La fe, fundamento para una ecología integral en la parroquia

|   julio 25 de 2021  •  Fray Daniel Sisa Niño, O.P.  |

Los problemas ecológicos tienen su raíz en una comprensión antropológica, moral y religiosa tergiversada. Sin embargo, es necesario pensar el ser humano desde una ética de la virtud que le posibilite una relación con el prójimo y con la naturaleza, guiada por la responsabilidad y el amor fraterno. La fe como virtud sobrenatural es una forma de conocimiento de Dios, pues frente a lo limitado del lenguaje y de las capacidades humanas, la realidad divina parece escapar a la fuerza de la razón, por lo que la virtud de la fe nos conduce a un conocimiento y a asumir la verdad de Dios.

Ese Dios que se ha revelado a lo largo de la historia, también ha puesto su marca en cada una de sus creaturas, tal vestigio del Creador, que colma a todos los seres de unas perfecciones y bondades divinas permite comprender la grandeza de Dios. Creer o tener fe es un acto del entendimiento que por medio de la asistencia de la gracia divina se ilumina y permite la comprensión de las realidades sobrenaturales, pero también representa un plus a la hora de entender la realidad particular. Así pues, el imperativo de toda persona de contribuir al saneamiento del medio ambiente se le debe sumar el plus de la persona creyente, ya que en la naturaleza encontramos el vestigio de la perfección divina.

El compromiso de todo cristiano no surge exclusivamente de la responsabilidad frente al bien común, sino de su fe en Dios Creador y Salvador. La fe que perfecciona toda sabiduría humana, constituye un elemento guía del actuar humano, así ciencia, técnica y humanidades son elementos que ayudan al bienestar del ser humano y de su entorno. Una de las consecuencias de la fe en todo creyente es su celebración comunitaria, pues la fe no se vive en soledad sino con hermanos. Así, la parroquia como la célula fundamental de la Iglesia, es un elemento vivo, en el cual es posible transmitir una conversión ecológica profunda que ayude a un cambio de hábitos, siendo responsables con el cuidado de la casa común.

Existen más de 220.000 parroquias en el mundo entero, por lo cual son un elemento importante para marcar el camino del cambio. Estas transformaciones se pueden dar por medio de diversas estrategias como: la formación, la sensibilización y las acciones ecológicas concretas, las cuales contribuyen a un verdadero cambio. Esto se viene gestando desde hace unos años, impulsado por los planteamientos del papa Francisco en Laudato Sí. Han sido muchas parroquias en el mundo entero las que se han sumado a la propuesta del papa, organizando en sus parroquias grupos o equipos del cuidado de la creación, los cuales con un trabajo arduo y constante se esfuerzan por identificar los temas de interés en cada lugar y generar proyectos y actividades para fortalecer el proceso de cambio.

Buscar una mejor calidad de vida para el ser humano y para las creaturas que constituyen la naturaleza es la realización de la esperanza cristiana. Pero esto solo es posible si el contexto o el hábitat es propicio para que se desarrollen estas ideas humanistas. es importante resaltar que la economía y la idea de progreso marca necesariamente un ritmo en la ecología integral, pues sino hay una ecología económica que busque y aplique modelos favorables a la sostenibilidad del medio ambiente, es muy complicado que se realicen las propuestas del magisterio eclesial, y propuestas como las parroquiales.

El Papa Francisco considera que, frente al problema ecológico del planeta, denominado como casa madre, es de vital importancia poner la mirada en uno de los valores máximos de toda sociedad, esto es la educación, pues solo por medio de ella las conciencias toman un nuevo rumbo hacia una espiritualidad ecológica. Ser capaces de superar actitudes egoístas y particularistas, permite al ser humano preocuparse por el otro como su prójimo y como un hermano, de igual modo conduce el corazón vacío para no llenarlo con productos de la sociedad de consumo, y es ahí en donde las parroquias han realizado una labor importante de sensibilización frente al problema invitando desde la fe a una espiritualidad ecológica.

De tal modo, que en el paradigma del libre mercado y del consumismo voraz, se hace preciso fortalecer ideales ecológicos que resguarden el bien común especialmente en el ámbito parroquial, por ejemplo, el uso racional y democrático de los servicios públicos, tales como el agua, luz, aseo, entre otros. Así mismo, la concientización desde la esfera más privada como el hogar para cuidar y tener acciones concretas para cuidar el medio ambiente. Generar una cultura que valore la biodiversidad, la naturaleza debe ser un imperativo en los ambientes parroquiales donde la pluralidad enriquece a la Iglesia.

Ahora bien, frente a tales tareas se deben vincular varias responsabilidades institucionales como la Iglesia, las comunidades cristianas, los entes gubernamentales y las diversas asociaciones para establecer de un modo claro y eficaz un paradigma responsable de la casa común. Para el pontífice estas acciones son importantes, pero también es consiente que el paradigma debe gestarse desde la institución más básica de toda sociedad, la familia, pues es desde lo concreto de la vida que es posible un cambio y una transformación de lo real. Ahora en la relación con Dios creador, se debe gestar una espiritualidad que permita una armonía con la naturaleza y con el ser humano en general; fraternidad y búsqueda del bien común son los pilares de esta conversión de la espiritualidad, la cual posibilita una relación armónica con todas las creaturas y con Dios, esta experiencia debe ser desde lo concreto hacia lo más grande, desde las pequeñas acciones hacia transformaciones reales y consubstanciales.

El imperativo de vivir en armonía y en paz con el mundo y con los hermanos es la expresión y fruto de una espiritualidad orante, y consiente que el lugar de la realización del Reino de Dios está bajo nuestros pies. Así pues, la sobriedad, la contemplación de la creación, y el actuar humano en el mundo constituyen actitudes concretas que el individuo desde su relación con Dios, con la creación y con los hermanos debe vivir en lo ordinario y cotidiano de la vida. Los santos, es decir quienes nos precedieron en la fe e hicieron camino de conversión, hablan de la humildad como herramienta principal para encontrar la verdadera felicidad, pues el reconocer lo que se es y por ende necesitar poco es algo que permite una libertad para hacer las cosas de Dios, y hacer lo que verdaderamente importa actos de caridad fraterna. Desde las pequeñas acciones cotidianas alcanzar al Dios trascendente que lo encontramos en la verdad, bondad y belleza de las cosas creadas.

Desde luego, que la vida sacramental de la Iglesia y en especial la eucaristía tienen un valor primordial en la relación del ser humano con la naturaleza, pues, ellos en sí mismos se convierten en una mediación de la vida trascendente, pues Dios asume la naturaleza y se convierte en el verdadero mediador; así mismo, desde la interpretación antigua el domingo es el día del encuentro del pueblo de Dios y el día en que hacemos nuevo el misterio pascual de Cristo, también es el día en donde según la tradición judía el hombre y la tierra toman un descanso. Así pues, es importante resaltar como en la vida sacramental de la Iglesia en la parroquia y su dimensión de unidad fraternal es un lugar privilegiado para vivir la virtud de la fe, comprendiendo que en la creación es posible vislumbrar la grandeza de Dios, lo cual implica necesariamente una espiritualidad ecológica.



Por: Fray José Ángel Vidal, O.P. y Fray Ramiro Alexis Gutiérrez, O.P.  


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