Ya Vendrá, Ya Vendrá, Ya Vendrá

|  noviembre 29 de 2020  |

Ya vendrá, ya vendrá, ya vendrá, son las palabras que nos acompañaran en este tiempo litúrgico del adviento. Sin embargo, muchas veces simplemente las decimos, sin reflexión alguna. Olvidamos el porqué de dicha expresión que se nos convierte en una frase de cajón.

El escuchar estas palabras ha suscita en nosotros la referencia a alguien. En este caso a Jesucristo. El “ya vendrá” es la expresión que refleja un deseo de cambio y el estar convencido de que Jesús es ese alguien que trasformara la vida. Esto es lo primero que se hace evidente cada vez que damos inicio al año litúrgico con el tiempo de adviento.  

Ahora bien, la lectura del Evangelio que corresponde a este domingo nos hace una invitación muy especial no solo a seguir esperando sino a saber esperar. Encontramos en la lectura la particular y especial presencia de un verbo que es muy poco utilizado por nosotros: velar.  Utilizamos la palabra velar en situaciones específicas dentro de nuestro diario vivir: en los trabajos nocturnos o en los velorios. Pero Jesús nos invita a que esta palabra haga parte de en nuestra vida. “Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!”.

El Señor nos invita a velar en la esperanza comprometiéndonos con nuestros hermanos. Esta es la clave que el Evangelio nos regala para nuestra espera. El “ya vendrá” está acompañado por esta acción de velar. Es la invitación a una espera constante, sin desfallecer. Ahora quiero detenerme en tres palabras que ya he mencionado pero que quisiera profundizar más en esta reflexión: velar, compromiso y esperanza.

Primero encontramos la palabra velar que muchas veces hemos definido utilizando palabras que son sinónimos de ella, tales como: aguardar o vigilar. Pero la palabra velar lleva consigo algo más que simplemente el aguardar o el vigilar: especifica un tiempo, unas horas concretas. El velar se lleva a cabo en la noche. Entonces entendemos el verdadero desafío que significa esperar en el “ya vendrá”: el no quedarnos dormidos. La noche se convierte en un símbolo. Representa nuestros miedos, nuestras incertidumbres y, por qué no, nuestros problemas.

Esperar en la noche implica que actuemos de otra manera, tal como nos invita el Evangelio a no adormecernos. El que se compromete, no se duerme, sino que permanece vigilante, como un celador o una enfermera en su turno de noche. Un compromiso que se revela en la ayuda a los demás que implica otras series de acciones concretas. Esto es quizás lo difícil que hemos de encontrar en dicha invitación a velar porque implica el salir del confort de nuestras vidas. El hecho de no poder dormir nos desacomoda. Al igual sucede cuando nos comprometemos a ayudar a los demás. Claro ejemplo de esto es todo el proceso que hemos estado viviendo a raíz de la crisis que está ocasionando la pandemia del COVID.

Hay dos factores en la pandemia que podemos asociar con el velar al que se nos están invitando: El primero de ellos es que muchos de nosotros esperamos y con gran anhelo la llegada de una vacuna que nos permita volver a encontrarnos en lo que hemos denominado como la normalidad. La esperanza de la vacuna nos ha mantenido vigilantes: ya vendrá, ya vendrá, ya vendrá.

Pero la espera no puede hacernos olvidar de algo, que es nuestro segundo factor: el compromiso. Nos hemos dormido y diversas situaciones han llevado a que nos dejemos consumir por el miedo, la angustia y porque no, por el deseo de no desacomodarnos.

Por ello, hoy el evangelio nos mueve a que nuestro vigilar nos lleve al compromiso con el hermano. Un compromiso que podemos asumir en estos tiempos es el autocuidado, más aún cuando se acercan fechas donde queremos encontrarnos con nuestros seres queridos. Algo que no está mal y que necesitamos después de tanto tiempo en confinamiento, pero que requiere de ese compromiso de autocuidarnos, de ser responsables con nosotros y con aquellos que amamos. También requerimos de un compromiso con nuestros hermanos a nivel físico, emocional y espiritual. Muchos en este tiempo se han quedado sin trabajo o no han podido salir a trabajar, otros quizás han perdido a sus seres más queridos y otros han tenido que soportar solos un aislamiento social en sus casas. La pregunta es: ¿nos hemos preocupado de estos hermanos? ¿Hemos sido capases de salir de nuestra comodidad y asumir el compromiso de ayudar a estos hermanos?

De eso se trata el no dormir esperando al Señor: asumir los compromisos de las bienaventuranzas, que Jesús mismo nos ha enseñado a través de su Palabra, la Sagrada Escritura. Comprometiéndonos podremos vivir mejor el tiempo de navidad y de fiestas con aquellos que amamos.

Por último, quiero reflexionar sobre la tercera palabra: esperanza. El que vela espera que salga el sol. Velamos esperando que se alejen los problemas Y los miedos de nuestra vida, Es la esperanza de que todo va a pasar y que tarde o temprano el sol que nace de lo alto nos dará la alegría de tener paz y tranquilidad. Por eso, cuando hoy velamos en un mundo que esta consumido en la noche   no podemos perder la esperanza de que el sol brillará. La esperanza de un mañana mejor nos motiva a seguir actuando, a seguir comprometiéndonos para no caer dormidos. Que cuando el dueño de casa llegue podamos estar atentos, porque no sabemos ni el día ni la hora.

Oremos juntos para que toda la crisis que estamos viviendo como humanidad a causa de esta pandemia pueda ser superada con el compromiso de todos y porque el Señor nos de la gracia de seguir luchando en el velar asumiendo los compromisos y guardando la esperanza.


Fray José Eduardo Pardo Carrillo, O.P.

  • Segundo año de Filosofía.
  • Cursa cuarto semestre de Licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás.

Te pueden interesar otros contenidos sobre este tema clic aquí:

"Predicar siempre, en todas partes y en todos los sentidos"

Santo Domingo de Guzmán

En el sitio web oficial de los dominicos colombianos, queremos llevar a cabo la misión de Domingo: el deseo de proclamar valientemente a Dios, de construir la vida comunitaria y de buscar la verdad en el mundo.

Hazte Dominico

¿Y si digo sí a este estilo de vida? La Orden de Predicadores, orden apostólica, se dedica a conocer, contemplar el mensaje revelado para luego trasmitirlo a los demás.

This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.

  • (+57) 2878540

  • Carrera 6A N0 51A-78 Bogotá D.C