¿Existen ministerios laicales en la Iglesia?

Laicos ministros al servicio del Cuerpo de Cristo

|  junio 24 de 2020  | POR: FRAY Fabián Leonardo Rueda Rueda, O.P. | 

La Iglesia ha sido enviada a llevar la Buena Nueva de la salvación al mundo entero (Mc 16,15). La misión eclesial compete a todos los miembros del Cuerpo de Cristo. Los bautizados están llamados a participar en acciones que procuren el fortalecimiento de la fe en el mundo. El Pueblo de Dios debe reconocer el carácter ministerial de todos los fieles, teniendo en cuenta las circunstancias históricas, religiosas y culturales en las que ellos se encuentran inmersos.

Todos los bautizados son responsables y partícipes activos de la misión eclesial. Esta responsabilidad y participación se constituye en el fundamento de la ministerialidad que procura la edificación del Reino de Dios. La actividad de los fieles dentro de la Iglesia, permite ver que existen ministerios laicales. Por lo tanto, éste artículo busca profundizar el sentido de la realidad ministerial de los laicos, ya en ambientes eclesiales, ya en circunstancias sociales, personales, familiares, comunitarias, etc. (Borobio, 2001, p. 19)

La palabra ministerio proviene del término latino minister ministri, que significa sirviente o el que sirve. Por ello, el ministerio hace referencia a un servicio como tal. Este servicio en la Iglesia, se da en orden al carácter sacramental de cada bautizado, el cual se realiza a partir de la gracia dada por el Espíritu Santo. La ministerialidad que compete a todos los miembros de la Iglesia, permite afirmar una corresponsabilidad eclesial (Cf. Borobio, 2001, p. 20-21): en el cristianismo existe la permanente relación de sus miembros entre sí, en orden a una plenitud conjunta, alejada de actitudes individualistas y subjetivistas, con un sentido de responsabilidad de todos para con todos.

El tema de la ministerialidad de los laicos en la Iglesia, a partir de las intuiciones de Yves Congar, se presenta desde la consideración de una dignidad dada en el bautismo. Para el teólogo francés, la realidad del laicado y su ministerialidad, se fundamenta en las condiciones que cada miembro de la Iglesia recibe desde el bautismo: sacerdote profeta y rey. En orden a estas tres funciones, el bautizado debe llevar a cabo su acción. Así, el fiel es sacerdote y bajo esta realidad se afirma su consagración a Dios, ofreciendo la propia vida como sacrificio agradable al Señor. Según Congar (1965), esta ofrenda tiene su razón de ser en acciones justas y optando siempre por la verdad que el bautizado está llamado a vivir (p. 216-217).

La misión profética se basa en la necesidad eclesial de dar a conocer el mensaje de Cristo a las personas. El laico tiene mucha pertinencia en este aspecto, ya que el profeta es quien lee las circunstancias concretas de la realidad humana e ilumina dicha realidad con la gracia de Dios y la Palabra Divina. Para Congar (1965), “la función profética de la Iglesia comprende toda actividad suscitada en ella por el Espíritu Santo, por la que conoce y da a conocer a Dios y su designio de la gracia, en la circunstancia de peregrina” (p. 321). El ministerio profético del laico en su entorno, permite ungir con Espíritu Santo las realidades del mundo.

Finalmente, la condición real del laico lo lleva a servir en su mismo contexto. Esta actividad del cristiano con referencia al mundo se basa en la participación del triunfo de Cristo sobre el pecado y el mal. Para Congar (1965) “el cristiano es rey porque triunfa del pecado, domina los arrebatos de la carne, gobierna su cuerpo y su alma” (p. 276). El servicio del laico y de todo cristiano con respecto a su dignidad de realeza en Cristo es la de luchar, bajo la acción del Espíritu Santo, contra las estructuras del mal que se encuentran en la sociedad, siendo testimonio de vida en la verdad y la vida moral; procurando la construcción del reino de Dios, buscando justicia, amor, fraternidad y solidaridad.

Para la Iglesia, la reflexión de la ministerialidad laical no es un tema acabado, se constituye en una reflexión en constante profundización, con el fin de optimizar la eficacia de la misión eclesial en el mundo y en la misma comunidad. Por esto, teólogos, pastores y los mismos laicos continúan estudiando temas como la aplicación ministerial del lectorado y el acolitado instituido, la realidad de la mujer dentro de estas perspectivas, entre otros, con el fin de responder a las necesidades del mundo y de la sociedad actual.

Referencias

Borobio, D. (2001). Misión y ministerios laicales. Salamanca: Sígueme.
Congar, Y. (1965). Jalones para una teología del laicado. Barcelona: Estela. 3ra edición.

 


Por: Fray José Ángel Vidal, O.P.


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