Jóvenes previsoras y descuidadas

|  noviembre 08 de 2020  |

Hemos avanzado junto a Jesús en el conocimiento de su palabra, hemos venido escuchando sus enseñanzas, que en este año ha sido principalmente a partir del Evangelio de Mateo, algunas de las cuales recordamos a continuación, y con las cuales podemos establecer un itinerario a través de la palabra del conocimiento de Cristo.  Aquél, quien fue enviado por el Padre, siendo su único hijo, para el rescate de todos, tal como lo recordamos en la enseñanza del conductor del bus que sacrificó su propio hijo para salvar a muchas personas, Aquél, quien por su transparencia después de resucitar, no duda en mostrar sus heridas: “miren mis manos y mis pies”, Aquél, quien nos muestra que podemos conocer a su Padre con la capacidad de nuestra razón, sólo si somos humildes, Aquél, que nos invita a optar por salir de la barca como acto de confianza y entrega, Aquél, que nos llama a trabajar en su viña y nos conduce a superar nuestra visión del trabajo como un castigo para apreciarlo como un don, él es quien nos llama a un amor capaz de encargarse del otro. En lo anterior encontramos discursos, parábolas y prodigios, pero son especialmente discursos, que buscan mostrar los valores del reino de Dios, tal como lo vimos la semana pasada con las bienaventuranzas, la importancia de la justicia, el valor de nuestro servicio y de nuestras obras.

Ahora el evangelio de este domingo nos presenta otra parábola bastante ilustrativa. De acuerdo con algunos comentaristas bíblicos, era una costumbre entre los judíos, que en las bodas, el novio llegaba a la casa de la novia a altas horas de la noche en compañía de sus amigos, donde ella lo esperaba con sus criadas o sirvientas, las cuales, tan pronto como se daban cuenta de que se acercaba el novio, salían afuera, con lámparas en sus manos para alumbrarlo, con el fin de guiarlo a él y de que la novia lo pudiera reconocer, y luego si, entrar en la casa para celebrar con gran alegría las nupcias. Así, se puede ver en la boda de Boaz cuando se casó con Ruth, quien estaba acompañada de diez testigos.

En sintonía con algunas de las parábolas presentadas este año, tales como el Padre amoroso y los viñadores desagradecidos, o la parábola de la fiesta de bodas, donde algunos no tienen el traje adecuado y por ello no pueden entrar, podemos situar el presente relato. Ahora, son las vírgenes que al igual que los viñadores y los invitados a la boda, habiendo tenido toda la oportunidad de hacer lo necesario y lo correcto, no lo hacen, así como los viñadores se relajan en la comodidad, y eliminan todo lo que los desinstale, tal como los primeros invitados a la boda, que mataron a los primeros criados, por lo cual el relato indica que realmente no eran dignos, y entonces manda llamar a los otros: “inviten a la boda todos los que se encuentren” y aun sabiendo que se trataba de una boda, llegan muchos de forma inapropiada. De igual manera, en el presente relato, a pesar de saber que se aproximaba el novio, la mitad de las jóvenes descuidan lo más vital para el momento, y por eso viene el fracaso. Es bastante interesante encontrar las distintas interpretaciones que se pueden observar respecto lo que pueden simbolizar las lámparas, y el aceite, tales como la importancia no sólo de las obras sino también de la vida de oración, pero delante de nosotros, se muestra un aspecto muy práctico sobre la prudencia, y es lo que tiene que ver con nuestra capacidad de planeación. Ahora que nos acercamos al final de nuestro semestre académico, esta enseñanza pone frente a nosotros el examen de nuestro propio grado de responsabilidad, de nuestra organización personal, de nuestro criterio para dar prioridad a las cosas, y entonces vemos que algunos más que a otros, aún nos falta bastante, fallamos, procrastinamos, seguimos nuestros caprichos, y de una o de otra manera nos alejamos de la virtud y por tanto de la gracia.

Llegado este momento, el Padre amoroso nuevamente nos invita al banquete de bodas, y nos recuerda nuevamente que no tarda en llegar el novio, y por tanto que revisemos nuestras lámparas, porque ciertamente hermanos, la vida académica es un gran desafío, para crecer no sólo en nuestro conocimiento sino también en nuestro compromiso, y esto refleja en gran medida nuestro deseo y disposición de encuentro con el Señor. Pidamos pues junto con Santo Tomás, que el Señor nos conceda acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar, y que renovemos nuestro deseo de estar realmente dignos para el encuentro constante con el Señor que nos anima, nos da fuerzas y nos impulsa para todas nuestras actividades.


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Fray Darwin Castiblanco Macías, O.P.

  • Segundo año de Teología.
  • Cursa séptimo semestre de Licenciatura en Filosofía en la DUAD y cuarto semestre de Teología en la Universidad Santo Tomás.

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