ESPÍRITU SANTO, Fuente de Agua viva (6/9)

|  mayo 27 de 2020  | Por: Fr. Edwin Yamir Orduña González, O.P. | 

Diversas organizaciones no gubernamentales han dedicado su labor a la defensa, cuidado, preservación y distribución del agua. Para ellos la base de su reflexión es que el agua es fuente de vida, elemento primordial en las funciones que realizan los organismos vivos. La enseñanza simbólica sobre la tercera persona de la Trinidad, se ha visto provista por muchos elementos metafóricos: la paloma, el viento, el aliento, el fuego y el AGUA. Fijaremos la mirada en este último elemento, que es de suyo capital en el rito central de la liturgia bautismal, el lavado con la invocación a la Trinidad que como consecuencia nos hace nacer a una vida nueva, el hombre viejo es sepultado, las grietas se sellan, el desierto es empapado, morimos y nacemos en un mismo instante en el que el agua se convierte en sepulcro y madre, dos imágenes que demuestran la grandeza que sucede por medio del objeto sencillo del AGUA.

El Evangelio de Juan es titulado en el capítulo 7, 37-39, en la versión de la biblia de Jerusalén, como la promesa del agua viva. Este es un apartado que pertenece al discurso de Jesús en la fiesta de los Tabernáculos, semana vivida en tiendas rememorando la epopeya del Éxodo; semana, a la vez, de gozosa acción de gracias por los beneficios del año y petición de benevolencia para la próxima cosecha. El último día de la fiesta se dedicaba a rogar del Altísimo las lluvias de la sementera. Y en este contexto espiritual, el último y gran día de la fiesta, Jesús anuncia la efusión del agua viva. Una promesa que será vivida por el derrame del Espíritu Santo, promesa que durante estos días previos a la solemnidad de Pentecostés reflexionamos y anhelamos. Así como en el bautismo, hoy nos abrimos a la espera del agua -fuente de vida- en un momento particular en el que las sombras de la muerte nos acorralan, nos llenan de miedo, nos muestran lo vulnerables que somos.

Vale la pena hoy en nuestro contexto pascual y como preparación de esta novena volver la mirada a ese sueño hecho de agua, tal y como lo expresa el documento “Querida Amazonía”, para vislumbrar cómo la promesa de Jesús en la fiesta de las Tiendas se actualiza. Así como «en la Amazonía el agua es la reina, los ríos y arroyos son como venas, y toda forma de vida está determinada por ella» (QA 43), en la vida cristiana, el Espíritu Santo -fuente de agua viva- establece nuestro día a día, nos hace renacer, vivifica todo nuestro alrededor. Prepararnos a la solemnidad de Pentecostés es el tiempo para revisar nuestra fuente de agua de donde estamos bebiendo. Es posible que no lo hagamos de la fuente prometida por Jesús y, al contrario, estemos distraídos en aguas que no dan vida plena.

Cuando imaginamos un territorio desierto donde hace tiempo no cae el agua, lo imaginamos agrietado, abierto y polvoriento, como esperando que llegue la bendición del cielo, el agua que renueva y vivifica. Puede ser que así nos encontremos nosotros, como desiertos, desesperanzados, abiertos, agrietados, a la espera que se derrame el agua que convierta nuestro desierto en un lugar de vida. Que esta novena nos haga reflexionar cómo nuestras tierras, vidas y sociedades se muestran en ocasiones secas, vacías y agrietadas, a causa de nuestra convivencia, corrupción aparentemente sin rostro, acumulación lucrativa de algunos pocos. La nuestra es una tierra desierta que necesita esa presencia del Espíritu que lo renueva todo, lo limpia todo y lo hace renacer todo.

Oremos:

Ven a derramarte, Espíritu de Dios y comienza a generar una nueva historia, que podamos acercarnos y beber de tu fuente y haz de nosotros fuentes que emanen torrentes de agua viva, para ser gotas que lleven a cambiar el rumbo de una historia de muerte y de sinsentido. Por la acción de tu Espíritu muévenos a ser juntos Amazonía: la patria del agua. Amén.

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Santo Domingo de Guzmán

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