Domingo de ramos 2021

|  marzo 28 de 2021  |

Hemos llegado al inicio de la semana mayor, la semana santa. Es precisamente hoy domingo de ramos cuando celebramos con regocijo la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, un acontecimiento de gran importancia para su momento y de gran significación para nosotros como cristianos. Es un acontecimiento esperado, pues ya desde antiguo el profeta Zacarías anunciaba “díganle a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre un asno” (Za 9, 9)                            

Pero este acontecimiento se encuentra lleno de signos y de contradicciones, inicialmente vemos como la entrada de Jesús a Jerusalén es semejante a la de un rey, todos los que lo rodeaban, batían palmas en su honor, alababan a Dios con gritos de júbilo, tendían sus prendas, sus sabanas para que pasara Jesús como todo un rey. Este signo de realeza que nos muestra el evangelio en torno a Jesús, es una realeza con una lógica distinta, pues este rey, Jesús de Nazaret, no viene a reinar en la lógica del mundo, es decir, mostrando poder, generando miedo, opresión, y guerras. El reinado de Jesús como él mismo lo manifestó con su testimonio, es un reinado de paz, de amor, de perdón, de redención y de dignidad humana.

Por otro lado, los judíos anhelaban con ansias este momento, ellos conocían las escrituras, sabían que llegaría su mesías, su salvador, su libertador, pero estos hombres, estaban tan condicionados o viciados por el miedo, la desesperación y la opresión que entendieron a Jesús como un libertador en términos sociales, cosa que Jesús va contradecir con sus actitudes, con su mensaje.

Es allí en ese momento donde surge la contracción o el contraste por parte de los judíos, porque de manera curiosa, esas mismas personas que gritaban: hosanna al hijo de David y se postraban ante su paso, posiblemente fueron las misma que gritaron, crucifícalo, un grito sin piedad, lleno de rencor, de odio, de desprecio.

Es común para nosotros vivir entre contrastes y tristemente en contradicciones con nuestros actos, en pocas palabras, nos hemos acostumbrado a mantener una doble moral, buscando siempre nuestra conveniencia (acto no muy lejano de la conveniencia de los judíos con la espera de su libertador), nos hemos dejado llevar muchas veces por el renombre, los títulos, el egocentrismo, términos que no encierran más que el foco perdido de nuestra sociedad. Hemos permitido que el odio, el rencor, la envidia, el bien personal, junto con los falsos ideales y falsos reyes reinen en nuestra vida. Pero lo que realmente ocasionan es una oscuridad en nuestro corazón, a tal punto de no anhelar la verdadera riqueza espiritual y humana, y, por ende, al verdadero rey de nuestra vida.

En efecto, me refiero al humilde reinado de Cristo, que como ya he dicho, nos enseñó que su reinado es de servicio, de amor, perdón y redención, constantemente nos brinda con misericordia su reinado, a través de momentos, a través de personas, a través de lo más sencillo, pero tristemente, como aquellos judíos, nos hemos dejado llevar por otros caminos efímeros que no edifican la vida del hombre, tenemos solo como fachada el ¡hosanna al hijo de David! cuando por dentro lo crucificamos, en el otro.

Y con esto no quiero crear una idea o mensaje de las miserias del hombre, sino que, así como el evangelio nos muestra el contraste de la triunfante entrada de Jesús a Jerusalén para que de manera pedagógica observemos las irregularidades y falsedad del hombre ante la verdadera acogida y el verdadero anhelo del reino celestial, nosotros podamos examinar nuestro corazón, purificarlo con la aceptación de Jesús en nuestra vida. Logrando finalmente en nuestro corazón la espera de ese rey que efectivamente traerá a nuestra vida, sanación, paz, esperanza y liberación.


Imagen: fanpage.it


Fray Brayan Armando Álvarez Contreras, O.P.

  • Cursa quinto semestre de Licenciatura en Filosofía y Letras en la Universidad Santo Tomás

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