Optantes 2.0

|  junio 10 de 2020  | POR: FRAY julian herrera, O.P. | 

Hoy tenemos el gran debut de OPTANTES 2.0. muchos conocen ya la revista Optantes con 29 años de trayectoria, sin embargo, debido a la evolución en los medios de comunicación y a las posibilidades de nuestro tiempo el estudiantado de la provincia San Luis Bertrán de Colombia, en su intención de continuar con una predicación profética y doctrinal apuesta a una nueva forma que se da en múltiples formatos digitales para llevar a cabo un proceso de formación y evangelización.

El Canal Cristovisión nos ha permitido sumarnos a su parrilla con un programa todos los miércoles a las ocho de la noche, este programa inicia hoy 10 de junio y a partir de este día tendremos una línea de ocho programas que irán acompañados con ocho escritos y algunos podcast para continuar la reflexión, estos escritos y podcast los dejamos a continuación para que te sumes a este proyecto de reflexión y de formación para laicos y otros miembros de la familia Dominica y en general de nuestra iglesia.

¿Es el tiempo de los laicos en la iglesia?

Redescubrimiento de la identidad del laico a partir del pensamiento de Yves Congar

|  junio 10 de 2020  | POR: FRAY Fabián Leonardo Rueda Rueda, O.P. | 

Éste es un trabajo realizado a partir de las reflexiones que el teólogo dominico Yves Congar (1904-1995) ha realizado con respecto al papel del laico en la Iglesia. En efecto, se hace referencia a este autor por su importancia en el pensamiento y la profundización de las realidades eclesiales modernas, además del trabajo realizado en el desarrollo del Concilio Vaticano II. Es una referencia con respecto a lo que la Iglesia vive en la actualidad. Con esto, se pretende una aproximación a la respuesta sobre el tiempo de los laicos, y su papel fundamental en el mundo.

Yves Congar fue sometido al exilio y al destierro por su posición en favor del diálogo ecuménico, en un momento en que la Iglesia era considerada, a sí misma, una sociedad perfecta dentro de la civilización secular. Congar afirma que la teología debe estar al servicio del pueblo de Dios, dando pasos hacia la consecución eclesial promulgada por el Concilio en tiempos de Juan XXIII y Pablo VI. Su aporte a la reflexión sobre los laicos tiene varios elementos, dentro de los cuales se encuentra su aporte en documentos conciliares como Lumen Gentium. A partir de esto, el teólogo francés trabaja en la reflexión del laicado basado en la perspectiva eclesiológica de Pueblo de Dios, revalorizando el papel de todos los miembros de la Iglesia a partir de una consciencia fecunda del bautismo y su acción dentro de la misión total de la Iglesia, la cual está al servicio del mundo. (Madrigal, 2009)

De esta forma, es posible adentrarse a la realidad del fiel y descubrir, en ella, desde qué perspectiva se puede afirmar que éste es el tiempo del laico en la Iglesia. En efecto, los bautizados siempre han formado parte de la realidad eclesial. De hecho, en muchos momentos de crisis, han sido ellos quienes tomaron iniciativas importantes de reforma intra-eclesial, en términos de carisma y servicio desinteresado. Pero, ¿a qué se refiere la palabra laico? De acuerdo a la definición etimológica que Congar (1965) elabora, la palabra laico no se encuentra en la Escritura. Pero su equivalente adjetivo laos sí se usa frecuentemente, refiriéndose al pueblo que se consagraba a Dios, en contraposición con los pueblos paganos. (p. 21) Por tanto, desde una aproximación bíblica, los laicos, a nivel general, eran el pueblo que se consagraba a Dios a través del bautismo y que, a diferencia de los demás, buscaba la santidad y la gloria divina.

En las perspectivas teológicas de la actualidad, la vida de los laicos ha adquirido un valor importante, no porque antes no lo tuviera, sino porque se ha percibido de forma más integral. Efectivamente, afirma Congar (1965): “para que la Iglesia pueda alcanzar la plenitud de su misión, según los designios de Dios vivo, debe abarcar a los laicos, es decir, a los fieles que realicen la obra del Mundo y consigan su último fin estando consagrados a la obra del Mundo” (p. 38). Y esto es así porque se cambia, de forma radical, la visión que se tiene de las realidades materiales presentes en el Mundo. En efecto, éste ya no es considerado sinónimo de pecado y enemigo de la Iglesia. Por ello, el laico es quien, de manera especial y particular, se encuentra inmerso en la índole del mundo para poder actuar a través de un auténtico testimonio evangélico, procurando así su santificación y la de su contexto.

En este sentido, son los fieles bautizados quienes pueden sumergirse, con toda propiedad, en el orden de lo temporal (la familia, la política, la economía, etc.), desarrollando su misión eclesial como fermento de la masa, desde el interior de las realidades concretas de la sociedad. En efecto, ellos no son hechos accidentales dentro de la construcción del Pueblo de Dios, por el contrario, son su base. Por esto, “el designio de Dios y la misión de la Iglesia reclama la existencia de fieles laicos” (Congar, 1965, p. 38).

Desde esta perspectiva, es necesario que el laico comprenda que su vocación es la glorificación de Dios (tal como lo es la de los clérigos y religiosos), pero sin renunciar a su compromiso en medio del mundo, ya que “ser laico es correr, con todos los recursos que tenemos, la aventura de la búsqueda de justicia y verdad, cuya hambre nos devora y que es la esencia misma de la existencia humana” (Congar, 1965, p. 41).

En definitiva, esta es la época de los laicos en la Iglesia no porque nunca hayan existido, o porque no hayan hecho nada antes, sino porque se ha visto hoy, más patentemente, la necesidad que la Iglesia tiene de ellos, en orden a la misión total de su ser y porque ellos mismos han reclamado, de forma directa, su papel en el mundo y en las realidades concretas que se experimentan, teniendo en cuenta que la Iglesia, desde la perspectiva jerárquica, particularmente, desde el Concilio Vaticano II, ha abierto espacios concretos y de reflexión para que éste reclamo sea escuchado por la totalidad del pueblo de Dios, en un profundo sentido de valoración y de dignidad, afín y equivalente con la importancia práxica de los clérigos y religiosos. En este sentido, es posible concluir con éstas palabras de Congar (1965): “un laico es un hombre para quien las cosas tienen valor; para quien su verdad no está absorbida y abolida por una referencia superior. Porque para él, cristianamente hablando, lo que se trata de orientar hacia lo absoluto es la realidad misma de los elementos mundanos cuya figura es transitoria” (p. 43)

Referencia

Congar, Y. (1965). Jalones para una teología del laicado. Barcelona: Estela. 3ra edición.

Madrigal, S. (2009). Yves Congar, un retrato teológico, en Aula de Teología (2009). Madrid: Universidad de Comillas. P.p. 1-14.


Por: Fray José Ángel Vidal, O.P.


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