PULMÓN de la Hermandad: Un sueño Social (4/9)

|  mayo 25 de 2020  | Por: Fray Cristian Mauricio López, O.P. | 

La situación que estamos viviendo ha generado preguntas sobre nuestra manera de vivir. De hecho, algunos pensadores se han preguntado por la sociedad que tendremos una vez hayamos superado las dificultades presentes. ¿Cambiará en algo nuestro estilo de vida?, ¿seremos capaces de descubrir que nuestra manera de vivir es devastadora, por no decir, destructora?, ¿qué tipo de sociedad estaremos dispuestos a seguir construyendo? Por supuesto, es prematuro dar una respuesta acertada, entre tanto, los optimistas piensan en mejoras razonables y otros tantos temen que las cosas empeoren.

Esta novena la hemos planteado desde la exhortación apostólica post-sinodal: “Querida Amazonía”. Allí el Papa Francisco nos propone pensar la vida desde cuatro sueños: un sueño social, uno cultural, uno ecológico y uno eclesial. Si bien el documento se centra en el bioma amazónico, también se convierte en una exhortación para toda la humanidad. De cara al sueño social la exhortación recoge algunas ideas de la encíclica “Laudato Si”, como la siguiente: “un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. Es decir, las preguntas que ahora hacemos sobre nuestra sociedad, deben pasar por la consideración de todos los elementos que favorecen la vida en nuestro planeta, la vida de todos; de nuestra casa común y de todos los que la habitamos. En otras palabras: pensar la sociedad es pensar también el medio ambiente y viceversa.

¿Cuál es nuestro sueño social? En la Biblia, especialmente los profetas nos hablan del sueño de Dios, lo que quiere para la humanidad; la justicia, la solidaridad, la armonía. De hecho, es justamente del profeta Isaías el texto del cual asumimos los dones del Espíritu Santo: “Dará un vástago del tronco de Jesé, un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre él, el Espíritu del Señor: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. No juzgará por apariencias, ni sentenciará de oídas. Juzgará con justicia a los débiles, con rectitud a los pobres de la tierra” (Is 11, 1-3). Es el Espíritu de Dios quien posibilitará que ese sueño se haga realidad. Los dones el Espíritu Santo deben estar puestos al servicio de ese maravilloso sueño de sociedad que tiene Dios y que ha de ser nuestro también.

Este sueño de una sociedad justa, solidaria, armoniosa, también ha sido el sueño de la Iglesia desde los primeros tiempos. Se hace necesario releer los Hechos de los Apóstoles desde una perspectiva social. La preocupación por los más necesitados, los huérfanos, las viudas, los enfermos, está, como sucede con los evangelios, en el centro del relato y de muchas de las acciones de los apóstoles. Y como lo sabemos bien, el gran protagonista de este relato es el Espíritu Santo, en efecto, algunos se han atrevido a llamar a este texto como el evangelio del Espíritu. Así, es el Espíritu Santo quien puede hacer posible ese sueño social que nos propone “Querida Amazonía”. El Espíritu sopla donde quiere, ilumina, fortalece, da inteligencia, ayuda a vivir la rectitud y la justicia. ¿Qué sociedad nos espera? La que nos arriesguemos a construir, cuando dejemos que el soplo del Espíritu sea nuestro pulmón de hermandad.

Oremos:

Señor, danos tu Espíritu con sus dones,

inteligencia que nos permita construir una sociedad justa,

sabiduría que nos inspire vivir en armonía,

fortaleza para luchar junto a los más débiles,

ciencia necesaria para inventarnos continuamente,

y el amor al Señor, para vivir también su sueño

de una nueva humanidad.

Amén.

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