Corpus Christi

|  junio 19 de 2022  | 

Era una tarde clara, no por que sepamos con precisión cuanto alumbraba el crepúsculo sobre la arcana ciudad, sino por los sentimientos de doce varones que alrededor de una mesa reunidos con el maestro compartían el pan y los sentimientos más puros y verdaderos que jamás hayan invadido algún corazón sobre la faz de la tierra. Doce hombres, infinidad de sentimientos, pero un solo corazón y un solo cuerpo, como uno solo es el maestro.

De ello, da cuenta la sangre de los mártires, que, en perfecta unanimidad, inmolaron también sus manos y sus almas, siendo estos, convocados por el Cordero, a ofrecer perennemente el sacrificio pascual alrededor del Ara eucarística, y escribiendo con su sangre de forma indeleble las perfectas letras de un prefacio que solo puede ser cantado por aquellos, cuyo amor y entrega desinteresada, a Dios y a los hombres, derramaron en perfecta armonía cada gota de su sangre, como oblación al Padre que deriva en amor al hermano.

Al celebrar, henchidos los corazones de alegría, la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es propio reconocer que aquellos que nos saciamos del banquete suculento y sustancioso de los santos, hemos de configurar nuestra vida en la entrega perfecta y en la oblación continua hacia Dios y los hermanos, siguiendo no solo el perfectísimo ejemplo de los Apóstoles y los Mártires, sino el del mismo Cristo, que nos ha enseñado a amar, sin pretextos y dobleces, sin esperar nada a cambio pero entregándolo todo en gratuidad y extensión.

El paladar que se deleita con el pan del cielo, ha de saber que sus palabras han de ser sensatas y que en su alma, frágil, pero fortalecida de manera constante con los auxilios del Santo Sacramento de la Misa, no podrá caber el subterfugio, la conjuración y la insidia, menos cuando del prójimo, igual de débil y en camino hacia la perfección se trata; la Eucaristía es la invitación constante a purificar los sentimientos y las acciones; quien se obstina a ello, igual que el Apóstol traidor se auto excomulga del Cuerpo Eucarístico, en palabras de San Pablo tomando y bebiendo su propia condenación. (1 Corintios 11:29) Margaritas ante porcos.

En otro lugar, San Pablo dice: “El Cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el Pan que partimos ¿no es acaso comunión con el cuerpo de Cristo? (1Co,10,16) Según las palabras del Apóstol, el pan eucarístico del que todos participan y la única copa consagrada, a la cual acerca sus labios la comunidad de los creyentes, son presentados como el símbolo de la unidad de fe y amor, para mostrarnos, que sin unanimidad en la fe y diafanidad en los sentimientos que nos proferimos unos a otros, no hay verdadera Cena Pascual; dicho texto inspiró a nuestro hermano Santo Tomás, quién con un profundo gusto literario traduce las palabras del Apóstol, cuando en la oración Supra Oblata reza : “Concede, Señor, a tu iglesia el don de la paz y la unidad, significado en las ofrendas sacramentales que te presentamos.”

Hasta el momento, todo parece conducir a la necesidad de cultivar en nuestros corazones, sentimientos honestos y limpios, que nos identifiquen como comunidad de hermanos, que, congregada alrededor del altar, se nutre, crece y fortifica, esperando de nuevo al Redentor. Así pues, el mandato de Jesús en el evangelio es: Vos date illis manducare, (dadles vosotros de comer) ¿Quién puede dar de comer, sino es solo aquel que ha sabido degustar el Sacramento, pero también ha dejado que este invada su vida y sus obras con el buen olor de Cristo?

Adorémus in ætérnum Sanc­tí­ssimum Sa­cra­méntum


Fray Santiago Arango Ospina, O.P.

  • Cursa tercer semestre de la licenciatura en filosofía y letras de la Universidad Santo Tomás.

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