LA CONCEPCIÓN DEL HOMBRE EN
SANTO TOMÁS: "Ad hoc respondeo dicendum
quod..."
En medio de estas dos posturas extremas
encontramos una tercera, propuesta por Santo Tomás
de Aquino, y seguida por la doctrina oficial de la Iglesia
Católica, que busca reivindicar tanto el carácter
corpóreo como el carácter espiritual del ser
humano.
Para la escuela tomista, el alma no
es una entidad separada del cuerpo y unida accidentalmente
a la materia. El alma es el "primer principio de
la vida humana" y forma una única substancia
con el cuerpo. El hombre no es solamente el alma,
como creían Platón y Descartes, sino que constituye
una unión profunda de alma y cuerpo.
Recordemos que Tomás es discípulo
de Aristóteles, por eso toma del pensador griego
la Teoría de la materia y la forma para explicar
la relación entre cuerpo y alma. Así como
la forma mantiene unida la materia para dar origen a los
cuerpos, el alma como un principio vital configura la materia
y se constituye en la forma del cuerpo. Esta concepción
es recogida por el Catecismo de la Iglesia Católica
cuando afirma: "La unidad del alma y el cuerpo es tan
profunda que se debe considerar al alma como la forma del
cuerpo, es decir, gracias al alma espiritual, la materia
que integra el cuerpo es un cuerpo humano y viviente. En
el hombre, el espíritu y la materia no son dos naturalezas
unidas, sino que su unión constituye una única
naturaleza."
Es bueno aclarar que Santo Tomás
utiliza el término latino "anima"
en un sentido amplio: todo lo que tenga vida posee un ánima.
Así existen tres tipos de almas: almas vegetativas
para las plantas, almas sensitivas para los animales
y almas racionales para los seres humanos. Esto no
quiere decir que en el hombre existan tres almas, como pretendía
Platón, sino que el alma racional asume y supera
las funciones de las almas vegetativa y sensitiva.
Esta visión integral del ser humano,
permite que Santo Tomás aprecie el cuerpo como
un bien para el alma, separándose del monismo
que ve en el cuerpo una cárcel o un mero instrumento
del alma. Gracias al cuerpo, el alma puede relacionarse
con el mundo sensible, conocer las cosas y conocerse a sí
misma, ya que todo nuestro conocimiento se hace a partir
de las impresiones del mundo que obtenemos por medio de
los sentidos. "Orígenes pensó, como
Platón, que el alma humana es una substancia completa
y que el cuerpo está unido a ella accidentalmente.
Pero como esto es falso, según se ha demostrado,
el alma no está unida al cuerpo en detrimento suyo,
sino para la perfección de su propia naturaleza."
(Quaestio disputata de anima, 2 ad 14).
Con lo que hemos expuesto hasta aquí,
se comprueba fácilmente la superioridad de la concepción
tomista frente al monismo espiritual. Si el alma está
integrada al cuerpo de manera sustancial no es de extrañarnos
que ciertos factores físicos afecten nuestras facultades
intelectuales. Aún más, los descubrimientos
médicos, según los cuales las operaciones
racionales y las emociones corresponden a procesos fisiológicos,
no rebaten sino que confirman el planteamiento del Doctor
Angélico: el alma es la forma del cuerpo por
eso existe una unidad entre los procesos biológicos
y los procesos intelectuales. Si Santo Tomás hubiera
vivido en nuestra época, seguramente no se alarmaría
con estas constataciones, sino que las hubiera tomado como
otras tantas confirmaciones científicas de su planteamiento
central.
Pero bien, ahora alguien podría
preguntar si Santo Tomás coincide con los hallazgos
de la medicina, ¿Qué sentido tiene seguir hablando
de "alma y cuerpo" que a fin de cuentas son descomposiciones
racionales de una realidad indisoluble como es el hombre?
¿Por qué no simplificar nuestro lenguaje y nuestro
estudio centrándonos en lo fisiológico como
lo hace la ciencia moderna? ¿Qué necesidad hay de
recurrir a "principios espirituales" para definir
al hombre?.
Tampoco Santo Tomás se vería
limitado por el monismo material de nuestro tiempo. Dentro
de su planteamiento está muy claro que aunque
el hombre comparte la condición material de todos
los demás seres naturales también la supera
en cuanto es capaz de realizar funciones independientes
de la materia. Por ejemplo, la inteligencia y el entendimiento
pueden conocer y concebir cosas distintas de las materiales.
Ideas universales o conceptos que se salen de las determinantes
de espacio y tiempo, o conceptos matemáticos como
el triángulo y la raíz cuadrada que no tienen
correspondencia con ningún objeto real. "Si
el entendimiento fuese un cuerpo, su acción no excedería
el orden de los cuerpos. Pero esto es manifiestamente falso,
porque entendemos muchas cosas que no son cuerpos. Luego
el entendimiento no es un cuerpo." (Suma contra
gentiles 2, 49) Si el entendimiento fuera un cuerpo
material no podríamos desarrollar la lógica
pura o las matemáticas, ni elaborar una teoría
abstracta de la ciencia física; menos aún
podríamos plantearnos el problema de Dios y de la
metafísica. Como no podemos conocer directamente
la naturaleza de nuestra alma, sino que debemos deducirla
por sus efectos, sabemos que el alma es inmaterial ya que
es capaz de conocer cosas inmateriales.
Esta afirmación resulta básica
para entender el planteamiento de la inmortalidad del alma
que le permite a Tomás encontrarse con la fe. Hasta
ahora hemos mostrado cómo cuerpo y alma constituyen
una unidad profunda, de modo que el cuerpo vive gracias
al alma y el alma por naturaleza tiende a unirse al cuerpo.
Sin embargo, al llegar la muerte, el cuerpo y el alma se
separan, se diluye la unidad constitutiva del ser humano.
Después de la muerte, el cuerpo, al faltarle el principio
vital, se corrompe y se descompone. Pero el alma, por constituir
un principio inmaterial, no se descompone, sino que pervive,
aunque de manera muy imperfecta, sin el cuerpo al que estaba
unida.
Recordemos que el alma, por sí sola,
no es un ser humano, sino un principio vital. Aunque este
"Principio Vital" pueda subsistir después
de la muerte, es claro que necesita unirse a un cuerpo que
es lo propio de su naturaleza. Por eso, la filosofía
tomista encaja muy bien con la fe cristiana según
la cual Dios restituirá al alma su cuerpo glorificado.
Volvamos sobre nuestro Catecismo "En la muerte, separación
del alma y el cuerpo. El cuerpo del hombre cae en la corrupción,
mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera
de reunirse con su cuerpo glorificado." Esta afirmación
es eco del Apóstol San Pablo: "Todos resucitarán
con su propio cuerpo, que tienen ahora, pero este cuerpo
será transfigurado en un cuerpo de gloria."
(Filp. 3, 21).
Con este estudio no queremos afirmar que
Santo Tomás ya agotó todo lo que se puede
decir sobre el ser humano. Evidentemente su visión
es la de un filósofo aristotélico y la de
un teólogo cristiano. Todavía queda espacio
para muchas reflexiones de carácter psicológico,
médico y antropológico sobre el hombre. El
gran aporte del Doctor Angélico consiste,
una vez más, en mostrarnos la compatibilidad y la
complementariedad entre el estudio teológico, la
reflexión filosófica y el avance científico
en torno a problemas comunes, evitando caer en reduccionismos
que desconocen las distintas dimensiones del hombre como
persona.
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