La creación: Casa común (8/9)

|  agosto 06 de 2020  |  POR: Fray Fabio Sánchez, O.P. • Reflexión desde el Convento de Santo Domingo, Villavicencio.| 

Casa común, madre y hermana son algunos de los nombres con los cuales muchos a través del tiempo y las culturas han llamado a la Tierra. Realidades tan cercanas del hombre y la mujer que manifiestan la estrecha relación que hay entre las creaturas. Es la creación el hogar no sólo donde se habita, sino también el lugar donde se aprende a vivir con los otros construyendo relaciones familiares y de amigos. Es la casa común que provee a todos desde su bondad los insumos más necesarios para poder vivir; es el hogar donde Dios ha dejado su huella más profunda en la cual manifiesta su amor, belleza y perfección. Pero esta creación grita y gime desde lo más profundo de su naturaleza, busca ser escuchada y atendida por aquellos a los cuales el Creador ha puesto el encargo de colaboradores en la tarea de su cuidado y desarrollo. Sin embargo, hombres y mujeres sordos a los gritos de la tierra viven en ella con tal indiferencia que no prestan atención a sus heridas que piden ser tratadas y sanadas. 

La hermana y madre tierra urge de defensores de su bondad, recordemos cómo en el siglo XII grupos y predicadores enseñaban en púlpitos que la creación debía ser despreciada por ser materia incapaz de comunicar el bien y la perfección de Dios. Y es allí como Santo Domingo por medio de su predicación se convirtió en defensor de la creación, no se puede olvidar que desde muy pequeño Domingo contemplaba la naturaleza desde la perspectiva que le ofrecía aquella montaña en su tierra natal, Caleruega, o los años en que vivió en la bella colina de Fanjeaux en la cual hoy se levanta una imagen en su honor donde se ofrece la mejor vista a los valles de Languedoc, ya que se decía que Domingo pasaba horas enteras desde allí orando y contemplando la creación. Supo él comprender todo el bien y belleza con la cual Dios ha dotado esta casa común, por ello en sus disputas con los cátaros se esforzaba en demostrar toda su bondad como fruto de la voluntad del Creador.

Gran ejemplo otorga Santo Domingo a su hijos e hijas de la familia dominicana, en estos tiempos tan confusos donde los gritos de la naturaleza son más fuertes y agudos. Ya lo ha dicho el Papa Francisco en la encíclica Laudato Si, urge una conversión ecológica motivada por el agradecimiento, la ternura y el respecto a la creación. Y esta debe ser la apuesta de la predicación dominicana, una predicación profética del clamor de los más indefensos y de los gemidos de esta casa común.

Concédenos, Señor por medio del glorioso padre Santo Domingo la gracia de la predicación capaz de mover los corazones de los hombres a las grandezas que tú nos entregas en la creación. Aumenta en nuestras vidas del mismo modo el agradecimiento de los bienes innumerables que tu bondad nos provee y que sepamos corresponder a este amor con la alegría del cuidado y respeto de los bienes creados. Amén


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