4. «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». - ¡Elí, Elí! ¿lama sabactani? (Mateo, 27: 46) - Deus meus Deus meus ut quid dereliquisti me (Marcos, 15: 34).

|  ABRIL 10 DE 2020 Fray Edwin Yamir Orduña González, O.P., asignado al Convento de Nuestra Señora del Rosario, Chiquinquirá, Boyacá. |

Esperanza en un «Respirador»

Las tres primeras palabras que se reflexionan ponen de relieve en labios de Jesús que aún estando en la cruz algo germina, vemos en la primera palabra nacer el perdón, en la segunda la felicidad y en la tercera el encuentro. Pero ahora, al llegar a la cuarta palabra chocamos con un momento decisivo dentro del marco de nuestra vida que nos lleva a escuchar un grito de dolor y soledad. La experiencia de abandono sin duda alguna es una realidad vivida por todos, en algún momento de nuestra vida hemos sentido desolación, desesperanza y abandono. También Jesús en la cruz lo sintió y es allí, en la cruz, donde Jesús, poco antes de morir, se dirige al Padre gritando: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».

En el momento culminante de su vida, Jesús había sido traicionado por los hombres, los suyos ya no estaban con Él, y ahora Dios, ese Dios al que llamaba Padre, Abbá, parece callar. El Hijo siente el vacío de su ausencia, pierde la sensación de su presencia. La certeza inquebrantable de que no estaba nunca solo (cf. Jn 16, 32), de que el Padre siempre lo escuchaba (cf. Jn 11, 42), de que era instrumento de su voluntad, deja paso a la súplica llena de angustia. Entonces parece que se oscurece lo que era más suyo: Su íntima unión con el Padre, hasta el punto de no sentirse hijo: «Dios mío, Dios mío», grita, y no «Padre».

Este momento coyuntural que experimentamos, muestra un panorama tenebroso, abrumador y desesperanzador; gente abandonada, muertos en las calles, centenares de víctimas, hombres y mujeres en hospitales con condiciones respiratorias graves, que lleva a una angustia generalizada que tal y como reflejan los diarios informativos no les da otra salida a las familias sino tener esperanza en hacerse a un "respirador", una máquina que ayude a respirar, a tener vida, a salir de una crisis pulmonar y no sentirse abandonado... "¿Dónde está el respirador?" Ante esta pregunta, surge la persona de Jesús de Nazaret que con claro ejemplo enseña que frente al interrogante de "¿Dónde está Dios?" no hace largos 'discursos', pues quizá todas las palabras que puedan aflorarnos de los labios ejercerán un efecto más lamentable que el vacío mismo, Jesús solo invita a confiar. Lo único que cabe hacer, es tener esperanza en un «respirador»: esperanza en Jesús que es Luz y Oxígeno, que da un nuevo aire a la humanidad, que no nos abandona y nos ayuda a salir de nuestras crisis. De esta manera se hace evidente que nuestro 'respirador' en tiempos de ahogo no es otro más que 'Jesús de Nazaret'.

Vale la pena entonces, en esta cuarta palabra, ver el otro significado de la palabra abandono, y tomarla más en clave de confianza, Jesús nos invita hoy a abandonarnos en sus brazos, a confiar en Él, a dejarnos conectar a Él que es «Respirador» eficaz, que es nuestra Esperanza, a dejarnos llenar del hálito que Él nos ofrece, a tener plena seguridad que por más oscuro que se presente el panorama, nuevos aires vendrán a nosotros y no estaremos solos. Con la cuarta palabra, también se ve que desde la cruz siempre hay germinación, en este caso brota la confianza.


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