos los regímenes que no hacían más
que debilitar la acción de Dios en su Iglesia. En su
Libro TRIUMPHUS CRUCIS, busca reflexionar sobre la espontaneidad
misma de la vida cristiana. Una vida conforme al mensaje misericordioso
del Evangelio, una vida alegre y sin tantas disposiciones
legalistas utilizadas solamente por infundir miedo, que no
era un temor por cierto a Dios, sino un temor a la Inquisición
y su aparato castigador. Pero, sin lugar a dudas que nuestro
profeta sintió miedo ante éstos. Esto es fácil
de demostrar cuando le llega la noticia de Roma en la que
se le comunica la excomunión y su inhabilidad para
predicar. Como no puede predicar o desahogarse en público,
decide hacerlo a solas y con la pluma. Tiempo después
y contra todos los detractores suyos decide volver al púlpito,
pues se debe obedecer primero a Dios que a la misma Roma.
Ante esto en uno de sus monólogos escribe: "Agradezcamos,
pues, siempre la bondad Divina, la cual nos ha elegido para
el ministerio de su verdad, por la que padecemos en buen grado
muchas persecuciones y combatimos de día y de noche,
queriendo Dios que la fama de esta profecía vuele por
todo el mundo, y que aquellos que quieren la renovación
de la Iglesia se dispongan a recibir la gracia del Espíritu
Santo, a quien primero debo mi obediencia, antes que a los
mismos hombres."( Este escrito hace parte de los monólogos
que escribió mientras estaba en el convento de San
Marcos
de Florencia sin poder predicar.)
Este es el triunfo de la Cruz, la cruz que nunca se opone
a la voluntad divina, sino que la lleva a su plenitud.
LA LIBERTAD DE UN HOMBRE: EJEMPLO PARA TIEMPOS
NUEVOS.
Ya lo he dicho. Savonarola es un hombre libre.
Libre porque ha tomado para sí lo que el Salvador decía:
"La verdad os hará libres". Libre porque anunciaba
libertad siendo aun un encarcelado. La libertad de Savonarola
es el ejemplo más bello de lo que la entrega puede
hacer. La entrega implica generosidad, dadivosidad que como
él mismo afirma "Todo lo recibí de aquel que
me envía a vosotros", sólo un hombre que es
libre puede darse de lleno a una misión y definitivamente
eso "Il Frate" lo tenía bien claro.
HACIA UNA VERDADERA MORAL
La moral, uno de los temas más controvertidos,
no solo en la Iglesia, sino también en la sociedad
en general. En la actualidad vemos cómo hay una rebeldía
frente a cualquier forma de moral, o exigencia de conducta
en el comportamiento, arguyendo la libre disposición
de cada persona. Si hiciéramos el ejercicio de traer
a Savonarola a este tiempo de la historia, de seguro que le
quedaría muy difícil actuar.
En Savonarola, la moral es un ejercicio de
ser, no simplemente de hacer. No es reducida a unos simples
comportamientos o actitudes, no tiene el significado actual
reduccionista, el cual hace énfasis más en las
obras morales, que en el ser moral. La importancia del hombre
sobre las obras, y del mismo ser sobre el actuar, fue lo que
llevó definitivamente a Savonarola a predicar de manera
asidua y reiterada contra los vicios inmorales y amorales
de su época, volver al evangelio de Jesucristo como
fuente de verdadera moral y de verdadero ser.
Ojalá en nuestra época surgiera
un nuevo Savonarola, con la garra del predicador, la inteligencia
del sabio y la virtud del santo.
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