Fr. Jaime Rodríguez Rico, O.P. El Amigo de los Pobres

|  Chiquinquirá, 24 de agosto de 2020  | Por: Fray Carlos Arturo ORTIZ VARGAS, O.P. | 

La vida humana es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta, las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que amamos, que han sabido vivir recta, humilde y de manera sencilla (Cfr. Papa Emérito Benedicto XVI, Encíclica: Spe Salvi, 49) Así, fue la vida de Jaime con nosotros, como también lo fue en su hogar.

Nacido en la Atenas sudamericana y más cerca de las estrellas, Bogotá, el 11 de junio de 1969. Fue el tercero de seis hermanos del humilde y cristiano hogar de don Antonio María y doña Matilde (ya fallecida): José Antonio, Enciso, Ernesto, Sandra y Stella. Sus estudios de primaria los cursó en la Concentración Distrital San Ignacio de Loyola, en el Barrio Meissen-Lucero en el sur de Bogotá. Ingresó al Seminario Menor de Bogotá como alumno interno en 1981 y salió de allí al terminar el octavo grado.

En su juventud fue catequista de su parroquia El Buen Pastor de Bogotá, entre los años 1984 y 1986. Culminó su bachillerato el 29 de noviembre de 1986 en el Colegio Parroquial de Nuestra Señora en el Barrio Quiroga. Siempre fue una persona reservada pero leal con quienes eran sus amigos. Es hijo vocacional de las hermanas dominicas alemanas e ingresó a la Orden con otros veintiún jóvenes el 7 de diciembre de 1986 siendo su promotor vocacional fr. Guillermo León Villa Hincapié, O.P. Tomó hábito el 1 de febrero de 1987 y su maestro de noviciado fue fr. Luis Carlos Perea Sastoque, O.P. año en el que fue inquieto por el canto, la liturgia, y los trabajos artísticos ya que junto con su compañero Alexis Cerquera pasaban noches enteras preparando todo para las fiestas de la virgen, Semana Santa y Navidad.

Realizó su primera profesión el 2 de febrero de 1988. Sus maestros en el estudiantado fueron fr. Faustino Corchuelo Alfaro, O.P., fr. Tito Belisario Murcia Florián, O.P. y fr. Luis Francisco Sastoque Poveda, O.P. Durante sus años de formación, vertió su vena artística en unos vitrales estilo Tiffany, los cuales hacían parte de la antigua capilla del estudiantado ya extinta. Cuatro años más tarde, realizó su profesión solemne el 2 de febrero de 1992. En el estudiantado, siempre listo a responder en el estudio y la liturgia, su buen tono de voz hizo que fuera muchas veces sustentor mayor; en el basquetbol, con su tirito de gancho no fallaba y ganaba los partidos. Servicial, respetuoso, alegre y bailarín por qué no decirlo. De muy buena voluntad, caritativo, piadoso, y sobre todo, devoto del rosario, el cual llevaba en una pequeña cartuchera donde cargaba su dinero para cuando llegara el día domingo, y de esta forma, dado el permiso de sus maestros, poder salir y visitar a su familia en su querido barrio de Meissen–Lucero y sacar un tiempito también para saludar a las hermanas dominicas alemanas quienes le mostraron el camino de santo Domingo.

Licenciado en Filosofía por la Universidad Santo Tomás. De 1991 a 1994, trabajó en el Colegio Santo Tomás de Aquino de Bogotá. Ordenado presbítero el 6 de agosto de 1994 en la ciudad de Bogotá de manos de monseñor fr. Jorge Leonardo Gómez Serna, O.P, en el día de la Trasfiguración del Señor, aniversario de la muerte de santo Domingo de Guzmán y día en que fr. Domingo de Las Casas, O.P., ofició la misa de fundación de Santafé. De 1995 a 1997 fue asignado a la Ciudad de la eterna primavera y trabajó como párroco en Santo Tomás de Aquino; se posesionó el 2 de febrero de 1997 como superior de la Casa de Campo Dos en el Catatumbo, lugar donde estuvo durante dos años, hasta el 7 de marzo de 1999.

Tras el Capítulo Provincial de 1998, fue designado como socio del maestro de novicios en Chiquinquirá, lugar donde trabajó hasta 2002. Fue fraile capitular por el Convento de Chiquinquirá al Capítulo Provincial de Medellín en el 2002. En el 2006 estuvo asignado al Convento de Santo Domingo de Tunja, en donde desempeñó sus labores como párroco de Santo Domingo de Guzmán y docente del Postulantado dominicano. En 2008 se encontraba asignado en la Ciudad Mariana, en donde trabajó como vicario parroquial de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario – La Renovación y rector del Colegio Mixto San Martín de Porres.

Se posesionó como superior de la Casa San Martín de Porres de Villa de Leyva el 25 de octubre de 2009. Entre 2014 y 2015 se encontraba en la Casa Fray Antonio de Montesinos de Soacha contribuyendo a la pastoral de Cazuca. De 2016 a 2017, estuvo en Puerto Rico, país donde desempeñó sus actividades como párroco en la Invención de la Santa Cruz y en Cataño, en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen. En 2017 ayudaba en la Casa de San Jacinto de Polonia en Cúcuta y en 2018, fue delegado por el Tercer Colegio Electoral al Capítulo Provincial de Chiquinquirá. En 2019 su asignación fue para el Convento de San José de Bogotá y celebró sus bodas de plata sacerdotales en Canadá con sus dos compañeros de noviciado, fr. Carlos Ariel Betancourth Ospina, O.P. y fr. Aldemar Valencia Hernández, O.P. Para 2020 estuvo asignado al Convento de Cristo Rey de Bucaramanga y finalmente a la Casa Fray Antonio de Montesinos de Soacha.

Aunque algunos años estuvo dedicado a la formación, este fraile humilde, sencillo, alegre y disponible, dedicó la mayoría de su vida ministerial al trabajo apostólico en las parroquias, labor que le venía muy bien gracias a su carácter tranquilo, cercano, amable y respetuoso. Sintió especial preferencia por los pobres a quien servía y ayudaba espiritual e intelectualmente, ejerció sus oficios y apostolados: superior, párroco y socio del maestro de novicios, la misión del Catatumbo y la misión ad gentes en Puerto Rico. A pesar de su salud delicada, se mostró siempre fuerte, como se los decía su maestro fr. Luis Carlos: ¡Fuertes, cachiri!

En algunas ocasiones descuido su salud, para estar siempre listo en atender a los pobres. Hacia finales de julio de 2020, esta no era una excepción, ya que permaneció hasta su último aliento abogando por ellos y entregándolo todo sin importar las circunstancias, como sinónimo de fidelidad a Dios y muestra de amor al otro, como lo hizo Jesús.

En el Hospital Universitario San Ignacio de la ciudad de Bogotá, permaneció por 15 días luchando por su vida. Falleció en la mañana del 19 de agosto de 2020, a las 4:05 a.m., a los 51 años de edad y 32 de vida consagrada. Sus exequias se celebraron en el Templo de Santo Domingo de Bogotá a las 6:00 p.m. Esperamos que el Señor lo haya acogido en la casa paterna junto con la protección y el amparo de nuestra señora la Virgen María.

Sus hermanos testifican de él:

“Hoy Jaime tocas fibras muy débiles en nuestro estilo de vida religiosa, tocas nuestra puerta de la sensibilidad y lo digo yo que peco por ser insensible, como también lo expresan cantidad de mensajes de frailes y amigos que nos han llamado por su partida. Tocas la puerta de nuestra comunidad, de la Provincia, tocas lo más íntimo de nuestro ser en esas bellas y sencillas virtudes que hacen que un fraile como Jaime no pase desapercibido, sino que se convierta en un testimonio vivo de opción y de un fraile predicador, que predica por los negados, los no hombres, los insignificantes, y los pobres, de nuestra sociedad. Compañero, hermano, el buen hijo y hermano, lo recuerdo y lo recordaremos como el amigo de los pobres”. (Fr. Aldemar Valencia)

 

“Fraile de feliz memoria. Siendo el 30 de marzo de 2019 en el marco de la visita de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en Norte de Santander, nos recibió en la Parroquia de San Martín de Porres en Cúcuta, junto a la feligresía con cantos y alegría, entonando particularmente con eufónico ritmo el Himno Reina de Colombia ya que le gustaba cantar y homenajear a la reina de los colombianos. Que su voz siga resonando en el cielo para seguir entonando las maravillas del Señor y su amor a María Santísima”. (Fr. Anderson Aguirre)

 

“Fr. Jaime Rodríguez llegó a mediados del año 2017, procedente de Puerto Rico, a la Casa de San Jacinto de Polonia y a la Parroquia San Martín de Porres de la ciudad de Cúcuta. Fue un fraile dedicado al acompañamiento de los diversos grupos apostólicos, a la confesión y a la dirección espiritual en la parroquia como en las capellanías de la Casa. Asimismo, dedicó grandes esfuerzos en la pastoral de los enfermos; animaba los cursos de formación, charlas y retiros espirituales a varios grupos laicales de la ciudad de Cúcuta”. (Fr. Juan Carlos Menjura)

 

“Lamento la inesperada partida a la patria celestial de fr. Jaime. Aunque haya compartido poco con él, siempre lo recuerdo como aquel hermano cercano, risueño y comprometido con su labor. En 1997, estaba de párroco en Campo Dos y fue él quien me animó a enfrentarme con el valor de ser misionero. Cuando él me envió a una de las veredas más lejanas de la parroquia, descubrí la importancia de la misión. Su silencio y su laboriosidad eran evidentes, y aunque él no lo evidenciara tanto, su vena artística era sorprendente. (Fr. Calixto Castellanos)

 

“Sabemos que la vida se vive solo una vez y nadie la tiene comprada ni es eterna, pero debemos estar preparados para afrontar situaciones como la partida de un buen amigo al que consideramos como un hermano. Dicen que los buenos amigos son los hermanos que podemos escoger y los llegamos a querer tanto que son como si fueran parte de nuestro propio yo. Nunca pensé que tendría que despedirme de ti de esta forma, ¡qué diferente sería todo si las cosas se hubieran dado de otro modo! Me cuesta tanto aceptar que ya no estés aquí. Te agradezco por todos los años de amistad que me brindaste. Los momentos vividos en la misión de Campo Dos (Tibú) fueron años de trabajo arduo, donde muchas veces lloraste y yo siempre estuve ahí dándote ánimo para seguir siempre mirando de frente, aunque estuvieras cansado. Fuiste una persona sencilla, eso te caracterizó y jamás olvidaré la gran persona que fuiste. Mi pena es tan grande que para consolarme solo quiero pensar que te fuiste de viaje y que algún día nos volveremos a ver. Imagino que donde te encuentras ya no sientes ese dolor físico, ya no tienes la pena en tu espíritu de ver sufrir a los tuyos con tus padecimientos. Siempre quedarás marcado en mi corazón. Nunca me gustaron las despedidas y menos aun cuando es para decir adiós a un buen amigo como tú. Qué cruel fue el destino que no nos dio la oportunidad de estar juntos para compartir nuestra vejez y seguir siendo los amigos de toda la vida. Te voy a echar de menos como no te imaginas. Paz en tu tumba, Jaimito y mucha fortaleza para todos. Yo te extrañaré, tenlo por seguro”. (Raúl Moncada)

 

“Tardes soleadas, brisa de mar, tardes tranquilas eran parte de nuestra vida en aquella misión en el Vicariato de la Santa Cruz de Puerto Rico, el trabajo pastoral y el aprender cada día más de mi primera asignación son los recuerdos que tengo, entre ellos mi compartir cotidiano con Jaimito, su carisma y entrega son lo que más recuerdo de la forma como trabajaba en medio de su comunidad parroquial. Como las condiciones no eran tan boyantes en muchas ocasiones Jaime preparaba el desayuno después que salíamos de la eucaristía de siete de la mañana. Su disposición en todas las actividades que se emprendían por organizar aquella colonial casa en que vivíamos me daban a entender que, más que un superior que imponía órdenes, Jaime era aquel hermano con el cual se empezaba a caminar en la vida consagrada. Su alegría cada mañana era un signo de esperanza de aquel hombre que entregado a su servicio pastoral demostraba que su consagración era de corazón y su entrega al Evangelio era su razón de ser. Cuando prestó sus servicios como párroco en Cataño en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, fui testigo cómo su comunidad caminaba con él y lo reconocían como un verdadero pastor pues se esmeraba en la visita a los enfermos, en la celebración eucarística y en avivar la fe en ese rinconcito del Caribe”. (Fr. Rafael Diago)

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