Martes de San Martín: apuesta a la gente honesta y trabajadora (4/9)

|  septiembre 20 de 2020  | Por: Fray Cristian Mauricio López, O.P., del Convento de Santo Domingo, Bogotá. | 

Recordar los santos es celebrar su santidad, es decir, la manera en la que vivieron la propia vocación; ese llamado que Dios nos hace a todos. De esta forma, se convierten para todos, en modelos que nos pueden iluminar en la manera de vivir la propia vocación. Nos dice el Papa Francisco en Gaudete et Exultate: “Dios nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”. Recordar y celebrar los santos es una invitación a hacer de nuestra vida de fe algo consistente.

¿Qué hay que hacer para vivir ese llamado? Hay muchas maneras de asumirlo y a lo largo de la historia de la Iglesia muchas han sido las maneras de entender y de asumir la santidad; desde los ascetas que decidieron irse a vivir en el desierto, pasando por la cantidad de cosas extraordinarias que podemos encontrar en los santos medievales, monjes, místicos, estudiosos… son muchos los modelos. Sin embargo, es necesario siempre volver la mirada sobre Jesús quien nos dijo: “busquen el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se dará por añadidura”. La experiencia del reino es la búsqueda de construcción de un mundo que se entiende como una familia, donde hay un solo Padre, el Dios del cielo. Desde esta lógica es posible entender el evangelio que escuchamos en el día de hoy; mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y hacen su voluntad. Desde la lógica de Jesús, vivir la santidad es comprometerse con el reino.

Martín de Porres asumió su santidad desde la entrega a ciertas labores. Desde muy joven, antes de entrar en la Orden, fue ayudante de farmacia, allí aprendió muchas cosas del oficio de quienes se dedicaban a encontrar medicamentos para muchas dolencias. También ejerció el oficio de barbero cirujano, que no se trataba solamente de un servicio estético, sino que tenía que ver también con varias intervenciones médicas propias de la época. Después de entrar al convento fue: enfermero, dentista, veterinario, administrador, catequista, médico de los pobres. Siendo un religioso ejemplar, entendió que podía santificarse por medio del trabajo. En cada uno de estos oficios encontró la manera de vivir el servicio; comprendió que el trabajo era también una manera de vivir la misericordia y por tanto contribuir a la construcción del reino de Dios.

El trabajo servicial y comprometido puede ser para todos, una manera de ir comprendiendo y asumiendo nuestro propio camino de santificación. Cuando entendemos nuestra labor en el mundo como una forma de contribuir a la construcción del reino, muy seguramente iremos dando pasos correctos en la senda de vivir la propia vocación. El trabajo nos hace vivir honestamente y eso, ya es muy valioso para este mundo.

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