EL
SANTO ROSARIO
Un
recuerdo amable, inesperadamente piadoso y recogido, ha quedado
en nuestros corazones: Fr. Enrique, con la sencillez de siempre
y el estilo sobrio que marcó todo en su vida, sentado en
el coro de la Iglesia de Santo Domingo, seguramente acompañado
de varios de los frailes estudiantiles, rezando el Santo Rosario.
Mucho
más de lo que podían sugerir sus gracejos o su risa
fraterna y sonora, Fr. Enrique era un hombre de oración
y además un fraile preocupado por la vida espiritual de
sus hermanos, especialmente de los más jóvenes.
Conmigo desahogaba a veces sus cuitas y se preguntaba, con un
profundo sentido de responsabilidad: "¿Qué será
que yo no veo que los frailes se confiesen con la frecuencia que
debieran?", o también: "¿Te has dado cuenta de que nosotros
enseñamos muchas cosas, pero no damos caminos de vida espiritual
para los muchachos?".
Y pasando
de las palabras y los deseos a los hechos, durante sus últimos
años se propuso inculcar con su propio ejemplo la práctica
regular del Santo Rosario y el rezo fervoroso de la Liturgia de
las Horas. Fue un hombre que hizo de sus propias limitaciones
un lenguaje de fraternidad y misericordia, lo hemos dicho en otra
ocasión. No por casualidad tantos de nosotros recibimos
la absolución sacramental de su ministerio de sacerdote.
Un
sacerdocio fundado en la experiencia de gracia y en muchas horas
de estudio serio y continuo.
Es
aquí donde el rezo del Rosario, unido a su efecto casi
infantil por la Madre de Dios, encontró su lugar. Crecer
en la vocación, madurar en una espiritualidad seria y ser
mejores predicadores eran para él un mismo lenguaje y una
misma lógica: una secuencia que sólo podía
seguirse cabalmente al ritmo de los misterios del Evangelio en
el Santo Rosario.
Sería
por todo ello que en los últimos meses se dio a la tarea
de recopilar meditaciones especialmente bíblicas, breves
y certeras, que ayudaran a saborear los misterios. Así
nació la obra que tienes entre manos, estimado lector,
obra a la que con justicia podemos llamar el testamento espiritual
y dominicano de Fr. Enrique Aranda Ospina.
Fray
Nelson Alfonso Medina F., O.P.