ESPÍRITU SANTO, Espíritu AMAZÓNICO (9/9)
| mayo 30 de 2020 | Por: Fr. Rodrigo Rivero Gutiérrez, O.P. |
Anacondas verdes, delfines rosados, jaguares café amarillentos, monos capuchinos y hasta un 20% de las especies mundiales de aves habitan en el PULMÓN del planeta, medidor atmosférico global de CO2, una de las siete maravillas naturales del mundo, el cual se extiende desde los Andes hasta el Atlántico entre Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia, Guyana, Surinam, Guyana Francesa y Brasil, formando un corredor ecológico-cultural compuesto por el 50% de las especies mundiales de plantas. Aquí, en el bosque tropical más grande del mundo, fauna y flora están armónicamente vinculados. Pero no son los únicos, grupos indígenas que antes de la conquista vivían en la ribera del río, tuvieron que internarse en la selva y aprender a convivir con los demás seres-espíritus; no explotaron ni colonizaron el interior del bosque, antes bien establecieron una relación de ‘reciprocidad’ en la que el hombre necesita de la naturaleza y la naturaleza misma necesita del hombre. Todo está conectado en la Selva Amazónica.
Y así como hay una conexión horizontal (animales, plantas, espíritus e indígenas) también se da una conexión vertical: Los “ríos voladores”, fenómeno natural característicos de la selva tropical del Amazonas. Estos ríos voladores son flujos aéreos masivos de agua en forma de vapor, que viniendo del océano Atlántico a causa de los vientos alisios, se alimentan de la humedad que evaporan los frondosos árboles de la Amazonía. Están a dos kilómetros de altura, transportan más agua que el mismísimo río Amazonas y al estrellarse con la cordillera de los Andes despliegan sus lluvias sobre Sudamérica. Estos ríos de humedad atmosférica están tan recíprocamente conectados con los árboles de la selva que se podría afirmar que sin los ríos del cielo, se secan los de la tierra.
Combatiendo un virus que nos ha privado darnos las manos, movernos libremente y hasta vernos las caras por el uso obligatorio del tapa boca, nos encuentra PENTECOSTÉS; llega el Espíritu Santo a darnos una mano, a ponernos en movimiento, a descubrirnos su rostro AMAZÓNICO. La vigilia de Pentecostés, con los dones y frutos del Parakletos, nos recuerda y renueva la presencia de nuestro ‘Defensor’, vacunándonos de una pandemia peor que la que estamos padeciendo actualmente: El virus del ‘falso cristianismo’. Pues todo aquel que tan solo se conecta con el Absolutamente Otro (Dios), desligándose de los otros (enfermos, pobres, pecadores, marginados y excluidos) y de lo otro (naturaleza), está infestado de tal atrocidad. El “Espíritu de Jesús” (Flp 1, 19) llega nuevamente a nosotros para que nos conectemos con y como el Nazareno (lo otro, los otros y el Absolutamente Otro). Una conexión recíproca tan necesaria como interesante, ya que sin estos dones del Espíritu Santo del cielo, se seca el ‘verdadero cristianismo’ en la tierra.
Oremos:
Espíritu Santo,
Espíritu Amazónico,
A nosotros que anhelamos ‘conectarnos verticalmente’ contigo en este Pentecostés,
Llénanos con tus dones y frutos de tal manera que
Podamos ‘re-conectarnos horizontalmente’ con la Amazonía,
Y así salir impulsados al encuentro y defensa de los más vulnerables:
Fauna, Flora y humanidad marginada.Amén. Amén. Amén.
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