María, Madre de la Solidaridad (3/9)

|  julio 02 de 2020  |  POR: FRAY Yamir ORDUÑA GONZÁLEZ, O.P., del Convento Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, Boyacá. | 

Cuenta la historiografía que el Lienzo milagroso de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá pintado entre 1560 y 1562, tras 12 años de servicio en la evangelización fue abandonado y destinado a los menesteres domésticos, en particular al secado de trigo en una pequeña aldea llamada Chiquinquirá, lugar al que Catalina de Irlos viuda del encomendero Antonio de Santana decide irse a vivir. Hasta este lugar llega en 1585, procedente de España, María Ramos, quien desea en acto de solidaridad acompañar la viudez de su cuñada al tiempo que opta por arreglar y dar reverencia con sus súplicas cotidianas a la imagen desgastada de la Virgen del Rosario, también esto en un acto de piedad y solidaridad con la Rosa del cielo que había sido desamparada. No podían quedar en vano tan sencillos pero relevantes hechos y como respuesta el 26 de diciembre de 1586 la imagen de Nuestra Señora se ¡RENOVÓ!, Ella escuchó las oraciones de María Ramos y mostró su rostro resplandeciente haciéndose cercana y manifestándose también como Madre de la solidaridad.

¿Y por qué de la ‘solidaridad’? Pues porque por ‘solidaridad’ se entiende el valor que lleva a la colaboración mutua, un sentimiento que nos hace unirnos a la necesidad del otro y a ayudarles de alguna manera. Y así como Dios se encarna en María, Ella encarna la Solidaridad. En primer lugar, María se hace solidaria en la Anunciación, ayuda en el plan de salvación dando su consentimiento a la propuesta de Dios, la libre obediencia de la fe: «Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho» (Lucas 1,38). En segundo lugar, a la noticia del embarazo de su prima Isabel, María sale de su residencia, de sí misma y viaja «a toda prisa a la montaña, a la provincia de Judea» (Lc. 1,39), recorre más de 100 km para ayudar a su familiar. Dos gestos evangélicos que vislumbran a María como Madre de la solidaridad.

Así como en el Evangelio se ve la solidaridad de María, hace 434 años, en tierras boyacenses, el rostro de la Madre Santísima se encendía para mostrarse solidaria con dos mujeres españolas, una viuda y otra orante. Y hoy en medio de una pandemia en circunstancias de desigualdad, pobreza, corrupción y egoísmo, vale la pena fijar la mirada en Jesús de Nazaret y María de Nazaret, un hombre y una mujer solidarios que creen en el Dios solidario, que dieron un Sí incondicional, que nos visibilizan el rostro solidario de Dios con la humanidad, que nos invitan a unirnos con gestos de entrega, ayuda, servicio, rompiendo el egoísmo, los intereses particulares, sirviendo como alternativa a la tentación de volver al pasado. Meditar estos días de novena será ocasión hermosa para decirle a Jesús que le apostamos de la mano de María a la construcción de una convivencia solidaria, que tienda puentes de fraternidad y no ponga en peligro el desarrollo de las próximas generaciones haciéndonos para los demás cristianos con rostro y corazón de la Madre de la solidaridad.

Madre de la Solidaridad, intercede ante Jesús para que podamos recorrer el camino de amar y servir a los hermanos, que estemos atentos a las necesidades de los demás y nos movamos a poner los medios para que vivamos una solidaridad afectiva, que se haga consecuentemente concreta en las obras. Amén.


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