Misionero incansable de la misericordia
Fr. Ernesto José Mora Arias, O.P.

|  mayo 03 de 2022  | Por: Fr. Carlos Arturo Ortiz Vargas, O.P. | 

La población de Garagoa es anterior a la Conquista, los indios que moraban la región se llamaban los garaguas. Deriva su nombre de la palabra chibcha: Ga − siervo del sol y del diablo, ra – allá, y gua − monte y pez; que traducido dice: Allá tras del cerro, al otro lado del sol. Hoy es la capital de la provincia de Neira, en el Valle de Tenza, ubicada al suroriente de Boyacá, sobre la cordillera oriental. Allí, en el hogar cristiano de don Pedro Ignacio y de doña Ana Rosa, los dos de origen campesino, labradores de la tierra y respetados por su honestidad, nacieron dos hermanos: Pedro Baltasar y Ernesto José, el menor de los dos, que nació el 15 de mayo de 1936, y a quien se le conocía cariñosamente como el padre Morita.

La vinculación de Ernesto José con la comunidad dominicana inició en el año 1954, cuando ingresó al recién inaugurado Seminario Apostólico Dominicano Jordán de Sajonia al primer año de bachillerato. En ese entonces, contaba con 17 años, lo que lo ubicó como el mayor del grupo; era como el hermano mayor, que daba ejemplo de responsabilidad, estudiosidad, disciplina y lealtad en la amistad. Se graduó como bachiller, antes de dar inicio al noviciado en Chiquinquirá el 12 de noviembre de 1958; ingresaron con él quince novicios, dos de ellos para hermanos cooperadores, de los cuales cuatro se ordenaron en la Orden, perseverando dentro de ella sólo fr. Norberto Rangel Argüello, fr. Jaime Valencia García y fr. Ernesto José; su maestro fue fr. José Dimas Espitia Leaño. Durante esta etapa, se destacó como un buen deportista, especialmente en las disciplinas del fútbol y del ciclismo; justamente en un partido de fútbol, sufrió una lesión en una de sus piernas, que intentó curar como sobandero dl hermano fr. Martín Riaño, con la mala suerte que no obtuvo los mejores resultados, dejando a fr. Ernesto con dificultades al caminar. Esto no le impidió llevar una vida itinerante al servicio de la predicación. Muchos relatan de él, que realizaba grandes recorridos a pie.

Emitió su primera profesión en el Santuario Mariano Nacional el 13 de noviembre de 1959. Comenzó sus estudios de filosofía en el Studium Generale del Convento de Santo Domingo en Bogotá y el 13 de noviembre de 1962 hizo su profesión solemne. Como estudiante de filosofía y teología mostró entusiasmo, aplicación, dedicación a la investigación y preparación como verdadero hijo de santo Domingo y discípulo entusiasta de santo Tomás de Aquino, cuya obra maestra era, junto con la Sagrada Escritura, de sus libros de cabecera. Culminó estos estudios no solo en el Studium Generale, sino también en la Universidad Santo Tomás, donde obtuvo la licenciatura en Filosofía y Ciencias Religiosas, y en la Pontificia Universidad Javeriana, titulándose como licenciado en Teología.

El 25 de noviembre de 1967, estaba recibiendo la ordenación presbiteral de manos del cardenal Aníbal Muñoz Duque en el presbiterio de la Parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Bogotá, cuando corrió el rumor de una intoxicación masiva en la Ciudad Mariana. Al día siguiente, fr. Ernesto salió para el Santuario Mariano Nacional, para cumplir su promesa de la primera misa cantada a los pies de Nuestra Señora, la cual se tuvo que realizar en el patio del convento, pues la basílica estaba en reparación a causa del temblor que sucedió en julio del mismo año. En 1971, fue socio del maestro de novicios y estudiantes, fr. Pastor Prada Dietes, y lector conventual de Santo Domingo en Bogotá. En 1972, fue asignado al Convento de Santo Tomás en Bogotá, en donde se desempeñó como miembro del consejo, lector, cronista y bibliotecario conventual, director espiritual, profesor de cátedra en el Colegio Santo Tomás de Aquino y capellán de las terciarias dominicas de Usaquén.

Después de muchos años de ausencia, el 8 de diciembre del mismo año, regresó a Garagoa para celebrar su primera misa solemne en el día de la Inmaculada. Otra vez la tristeza y la tragedia opacaron la alegría de tan gran celebración, ya que un par de horas antes de lo programado, es decir, hacia las 8:00 a.m., recibió la noticia de que la comitiva de los frailes dominicos que viajaban a acompañarlo se había accidentado y todos habían perecido. Sin embargo, el resultado no fue tan trágico, aunque todos quedaron heridos, unos más que otros.

Hacia 1974, viajó a los Estados Unidos para adelantar estudios de inglés y a su regreso, el 8 de septiembre de 1978, fue elegido prior del Convento de San José y párroco de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Bogotá y también hacía parte del Consejo de Provincia. En 1980, renunció al oficio de prior, a solicitud de fr. Jorge Leonardo Gómez Serna, para irse como misionero a Tibú, cuando este había sido nombrado como prelado. Allí permaneció durante varios años desempañándose como promotor nacional del rosario, párroco y superior en la Gabarra, Luis Vero, Campodós y Tibú y director de la pastoral litúrgica de la prelatura. Con el testimonio de su vida y predicación, su actividad misionera fue encaminada a hacer presente a ese Cristo, que trae la fuerza del evangelio. Además de su labor pastoral y misional, se destacan las obras de construcción de la casa cural, la ampliación del templo y otras muchas obras sociales que los feligreses recuerdan y agradecen con cariño.

 

 

En 1989, era vicario parroquial en Villa de Leyva y para 1994, en La Renovación; además, fue director del Centro Pastoral del Divino Niño, que después conllevó a la creación de la parroquia del mismo nombre en Chiquinquirá. En 1997, estuvo asignado a la Casa de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en Tibú y trabajó incansablemente como párroco de la Parroquia de Santa María La Virgen en Campo Dos. Esta segunda etapa de misiones fue más corta, pero al mismo tiempo más intensa y más meritoria, pues tuvo que enfrentar una situación muy difícil y delicada ya que todo ese territorio estaba invadido por grupos ilegales como la guerrilla y los paramilitares; era una época de narcotráfico, masacres, desplazamientos masivos y toda clase de atropellos contra los campesinos de la región.

En el 2001, se encontraba como lector conventual en el Convento de San José de Bogotá y era el responsable de la pastoral en el barrio Pardo Rubio, fundado años atrás por fr. Alberto María Madero Pinzón. En noviembre de 2002, se desempeñaba en la misión de los Llanos Orientales, con sede en la ciudad de Villavicencio. Desde el 20 de agosto de 2003 hasta el 2006, estuvo asignado a Chiquinquirá para la atención pastoral en el Santuario Mariano Nacional; en junio de 2004, fundó el grupo apostólico San Martín de Porres y durante un año, en el 2007, fue enviado a Campo Dos. En el 2008, estuvo de regreso en Chiquinquirá. En el 2015, estaba asignado a la Casa de Santa María La Virgen de Campo Dos. En 2016, por invitación de monseñor fr. Jorge Leonardo viajó a Roma para celebrar el jubileo de la fundación de la Orden. En febrero de 2017, fue asignado a la Casa San Luis Bertrán de Barranquilla, pero realizando sus labores pastorales en las parroquias de La Medalla Milagrosa y San Francisco de Asís en Riohacha.

Fr. Ernesto José, boyacense de pura cepa, amante del buen humor, de las amistades y ante todo de Jesús sacramentado. Se dedicó especialmente a la propagación de la Palabra de Dios y del santo rosario, llevando consuelo físico y espiritual a los más necesitados en las regiones más apartadas y donde faltaban pastores. Haciendo el bien cada día, en el silencio de las tierras que visitaba, lugares bendecidos por los pies del que anunciaba la paz; por eso, el mensaje y la invitación que el padre Morita siempre nos hacía desde su lugar de misión era: Evangelizar, evangelizar y evangelizar.

Reconocido por su dedicación al sacramento de la reconciliación y su carisma ministerial, tan particular en él, para la oración y la sanación por la imposición de manos sobre aquellos que lo buscaban y que encontraban en él, a un verdadero cura de almas. Toda su vida fue un derroche de amor a Dios y a la santísima Virgen del Rosario de Chiquinquirá. Hombre de cualidades excepcionales, capaz de comunicar a Dios hasta con un solo saludo. Ecuánime, sencillo, humilde y, ante todo, un hombre misericordioso. Su carisma de predicador itinerante y su afabilidad dejaban entrever una presencia mística de Dios.

Anécdotas quedan por contar, pero es preciso exaltar su figura como ministro de la misericordia de Dios. Y esto lo sembró desde el inicio de su sacerdocio cuando en la tarjeta de ordenación escribió esta frase del salmo 30: Bendito sea Dios que ha hecho por mí prodigios de misericordia. Él la explicaba así: Dios ha hecho prodigios de misericordia en Él y por Él, en los que le fueron encomendados. Ya desde sus inicios marcaba una ruta a través de la cual ejerció sus más de cincuenta años de predicación; pastor y oveja siempre bajo la columna de la Iglesia. Al llegar al final de su vida, Dios lo encontró cumpliendo su misión asignado a la Casa de San Juan Bautista de Riohacha. Nos deja como testamento el amor vivo por los pobres. Fr. Ernesto José fue un santo de Dios, que convivió y compartió con nosotros. Una santidad que vimos en sus palabras y en su quehacer como dominico.

Próximo a cumplir sus 86 años, falleció en el Convento de San José de Bogotá, el 1 de mayo de 2022, en la fiesta de san José Obrero, a los 85 años de edad y 54 de vida consagrada. Sus despojos mortales fueron velados en la Funeraria Los Olivos (sede Palermo) y sus exequias se realizaron en la Parroquia de Nuestra Señora de Chiquinquirá en Bogotá a las 12:00 m. Su cuerpo fue trasladado a Chiquinquirá y luego de una corta ceremonia a las 5:00 p.m., fue sepultado en el mausoleo de la Orden en el Cementerio Central de la ciudad.

Referencias:

Ariza, A. (1993). Los dominicos en Colombia II. Bogotá, Colombia: Editorial Antropos.
Provincia de San Luis Bertrán de Colombia. (1987−1991). Boletín de Provincia dominicos de Colombia, nn. 75, 87, 101. Bogotá, Colombia: Circulación interna.
Provincia de San Luis Bertrán de Colombia. (1967−2020). Catálogo de Provincia.
Medrano, J. (2005). Libro de crónicas del Convento de los frailes dominicos en Chiquinquirá. 1991−2005. Chiquinquirá, Colombia: Circulación interna
Murillo, O. (2022). Misionero incansable de la misericordia. (Documento inédito).
Valencia, J. (2002, noviembre). El padre Morita. Boletín de Provincia dominicos en Colombia (113).


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