¡Animo! Levántate, te llama

|  octubre 24 de 2021  |

La vista es por mucho, entre los sentidos el más amplio y comprensivo, no en vano, en muchas ocasiones, para referirnos al buen gusto de un platillo, utilizamos expresiones como “mira como sabe” o al referirnos a una pieza musical que por su complejidad nos deja perplejos invitamos a quien está a nuestro lado a escucharla con delicadeza, diciéndole “mira como suena”; que sería de nosotros sin la vista, son tal vez nuestros ojos una de las partes del cuerpo que más cuidamos, es difícil imaginar la vida si perdemos la visión, ¿Cómo renunciar a los colores vivos de un amanecer? ¿a la serenidad que implanta en el alma el verde de los campos y las montañas? ¿Quién por si mismo renunciaría a ver le rostro de la persona amada, o desdeñaría de la belleza y esplendor de una liturgia acompasada y armónica? Nos cuesta imaginar la vida si fuéramos privados de la vista.

¿Pero en realidad vemos con claridad? A veces solo vemos lo que deseamos ver, obviamos con frecuencia las cosas esenciales e importantes; es evidente que aquellos que físicamente no pueden ver o que su visón es un poco inestable, pueden auscultar con más claridad, al no ver solo colores e imagines, perciben con mayor lucidez la pureza de un alma y la veracidad de los sentimientos;  Bartimeo nos recuerda la necesidad inagotable de tener una vista sagaz, aquella que va más allá de los ojos; el evangelio es la invitación para abrir nuestros ojos al dolor, al sufrimiento de los demás; debemos reconocer que estamos llamados a ser luz y a compartirla; muchas veces no somos la luz de Cristo.

Ahora, es necesario gritar como Bartimeo, ¡desgarrar nuestra voz y anunciar la vista a un mundo de ciegos contumaces! El mismo que nos sacó de la miseria, y nos llamó a un destino mejor, hoy nos recuerda que los ciegos de corazón no sirven para guiar el mundo. Muchos serán los que quieran callar nuestros gritos, muchos serán los que nos miren con recelo, al descubrir que nos molestan las costras en los ojos, los tapujos y los subterfugios, que han construido este mundo de mentiras y oscuridades, sin embargo, otros pocos, nos acercarán a la salud ¡animo! Levántate, te llama, le dicen a Bartimeo.

Ya es hora de levantarnos, de sentirnos llamados una vez más a compartir la luz de Cristo, dejemos atrás como el ciego del evangelio la banalidad de nuestras seguridades, dejemos atrás nuestro caminar altivo y nuestra mirada soberbia, porque una vista mejor nos espera, nos espera ver a Dios no solo en la belleza de la fulgida de la montaña, también en el rostro ajado y marchito de la madre que llora y desespera por el futuro de sus hijos.

La experiencia vital con Cristo nos hace recobrar de inmediato la vista, nos hace desear ser visionarios del reino de Dios en medio de los escasos ojos vivaces, el gozo de un predicador se refleja en sus ojos, y la eficacia de una vida cristiana vivida a plenitud y en radicalidad, hace que los demás vean nuevos horizontes aún medio de las turbulencias de la vida.

¡Cristianos, abrid vuestros ojos y alzadlos, porque el mundo espera de nosotros, miradas honestas y gritos de verdad!


Fray Santiago Arango Ospina, O.P.

  • Cursa primer semestre de la licenciatura en filosofía y letras de la Universidad Santo Tomás.

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