Orar en casa, orar en comunidad

|  septiembre 30 de 2020  | POR: FRAY Rodolfo Toro Gamba, O.P. | 

La semana pasada teníamos la oportunidad de encontrarnos con un texto llamado: El sentido comunitario de la eucaristía y su vivencia desde casa;[1] Texto que estaba en concordancia con nuestro programa y con lo planteado tanto en la caricatura como en el podcast que aquí mismo se propone. En esta ocasión, somos convocados para seguir hablando de la comunidad como eje que articula las diversas acciones y situaciones sobre las que hemos venido reflexionando a partir de la pandemia del COVID-19.

Luego de que en muchos se lugares han empezado a abrir los templos para la eucaristía nos seguimos preguntando sobre de la importancia de la comunidad y más aún, sobre la importancia de la oración en comunidad y el sentido de la oración desde casa, que también tiene un valor fundamental. Estamos llamados a orar en todo momento, como se decía de santo Domingo de Guzmán, que siempre hablaba con Dios o de Dios.

En el escrito anterior se mencionaba que los primeros cristianos hicieron de sus casas domus Dei et domus ecclesiae (casa de Dios y casa de la Iglesia). Lugares donde los fieles podían reconocerse como comunidad de Dios y pueblo convocado para el culto y constituido en asamblea santa. Esta iglesia doméstica se reunía para compartir, escuchar las escrituras y para la fracción del pan e incluso a lo largo de la historia de la Iglesia, la oración en casa ha constituido un pilar fundamental en la construcción de la Iglesia. En este escrito se abordará la importancia de la oración desde casa en la construcción de comunidad.

Por el bautismo somos constituidos sacerdotes, profetas y reyes, de manera que la mejor forma de corresponder a esta vocación bautismal es ejerciendo el sacerdocio común siendo faro de luz en nuestros hogares, como lo menciona el Catecismo de la Iglesia Católica, que a su vez tiene como referencia al Concilio Vaticano II.

Aquí es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, "en la recepción de los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras" (LG 10). El hogar es así la primera escuela de vida cristiana y "escuela del más rico humanismo" (GS 52,1). Aquí se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oración y la ofrenda de la propia vida.[2]

El papa Juan Pablo II asocia la plegaria familiar con el sacerdocio bautismal al que atribuye algunas características propias:

La plegaria familiar tiene características propias. Es una oración hecha en común, marido y mujer juntos, padres e hijos juntos. La comunión en la plegaria es a la vez fruto y exigencia de esa comunión que deriva de los sacramentos del bautismo y del matrimonio. A los miembros de la familia cristiana pueden aplicarse de modo particular las palabras con las cuales el Señor Jesús promete su presencia: «Os digo en verdad que si dos de vosotros conviniereis sobre la tierra en pedir cualquier cosa, os lo otorgará mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 19 s.) [3]

En el contexto de nuestro país demarcado por la violencia que se acrecienta en los últimos días y lo acontecido por la pandemia, ha llevado a las familias a confrontarse con el sufrimiento a causa de las necesidades económicas y sociales, además de la enfermedad y otros problemas que afectan particularmente el núcleo familiar.

Hemos tenido la oportunidad de encontrar familias que se reúnen en torno a una persona enferma para suplicar por su salud, así como también acompañar a familias que se disponen a hacer oración por medio de entornos virtuales como rosarios por zoom o por video llamada, y hemos encontrado la realidad de las familias unidas a la oración,  lo que nos permite citar de nuevo al papa Juan Pablo II.

Esta plegaria tiene como contenido original la misma vida de familia que en las diversas circunstancias es interpretada como vocación de Dios y es actuada como respuesta filial a su llamada: alegrías y dolores, esperanzas y tristezas, nacimientos y cumpleaños, aniversarios de la boda de los padres, partidas, alejamientos y regresos, elecciones importantes y decisivas, muerte de personas queridas, etc., señalan la intervención del amor de Dios en la historia de la familia, como deben también señalar el momento favorable de acción de gracias, de imploración, de abandono confiado de la familia al Padre común que está en los cielos. Además, la dignidad y responsabilidades de la familia cristiana en cuanto Iglesia doméstica solamente pueden ser vividas con la ayuda incesante de Dios, que será concedida sin falta a cuantos la pidan con humildad y confianza en la oración.[4]

Somos invitados a orar en todo momento y todo lugar, pero más específicamente en nuestros hogares, fomentando la oración y enseñándola con nuestro ejemplo a nuestros hijos, hermanos y demás familiares, teniendo como presente que la oración no solo es comunitaria cuando nos encontramos en un mismo lugar, sino cuando nos unimos por un mismo fin aunque estemos desde distintos lugares.

Somos invitados a orar independientemente de las circunstancias, consagrando nuestro hogar y nuestra familia, entregando nuestras dificultades y nuestras alegrías, pero teniendo como presente que la oración va unida a la acción, es decir, que lo que digan nuestros labios sea testimonio de lo que hacemos con nuestra vida en la cotidianidad.

En conclusión, somos invitados a orar desde casa con la multiplicidad de herramientas que hoy se nos proporcionan y que nos permiten tener distintas formas para encontrarnos en la oración desde casa, en la oración por la comunidad y en la oración en comunidad; Por ejemplo el rezo del santo rosario, e incluso la oportunidad de encontrarnos como en algunas ocasiones como familia y luego en el encuentro de un compartir como se suele hacer en los novenarios de los difuntos o en la novena de navidad.

Podemos afirmar entonces que es importante la oración desde casa, porque nos permite hacer comunidad con nuestras familias, nos congrega en torno a una misma intención y nos conecta con los que incluso desde la distancia se conectan con nuestra oración, porque la oración de la iglesia es universal. Además de lo anterior, la oración en casa nos permite educarnos en la fe y adquirir hábitos de oración en nuestra vida cotidiana por medio del ejemplo. Por último, la oración se une a la acción y nos permite mejorar los lazos filiales en nuestro propio contexto.


[1] https://www.opcolombia.org/index.php/47-optantes/475-el-sentido-comunitario-de-la-eucaristia-y-su-vivencia-desde-casa
[2] CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, II parte: La celebración del misterio cristiano. Art. 7 VI. La Iglesia doméstica #1657
[3] EXHORTACIÓN APOSTÓLICA FAMILIARIS CONSORTIO de su santidad Juan Pablo II – IV Participación en la vida y misión de la iglesia. #59
[4] IBID


Fr. José Eduardo Pardo Carillo, O.P.


Por: Fr. Fabián Leonardo Rueda Rueda, O.P. y Fr. José Ángel Vidal Esquivia, O.P.

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