Martes de San Martín: amortiguador de gente violenta (9/9)

|  septiembre 20 de 2020  | Por: Fray Wilmar Yesid Ruíz, O.P., de la Casa Nuestra señora de Campo Dos, Norte de Santander. | 

En una oportunidad en que estaba enfermo el Padre Pedro de Montesdoca, Fray Martín entró para servirle, pero sucedió que Fray Pedro se enojó con él y con algo de violencia lo maltrató, y lo maldijo diciéndole que era un “perro mulato”. Curiosamente, Martín de Porres salió de esa habitación sonriendo y sin dejarse afectar dejó pasar algunas horas y al anochecer, lleno de paz y alegría, entró de nuevo en la habitación del Padre Pedro para ofrecerle una ensalada y atenderlo. Le preguntó: “Padre ¿ya se le pasó el enojo?, coma esta ensalada que le traigo”. Fray Pedro, quien tenía mucha hambre y además sentía un profundo dolor en su pierna, la cual sería amputada al día siguiente, le pidió perdón a Fray Martín, y le agradeció su atención y servicio. Además, le pidió que orara por él, a lo cual Martín impuso sus manos sobre la pierna y el Padre Pedro quedó sano y libre de amenaza de muerte. Se salvó de la ¡amputación!

Hoy reflexionamos en torno a San Martín de Porres y los agentes de la violencia; y el suceso que acabamos de leer es perfecto para entender el espíritu pacífico y de serenidad que tenía Martín de Porres. Nuestro país vive momentos difíciles por cuenta de la violencia que arrecia en las ciudades. Las protestas, el vandalismo y territorio que llora el Catatumbo, desde donde escribo esta reflexión, dan cuenta de los atropellos que se dan contra la vida. Pero, la violencia también sucede en nuestro entorno cercano, en el trabajo, en nuestras familias. La violencia no solo es repugnante, sino que también fascina y le conviene a los grandes poderes en países como el nuestro.

Por eso es pertinente reflexionar en torno a un hombre, como Martín de Porres, llamado el “Santo universal de la paz”. Su vida, su manera de afrontar la provocación de la violencia, como en la historia que narramos, nos muestra su talante espiritual y pacífico como un hombre fiel seguidor de Jesús. Cuando Jesús llama bienaventurado a los mansos y a los pacíficos, no se refiere solo al ámbito de lo político, y procesos como el que Colombia vivió en el pasado tratado de paz, sino también a la vida de cada individuo. Un seguidor de Jesús como Martín de Porres, manso y lleno de paz, nos invita a preguntarnos ¿Cómo podemos resolver hoy los conflictos de manera no violenta? ¿Cómo podemos aprender una comunicación no violenta?

Hoy la vida de Martín nos convoca para entender que todos de alguna manera podemos ser agentes de violencia, y que en ese sentido la mansedumbre y la paz, tienen una fuerza, un poder. En el suceso, con el que comenzamos esta reflexión, es notable como Martín ejerce una resistencia pacífica, hasta el punto de no devolver la ofensa, y nos muestra cómo la no violencia tiene un poderoso efecto. La paz que necesitan los principales actores del conflicto armado en Colombia, los grupos alzados en armas, incluso el ejército y la policía, esa paz que cada ciudadano necesita a diario para resolver los conflictos, es la expresión del AMOR. El amor tiene un gran poder. Puede cambiar el mundo. Y el amor es siempre no violento. Eso nos enseña Martín con su vida y de manera especÍfica con el episodio con el que comenzamos esta reflexión. No en vano Martín es el santo de la caridad, el santo del amor, que genera paz, que cambia el mundo, que cambia los conflictos en escenarios de paz y reconciliación, de vida que vence la muerte, que permite que no haya mutilados, que nadie muera por causa de la guerra.

¡San Martín apóstol del amor, apóstol de la paz, ruega por nosotros!

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