¿Cuál es la relación entre los laicos y la parroquia?

Acciones espirituales y materiales al servicio de la misión de la Iglesia

|  julio 29 de 2020  | POR: FRAY Fabián Leonardo Rueda Rueda, O.P. | 

En la actualidad y bajo la inspiración de las iniciativas dadas en el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha visto la necesidad de reflexionar y de transformar muchas de sus realidades particulares en orden a las acciones que se realizan en las comunidades. Tanto clérigos como laicos se vienen preguntando cómo servir más eficazmente a la misión de evangelizar y llevar el mensaje del Señor. Hace apenas unos días la Congregación para el Clero publicó una instrucción que habla sobre la conversión de la parroquia al servicio de la misión de la Iglesia. Iniciamos éste escrito afirmando con éste documento que “la reflexión eclesiológica del Concilio Vaticano II y los notables cambios sociales y culturales de los últimos decenios han inducido, a diversas Iglesias particulares, a reorganizar la forma de encomendar la cura pastoral de las comunidades parroquiales. Esto ha permitido iniciar experiencias nuevas, valorando la dimensión de la comunión y realizando (…) una síntesis armónica de carismas y vocaciones al servicio del anuncio del Evangelio, que corresponda mejor a las actuales exigencias de la evangelización” (Congregación para el Clero, 2020, No. 1).

En éste mismo contexto de conversión pastoral de la Iglesia, el Papa Francisco, más allá de las definiciones técnicas y jurisdiccionales, afirma que la parroquia es “presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros (mayoritariamente los laicos) para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero” (EG 28). La parroquia no es la estructura física de un templo. Se trata de la comunidad de fieles de una Iglesia local que se reúnen para vivir la experiencia cristiana y para dar testimonio del amor de Dios al mundo. La perspectiva que presenta el Papa en su exhortación apostólica responde a la necesidad de conversión pastoral a la que la Iglesia y, de manera particular las diócesis y las parroquias se encuentran llamadas, ya que el anuncio del evangelio debe hacerse de manera más eficaz y más comprometida. En éste aspecto, la acción del laico es claramente indispensable, ya que son ellos quienes se insertan en las realidades del mundo para que dicho mensaje se pueda comunicar.

Aunque la parroquia, en sí misma no agota las posibilidades evangelizadoras, sí se constituye en un punto de apoyo y en un lugar de recepción misional, en donde Cristo se hace presente a través de los sacramentos, de la Palabra y de la vida comunitaria. El Papa Benedicto XVI afirma que “la parroquia es un faro que irradia la luz de la fe y así responde a los deseos más profundos y verdaderos del corazón del hombre, dando significado y esperanza a la vida de las personas y de las familias” (Homilía en la visita pastoral a la parroquia romana Santa María de la Evangelización), es la comunidad que sirve a la evangelización. El Decreto Apostolicam Actuositatem afirma que “la parroquia ofrece un modelo clarísimo de apostolado comunitario, porque unifica todas las diversidades humanas que en ella se encuentran y las inserta en la Iglesia universal” (AA 10). La acción parroquial es llevada a cabo por los pastores y por los laicos, los cuales se ven beneficiados de esta misión en dos perspectivas: a. como receptores de la acción pastoral y b. como partícipes activos de la misión evangelizadora. En efecto, las acciones parroquiales están dirigidas, de manera muy especial a los fieles que conforman dicha porción del pueblo de Dios. Los esfuerzos y las constantes actividades parroquiales deben estar destinadas, en últimas, a acercar a los fieles al amor de Dios y a generar ambiente que permitan un encuentro real con Jesucristo en orden a su salvación y la de las personas que están alrededor de ellos.

Estas acciones también son ejecutadas por los mismos fieles (ayudados y animados por los pastores). No es sano que, en una comunidad parroquial sólo el párroco se encargue de todas las actividades. Esto lo recordaba Pablo VI en su encíclica Evangelii Nuntiandi de 1975: los laicos “también pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus Pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos según la gracia y los carismas que el Señor quiera concederles” (EN 61). En términos de una conversión pastoral, como lo afirma el Papa Francisco y como lo enfatiza también la instrucción de la Congregación para el Clero, la parroquia y los laicos que la integran deben estar ordenados a la vivencia concreta de la experiencia cristiana para que el encuentro con el Señor que se pueda llevar a cabo allí, sea luz que ilumine a las personas que se encuentran en situaciones difíciles, sean respuesta para quienes tienen dudas, sean ánimo para los decaído y sean fortaleza para quienes quieren fortalecerse en la gracia del Señor.

Cabe afirmar que la acción de los laicos, dentro de los ambientes parroquiales se ha visto enriquecida en las últimas décadas. La Iglesia y la teología han reflexionando la forma más eficaz de participación laical de los fieles bautizados en las dimensiones eclesiales: la liturgia, la pastoral, la catequesis, las acciones sociales, los gremios, etc. Muchas de estas acciones tienen su punto de partida en iniciativas parroquiales, buscando una aplicación más completa del mensaje salvífico del Señor que envía y que busca la salvación completa de las personas. Por esto, es preciso resaltar una relación efectiva entre laicos y pastores, para que se presente una articulación de fuerzas y de acciones en pro de la construcción del pueblo de Dios.

Por ello, la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano II Lumen Gentium afirma que “de este trato familiar entre laicos y pastores se deben esperar muchos bienes para la Iglesia; porque así se fomenta el entusiasmo y se asocian con mayor facilidad las fuerzas de los fieles a la obra de los Pastores” (LG 37). Esta afirmación no enfatiza una dependencia del laico con referencia al pastor, por el contrario, se trata de una articulación de fuerzas cuya finalidad es el cumplimiento de la misión de la Iglesia al instaurar el reino de Dios. Los laicos, en medio de los ambientes parroquiales, no deben sentirse subordinados, sino que su actitud es la de servir no a un ministro, sino a la misma comunidad en acciones conjuntas ya que, como nos lo recuerda Congar (1965), “los laicos tienen parte en la dignidad del Cuerpo místico, en su organización en funciones, en el cumplimiento, por el Cuerpo místico, de su programa y por la Iglesia de su misión.” (p. 559).

En últimas, los laicos se integran a las acciones parroquiales desde diversas perspectivas: siendo agentes activos en los consejos pastorales, en cuanto a la vivencia de la realidad social y caritativa, como animadores litúrgicos y celebrativos y como miembros de las organizaciones que tienen que ver con la administración para ayudar a tomar decisiones de tipo administrativo y económico.  La presencia activa de los laicos ayuda a que se generen ambientes de sinodalidad para combatir el clericalismo. No hay que olvidar que en la parroquia se presenta la pluralidad eclesial: edades, movimientos, gremios, comunidades religiosas, etc. Además, sigue siendo el lugar de los sacramentos, de pertenencia, formación y compromiso.

Referencias

Benedicto XVI (2006), Homilía en la visita pastoral a la parroquia romana Santa María de la Evangelización. Recuperado de http://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2006/documents/hf_ben-xvi_hom_20061210_star-evangelization.html
Congar, Y. (1965). Jalones para una teología del laicado. Barcelona: Estela. 3ra edición.
Pablo VI (1975), Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi. Recuperado de http://www.vatican.va/content/paul-vi/es/apost_exhortations/documents/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html
Pablo VI (2006). Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium. Bogotá: San Pablo.
Pablo VI (2006). Decreto sobre el apostolado de los seglares Apostólicam Actuositatem. Bogotá: San Pablo.

Sigla usada en este artículo
AA: Decreto del Concilio Vaticano II Apostolicam Actuositatem
EG: Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium del Papa Francisco
EN: Carta Encíclica Evangelii Nuntiandi del Papa Pablo VI
LG: Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium del Concilio Vaticano II


Por: Fray José Ángel Vidal, O.P.


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